San Pantaleón, o el paradigma de Don Mariano.

San Pantaleón.

En Doctrina Cristiana, nombre del catecismo del padre Astete (1537-1601) que llegó a las 600 ediciones, se encuentra el origen de la famosa frase: “Doctores tiene la iglesia”,  que es en más o menos riguroso orden de las más utilizadas por Don Mariano, el nuestro presidente, para explicar las sus razones para actuar como actúa:

-Además del credo y los Artículos, ¿creéis otras cosas?
-Sí, padre, todo lo que cree y enseña la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana.
-¿Qué cosas son esas?
-Eso no me lo pregunte a mí que soy ignorante. Doctores tiene la Santa Madre Iglesia que os sabrán responder.

Don Mariano, el nuestro presidente, carece de la santidad del santo mártir Pantaleón, aunque de filosofía y retórica anda de estudios como el santo varón, que se murió de muerte natural después de ser decapitado al pie de una higuera seca, la cual hizo rejuvenecer gracias a su sangre derramada, y de ahí el milagro que obra en su curriculum para acceder a un puesto en el santoral.

Dícese que es bueno encomendarse a San Pantaleón cuando se tiene dolor de cabeza, y en eso debe andar Don Mariano, el nuestro presidente, además de para pedirle al milagroso sanador de higueras que le guíe en el uso del Escalpelo, utensilio bien conocido por el santo ya que antes de cristiano lo fue médico, como su padre.

En medicina política los cirujanos suelen ser los menos afamados de entre los doctores, y, de entre todos los que nos podía tocar a los españoles en el turno de oficio en el que se ha convertido la gobernabilidad de nuestro país, Don Mariano no goza de un curriculum como para que nos dejemos anestesiar para pasar al quirófano con todas las de la ley.

Obras son amores, y no buenas razones, que ya lo decía Juan, el Evangelista, cuando aquello de;

No amemos solamente con la lengua y de palabra sino con obras y de verdad. En esto conoceremos que somos de la verdad y estaremos tranquilos delante de Dios aunque nuestra conciencia nos reproche de algo.” (1 Jn. 3, 18-24)”

Y es por eso que lo mismo Don Mariano se está pensando muy mucho lo de abrir la boca para sermonearnos con sus virtudes y las de su gobierno, y se espere que con las razones de su cirugía los demás nos demos cuenta de que en él y sus obras reside la verdad.

España se está quedando como la higuera seca en la que se obró el milagro de la santidad de Pantaleón, y no escasean infieles a la doctrina del nuestro presidente, ni ganas de santificarlo de muerte natural decapitando su cabeza para que de su sangre se alimenten las raíces de la higuera.

Bueno es que lo sepa.

La antropofagia intelectual de las avispas políticas.

Avispa cazadora de arañas.

Sin duda no hay nada que podamos encontrar en el comportamiento del ser humano en su conjunto, -como forma de actuación común o social- que no esté ya inventado y puesto en práctica en la naturaleza; bien sean actitudes y situaciones de bondad colectiva que nos permitan un desarrollo inteligente y sostenible o, cuando nos empeñamos en ser y actuar como la parte más depredadora posible, incluso practicando la “antropofagia” intelectual, si es que existe esa definición como tal, para devorar los intereses de los demás en beneficio propio.

Existe una avispa cazadora de arañas  (Crytocheilus comparatus) de la cual parece se están inspirando los gobernantes del primer mundo para asegurarse el futuro de sus descendientes en detrimento del resto de mortales. Pero para ello nos necesitan bien vivos, aunque para cumplir con un destino cruel y poco piadoso.

Esta avispa de la familia Pompilidae, pero que también podría serlo de la familia del club Bilderberg, es una consumada depredadora de arañas de las dunas que, por lo general, son mucho mayores en tamaño que ella, aunque eso no la detiene a la hora de cumplir con su acometido depredador natural para asegurarse el bien de su especie.

La susodicha avispa aprovechando su cualidad de insecto volador suele atacar a sus presas desde su privilegiada posición aérea y su velocidad para, valiéndose de un aguijón, inocular en el cuerpo de las mismas un veneno paralizante que, si bien no mata a la criatura arácnida, la deja totalmente a merced de la depredadora para que esta inyecte en su cuerpo un huevo con la larva de lo que será más adelante su descendencia. La araña no muere fruto del ataque, por cierto. La avispa la necesita bien viva como alacena de la cual su descendiente se irá alimentando. (Ver aquí una explicación al detalle)

Y la vi continue.

Así de cruel se manifiesta a veces la naturaleza. Ley de vida o no, el caso es que si reflexionamos un poco en lo que está pasando socialmente en España, y por extensión en el resto del planeta, vemos como una minoría de personas que habitan en las “alturas” están utilizando su privilegiada posición para, emulando a las avispas cazadoras de arañas, inocular primero un veneno paralizante al resto de la sociedad y después, sin ninguna piedad ni rubor, insertar en la misma las larvas con sus vástagos que se han de alimentar de nosotros mismos; la plebe, e incluso ya últimamente picando más alto en escalas sociales que se suponían a salvo de sus ataques.

Comparaciones aparte, el camino a seguir por quienes nos ordenan y mandan no parece muy distante a los usos y costumbres de nuestra avispa protagonista de este post, aunque a ella se le debe disculpar su falta de escrúpulos a la hora de buscarse su supervivencia; en la naturaleza los escrúpulos no abundan y todo vale, pero donde las dan también las toman, y como para todo roto siempre hay un descosido, convendría que empezásemos a utilizar algún insecticida potente, de esos que las matan bien muertas… a las cucarachas también.

Hay por cierto uno en el mercado al alcance de todos, aunque está en desuso: la educación, con todos sus aditivos, tales como un buen nivel cultural, la capacidad de reflexión individual, la autocrítica y la empatía.

No se venden en farmacias, pero lo podemos encontrar muy cerca de nosotros; dentro de nosotros mismos, o, si les resulta complicado buscar en su interior, pueden consultar la fórmula para su elaboración en los libros, sirven casi todos, en cuantos más consulten mejor y más eficaz será el resultado.

PD- Este artículo puede contener algunas inexactitudes relacionadas con los datos sobre las avispas cazadoras de arañas, es por eso que si alguien lo considera oportuno, acepto correcciones. 

 

La España de Frankoenstein.

Frankenstein; or, The Modern Prometheus Editorial Lackington, Hughes, Harding, Mavor & Jones,

Cuando una sociedad en su conjunto es incapaz de vertebrarse en un único cuerpo natural y lo que busca, persigue y anhela es la creación de un engendro tal que podría compararse al monstruo ideado por la escritora británica Mary Shelley; en una suerte o desgracia de injerto Frankenstein, entonces al resultado de ese nuevo mito de Prometeo bien podría llamársele España.

Resulta antinatural pretender convertir los restos de varios cadáveres en un único ser y otorgarle el don de la naturalidad sin que el resultado cause repulsión, aunque las buenas intenciones primigenias fuesen loables.

Franco ha muerto, aunque parezca que su cerebro y pensamientos nos conduzcan en este nuevo cuerpo cosido de retales al que llamamos nación. España es un cuerpo virtual con brazos postizos, con órganos vitales extraídos de viejas ideas, ojos que miran de reojo al pasado, una boca que emite sonidos guturales, las piernas desiguales de muertos distintos que hacen que caminemos con un paso adelante y otro atrás, oídos casi sordos, insensibles a cualquier melodía de futuro y un alma desalmada que no sentirá ni padecerá por los males que  ya provoca…

Un cuerpo virtual que aún no camina solo, pero ya respira por si mismo.

Alguien tal vez pensó, o pensaron, porque creo que fueron varios, que este país podía permanecer cadáver guardado en formol y naftalina a la espera del momento ideal para resucitarlo, guardando las apariencias de sus intenciones mezclándose con la plebe para ganarse su favor, y, como los “resucitadores” del siglo XIX en Londres, ir robando poco a poco los miembros necesarios para dotarlo de una anatomía propia, pero distinta a la original aunque en su esencia el monstruo resultante sea el mismo. Aquí la gran diferencia es que los “resucitadores” no se valen de los miembros de cadáveres que descansan en los cementerios, elegidos al azar para ponerlos en manos de las escuelas de anatomía, -a esos los dejan en las cunetas- sino que cuidadosamente han elegido con calculados estudios los miembros aun vivos de sus contemporáneos, que van eliminando poco a poco simulando desgraciados accidentes para que no se realice autopsia alguna y nadie sospeche de sus intenciones.

Se avecina una buena tormenta creada para la ocasión, de donde han de sacar la energía necesaria para obrar el mal. El ambiente está cargado de veneno, los nubarrones negros de la maldad van tomando cuerpo de batalla en las alturas y el viento trasporta el olor a podredumbre propio de las desgracias.

En cuervos se verán trasformados para devorarnos los ojos…

Aun no es tarde si queremos salvar a la patria. El cuento ya nos lo sabemos y el castillo lo tenemos a tiro de piedra para abordarlo por la fuerza si fuese necesario, quemándolo todo con las antorchas de la vida, alzando nuestras armas de andar por casa, las que dan la fuerza de la suma de todos nosotros. Evitemos que de la tormenta surja el rayo que nos ha de partir a todos por la mitad, o al menos que no inyecte su fuerza destructora en el cuerpo del interfecto. Quememos el castillo y no dejemos de él piedra sobre piedra. Dios no está con nosotros en esta batalla. Esto es cosa nuestra y no hay escapatoria. Dios tampoco está con ellos. Aquí Dios no pinta nada.

 

 

 

 

 


 

 

El Laberinto De Dios.

Imagen de un Fauno.

En el laberinto de Dios viven ellos y ellas, no nosotros, que buscamos la salida porque somos adoradores de Fauno y por tanto no residimos en el engaño, sino en la tierra misma de los hombres libres. Mi nombre también es Lupercus (el que protege del lobo) y soy el oráculo, aunque no encuentro la salida al laberinto en donde viven ellos y ellas No nosotros.

Se busca líder para acaudillar un ejército de Perjuros. Abstenerse aficionados, gentes sin la brújula sagrada de la palabra dada. Se gratificará con un puesto en la eternidad, entre aquí y allá. Nosotros haremos lo que podamos, no ellos y ellas, que viven en el laberinto de Dios y no buscan la salida.

Llevamos la fuerza del jabalí y la sabiduría del unicornio dentro de cada uno de nosotros, y somos de la tierra, no del cemento y las colinas de humo en donde arde el fuego de la codicia.

En el día uno de Noviembre, cuando todo ha de morir para volver a comenzar celebraremos el Samain,  y los muertos se comunicarán con los vivos ya que se abrirá el Sidh. Es el tiempo de los espíritus. Así ha de ser.

¿Y tú, dime, de dónde eres?

*Vengo del país de la lluvia eterna

Vengo del fin del mundo.

Soy de donde el agua muda la eternidad en melancolía y la melancolía se torna en nostalgia perenne.

Vengo de la más hermosa tierra que la naturaleza, en su eternidad, pudo parir.

Vengo de la piedra y el viento del norte, gélido y eterno.

Soy del país que los hombres llamaron Galicia.

Soy de la tierra que los dioses quisieron llamar ETERNIA.

**Entonces has de ser tú, seguro, quien nos alejes de esta nuestra soledad, para dejarnos más allá de nuestros  cuerpos, a la deriva

Que suenen entonces las trompetas de Jericó, hermano.

¿Han de morir todos? No, hermano. Deja que los niños resuciten su memoria. Ellos no han de sufrir daño alguno, ya que de ellos es el pasado y por tanto el futuro.

En el libro del Apocalipsis escrito está: la ramera de Babilonia, con ella fornicaron los reyes de la tierra, y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino de su prostitución”…  y de ahí surgió el laberinto de Dios, en donde viven ellos y ellas, no nosotros, y el pecado a todos nos cobija.

Tu caballo es el rojo de la guerra, el mío el negro de la pobreza, y aún hay dos más esperando ser cabalgados; el verde de la enfermedad y la muerte y el blanco del Dios del laberinto. -Pero solo somos dos y no cuatro-

Todo se andará…

Buer, el décimo espíritu, que enseña "Moral y filosofía natural" (de una edición de Mathers de 1995. Ilustración por Louis Breton del Dictionnaire Infernal).

Recuerda, yo soy Lupercus, (el que protege del lobo) pero también soy Buer, el de la cabeza de león y cinco patas, el que avanza girando sobre si mismo y  enseña la filosofía y la lógica, y a todos sanaré con las hierbas medicinales a cambio del alma de quien me invoque.

Entonces también has de ser tú quien nos aleje de esta nuestra soledad, para dejarnos más allá de nuestros cuerpos, a la deriva

Y así será, mi hermano. Mientras ellos y ellas habiten en el laberinto de Dios.

-Entonces tú también has de morir hasta que te mueras- Así es:

 

                                                                            ***Moriré hasta que me muera.
Caminarán desnudos mis pies

 Por este sendero sin luz, 

Por este camino sin pasos.

Esperaré a ver lo que me espera
Al otro lado de mi vida,
Que no ha de ser lo último,
Sino aquello que ha de comenzar,
Al fin de mis días.

 

Gallego Rey.

 

* De la sabiduría popular gallega.

** Extracto modificado de dos poemas míos que llevan el miso título. A la deriva I y A la deriva II.

 

 

A la Deriva I

 

 

 

Y tú qué alma fingida,
que en sue
ños te aproximaste

volando en la noche cerrada de mi inocencia gloriosa.
Qu
é traes contigo,

ese beso cargado de veneno

que de mi boca espera ser el alimento de tu traición,

o te vienes queriendo ser

la bestia engalanada de mi muerte.

Porque has de ser tú, seguro,

quien me aleje de esta mi soledad,
Para dejarme m
ás allá de mi cuerpo,

                                                  a la deriva.

 

A la deriva II

 

 

Ha de ser el viento,

quien me aleje de esta,

mi soledad.

Para dejarme más allá de mi cuerpo,

a la deriva

 

*** Moriré hasta que me muera. De mi autoría.

 

 

 

 

 

 

España en el reino de Hades.

Portada del Fausto de Goethe- Leipziz 1832

Estamos pagando el precio de nuestra ignorancia colectiva; de nuestra forma de ser y actuar, de nuestro sol y playa, las cañitas en el bar y las tardes de toros y fútbol. Estamos pagando el precio por venderle nuestra alma a la diablesa unión europea a cambio de haber vivido alejados de nosotros mismos, salvo que en nuestro particular cuento nunca hemos sido ese hombre sabio insatisfecho e incapaz de ser feliz por la limitación de su conocimiento, como en la legendaria obra de Fausto, sino estúpidos engreídos que nos hemos colgado el cartel de reyes del mambo…

Mefistófeles nos ha estado guiando durante los tres últimos lustros a placer nuestro, para mayor gloria de una juventud envenenada con la carga de la ceguera que nos ha impedido ver nuestro deterioro como sociedad. Ahora, envejecidos y ajados por los excesos, pagamos con nuestras almas de nuevos esclavos la cuenta por los servicios prestados. El diablo no perdona ni un alma para su purgatorio.

Se me antoja tarde ya para una marcha atrás en el tiempo, que además no puede ser, y lo que no puede ser, es imposible.

Este Domingo toca obra teatral. Unos cuantos, muchos o pocos -dependerá como siempre del color del cristal con el que se mire- se pondrán el traje de “qué enfadado estoy, y ya veréis como me enfade más”, para ver si así cuela y el diablo nos devuelve la juventud perdida, la hacienda dilapidada, la sonrisa del inocente…

España es tierra quemada a orillas del Mediterráneo, ese Mare Nostrum que nos une a Gracia e Italia en la miseria que ha decidido aposentarse al norte de África ,pero al sur de la otra Europa, en donde habitan los deseos inalcanzables a nuestros pensamientos.

Nos han pagado la jugada con dinero teñido de infortunio y escaso futuro. Nos quedan los AVES a ninguna parte, los aeropuertos internacionales de la soledad, las carreteras modernas con acceso directo a la nada, y un sin fin de subvenciones para que nos arruinásemos antes que ninguno. Así que este Domingo de teatro callejero el público serán los actores; quizás la indiferencia, o quién sabe si la soledad de saberse vencidos por el pacto con el diablo.

Cuadro de Gustave Moreau- 1865

Una vez, cuenta la leyenda, se le permitió a un hombre entrar en el reino de los muertos en busca de su amada esposa, y gracias a sus dotes para la música logró convencer al señor del inframundo para que le dejase llevársela con él de regreso a entre los vivos. La única condición impuesta para acceder a su deseo fue que no volviese la vista atrás hasta verse fuera de la morada de los muertos, ella caminaría tras él y debía confiar en la palabra dada. Pero aquel hombre; Orfeo, no supo caminar hacia el futuro sin volver la vista a sus espaldas y el pacto se quebrantó para siempre. Con nosotros el señor de los muertos lo tendría complicado para pactar aunque quisiera hacerlo: nuestra música es una pachanga y no sabemos mirar hacia el futuro, y si lo hacemos hacia atrás no es para comprobar que lo bueno que hay en nosotros nos sigue, sino para recordar lo malo que habita en nuestros corazones.

Solo lo bueno se muere joven, y lo malo vive para siempre, o eso dice una canción de uno de mis grupos preferidos (Iron Maiden). Quizás nos hubiese ido mejor aceptando morir jóvenes pero buenos, que vivir para siempre encadenados a nuestra estupidez. En el infierno ya no cabemos ni un alma más, ni hay posibilidad de ampliaciones futuras.

A ver si conseguimos al menos que se salve alguien de la quema. Sin mirar atrás.

La fe de Rajoy no moverá montañas.

Mariano I el breve.

Si los resultados supuestamente beneficiosos de la reforma laboral emprendida por el gobierno no darán sus frutos este año, y ya veremos si hay cosecha que recolectar en el siguiente, lo que más o menos nos solicita el presidente del gobierno a la mayoría de españoles cuando nos pide paciencia es que hagamos un ejercicio de fe inquebrantable basándonos en sus penitencias ante eso que llaman “los mercados”. Para palabras de Dios estamos los españoles…

En Alemania cuando una empresa atraviesa por problemas, se entiende que los mismos lo son de los propietarios de la misma, pero también de sus trabajadores, con lo cual, los empleados y los patronos no se dan la espalda y tiran cada cual por caminos distintos, si no que intentan converger en un punto equidistante a los intereses de ambas partes que les ofrezca argumentos de apoyo mutuo. En España, sobre todo desde que se instauró lo del concurso de acreedores voluntario, los problemas financieros de las empresas se han convertido en una suerte de despelote por el cual los dueños de las mismas pueden desmantelar el chiringuito sin tener en cuenta a los trabajadores y sus necesidades, y con la nueva reforma laboral la cosa irá para cantar bingo con el mismo cartón una vez tras otra.

La visión que se tiene en España de las empresas es que son entidades que operan bajo el mandato de sus dueños, y que sus activos se circunscriben al dinero que estos aporten, los bienes materiales de los cuales dispongan; locales, maquinaria, acciones etc. Y punto.  Pero nunca se habla del activo más importante de casi todas las empresas: los trabajadores, y si me apuran su función social. Aquí tendemos a separar a los obreros/trabajadores de las empresas en donde desempeñan sus trabajos como si fuesen piezas sueltas del engranaje pero sin pertenencia a la maquinaria o al tejido que las componen. Hay excepciones, claro.

La derrota final para los trabajadores firmada por el actual gobierno en forma de esta última reforma laboral no es más que un peldaño añadido a la escalera que nos conduce al báratro de nuestra sociedad. Cuesta abajo, claro.

No nos han enseñado a identificarnos como parte existencial y fundamental del tejido de una empresa. Todo lo contrario. A los trabajadores se les ha tratado en este país por parte de los sucesivos gobiernos y también de los principales sindicatos como un activo paralelo a las empresas, impidiendo que estas y sus trabajadores se fusionasen en un núcleo único e indivisible. Los empresarios felices y contentos, por cierto.

Así es muy difícil converger para solucionar los problemas en materia laboral de nuestro país, dado que a una de las partes fundamentales en todo este asunto, y la más vulnerable, se la trata como si fuese parte del problema y nunca como damnificada por el mismo. Salvar a las empresas pero no a sus activos humanos no es salvar la empresa, sino dinamitarla para que de sus escombros sus propietarios puedan levantar otro chiringuito similar, pero que nunca será el mismo, y si es necesario, vuelta a empezar.

Yo estoy convencido que en la mayoría de los casos en que los empresarios presentan concurso voluntario de acreedores, y con ello los consiguientes planes de viabilidad que devienen en despidos masivos de sus empleados, si los administradores concursales les otorgasen a estos voz propia para proponer planes alternativos de viabilidad, la mayoría de casos se solucionaría de forma bien distinta a como se están solucionando hasta la fecha.

Una empresa no es solo una mercantil. Su creación y crecimiento forma parte de un esfuerzo colectivo compartido por sus dueños y empleados, y no en pocos casos por el mismo estado que les aporta financiación o medios de cualquier índole para supuestamente asegurar su éxito. Con esto no quiero negarles a los propietarios de una empresa su poder de decisión sobre la misma, pero sí que se le limite cuando estas decisiones perjudiquen al conjunto de la sociedad.

En España la mala praxis de los empresarios no está castigada salvo por la comisión de delitos, es decir; que un mal empresario que con sus decisiones erróneas conduzca a sus empresas a la quiebra no será castigado, ni se le impedirá que pueda gestionar otras o crearlas. Es más, ni se les toca en sus bolsillos para que cubran las posibles pérdidas ocasionadas. Y así, quienes de verdad sufren los errores cometidos por la clase empresarial, – por incapacidad manifiesta para gestionar, o a sabiendas nadando entre el límite de lo legal y lo ilegal-  son siempre la clase obrera, que por lo general suele cumplir con sus funciones y por tanto no son culpables de los desatinos de sus jefes.

Por todo esto yo no le concedo a Rajoy el voto de confianza que me pide, ya que esta última reforma aparte de no traernos nada bueno a los trabajadores, no es más que una reforma empresarial en la cual los obreros no pintamos nada, salvo la mona.

Cuando entendamos que la situación del país no podrá solucionarse a costa de sacrificar a una buena parte de su población para alivio de unos pocos, entonces es cuando la posible solución estará más cerca. Mientras tanto caminaremos derechos hacia el abismo de forma irremediable. Y el tonto de los cojones pidiéndonos paciencia…

 

Villa Moribunda…

El humor que no falte.

Esta historia no es cierta, aunque bien podría serlo. La escribí hace poco más de tres años y creo que como metáfora de lo que nos ha ocurrido no está nada mal. Dice así:
Imaginémonos un pueblo pequeño en la sierra, apenas mil quinientos habitantes que subsisten a base de trabajar
 de jornaleros itinerantes en distintos lugares de España y Francia, siempre yendo y viniendo de aquí para allá. Un pueblo con poco comercio y escasas posibilidades de futuro. A ese lugar le llamaremos Villa Moribunda.
Pues un buen
 día llega a Villa Moribunda un foráneo procedente de la ciudad. Nadie lo conoce, pero su porte llama la atención. Se nota que es un hombre de dinero; ropa cara, coche caro, y mucho dinero en la cartera. Rápidamente pasa a ser el centro de atención en todas las conversaciones de los lugareños, todos se preguntan qué hará un señor tan fino por sus tierras.
Nuestro señor misterioso es en realidad un “empresario” en busca de oportunidades. No es altruista ,ni su afán es el
 de hacer el bien por el mero hecho de sentirse a gusto. Nuestro protagonista es un capitalista, un tiburón de los negocios y en el devenir de esta historia pasará de ser un regalo caído del cielo a ser el verdadero diablo.
Con el transcurso de los días, semanas, nuestro capitalista logra introducirse en los círculos políticos de Villa Moribunda. A los políticos locales les seduce su derroche generoso de dinero, y claro, caen rendidos ante semejante personaje.

Lógicamente nuestro capitalista logra convencer a los políticos de la necesidad de crear puestos de trabajo para el pueblo; el futuro, ya saben… El mismo se ofrece a instalar una industria de jabones ecológicos que dará doscientos puestos de trabajo cuando la producción alcance su máximo apogeo. Pero claro, se necesitan unos terrenos para instalarla y ya se sabe… las cosas hay que llevarlas con sigilo, no conviene que la gente hable, que se sepa, eso encarecería el precio del suelo…                                                                              Pero mira por donde el ayuntamiento posee unos terrenos municipales justo a la conveniencia del futuro empresario. Lo demás camina por su propio pié…

Con los terrenos ya conseguidos por cortesía de los políticos, todo gratis, claro, no sea que se escape la gallina de los huevos de oro, el empresario rápidamente empieza la construcción de su fábrica , y todo mediante ayudas y subvenciones que el propio ayuntamiento se encarga de tramitar ante instancias y organismos superiores. Cosa fácil, vamos.

Los vecinos del pueblo alucinan, ¡doscientos puestos de trabajo, madre mía! Con eso el pueblo se levantará solo.

Como sea que la propia fábrica dará trabajo indirecto a otros sectores y que las noticias vuelan, empiezan a llegar a Villa Moribunda vecinos de otros pueblos en busca del vellocino de oro, esto trae aparejado por ejemplo, que el alquiler de una vivienda que en tiempos anteriores a nuestro capitalista no pasaba de doscientos euros, se pague ahora a cuatrocientos o más, que no está la cosa para regalar, dicen los propietarios, y el que lo quiera que lo pague ,y el que no, pues nada.
El pueblo en efecto florece. En cosa de dos años hay un movimiento increíble, trabajo a tutiplén. Los albañiles colapsados ante las peticiones para hacer reparacionesy
 reformar viviendas. Electricistas, carpinteros, pintores… todos trabajan sin descanso. Eso hace que más obreros de fuera vengan a instalarse a Villa Moribunda. Algunos vecinos incluso piden el cambio de nombre de Villa Moribunda por el de Billa De Oro. La ignorancia es así de atrevida. Los comercios, claro, a rebosar.
Nuestro capitalista vive en la cima de la ola, es un dios, un mesías, y nadie osa discutirle nada. Si el señor quiere hacer un bloque de viviendas lo hace, al fin y al cabo, es lógico que con tanta gente nueva en el pueblo se construya… gracias a él todos comen.

Pero los precios se disparan, nadie pone freno ni quiere oír hablar a los pocos que se atreven a decir verdades como puños; que todo ese descontrol traerá desgracias. Todo lo contrario, son tratados como apestados, agoreros del mal. Son la última mierda a la que hacer caso.
Los bancos se emplean a fondo para conceder créditos. Primero a nuestro empresario para que construya en donde quiera, y luego a los compradores. Todo
 multiplicado por diez con respecto a hace dos años… no importa, hay trabajo a mansalva y ya se pagará. Efectivamente, Villa Moribunda ya no es un pueblucho de la sierra. Ahora es la metrópoli. El lugar con mayúsculas.
Pero toda historia tiene su final y en
 esta llega como en todas, cuando apenas queda nada que contar, o ya no queda nada. Y aquí a nuestro capitalista ya no le quedaba nada más que exprimir, ya lo había hecho todo: había construido por dos duros con el dinero que los bancos le habían prestado, y luego había vendido a precio de oro lo construido.La fábrica ya no era suya, sino de los trabajadores/as, que se la habían comprado con el fin de hacerse de oro. Todo mentira, hace tiempo que daba pérdidas…

Con todo este panorama nuestro hombre se marcha otro buen día sin dar más explicaciones en busca de otros lugares, otros avariciosos a los que engañar. El pueblo se queda sumido en el caos, los que compraron tienen que pagar lo comprado carísimo y el trabajo se esfuma. Los bancos no perdonan, todo se hunde y ahora sí, ahora se unen en su miseria los lugareños para echar la culpa a los políticos, a los banqueros y a nuestro hombre…

Todos son ladrones, estafadores y cosas más feas. Todos son culpables menos ellos, claro. El que alquilaba su casa por doscientos euros y pasó a hacerlo por seiscientos se siente víctima, el que paga los seiscientos se siente estafado por el que se siente víctima… los banqueros les roban con unos intereses tan abusivos… les han engañado, claro. Todos víctimas….
Quizás sea exagerada esta historia. Quizás
 no. Pero esta es mi visión de lo que ha pasado y está pasando hoy día en España. Hemos querido pasar de Villa Moribunda a Villa De Oro en un santiamén y ser todos ricos cual ciudadanos de Síbaris. La realidad nos ha despertado de un plumazo, y cuanto más tiempo perdamos en buscar culpables sin hacer autocrítica peor nos irá. Desde luego hay miles de personas que no son culpables de nada, a ellos mis disculpas por la parte en la que se puedan sentir heridos u ofendidos. Ya saben, aquí nadie es culpable de nada…