¿Qué somos, obreros o burgueses?

Como parece ser hemos “construido” una sociedad nueva en la que ni somos señores ni siervos, ni pertenecemos a los estamentos privilegiados aunque cada vez nos salgan más políticos de debajo de las piedras, convendría que nos aclarásemos en nuestra condición de humanos socialmente organizados, y quizás así, de alguna manera, aunque fuese porque el burro acierte a sonar la flauta de casualidad, podamos ya de una vez deshacer el camino equivocado y empezar otra larga travesía en pos de nuestra identidad.

Decía Einstein que hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.

Pues yo creo que en España los ciudadanos en su conjunto tienen más bien poca voluntad de participar socialmente en la solución de los problemas comunes, bien sea porque se sientan incapaces algunos, o porque en su mayoría se creen nuevos burgueses que temen más la pérdida de lo que aún les queda en la saca. Y el miedo, como todos sabemos, es libre.

No somos todos iguales, se repiten los fieles de cada partido político para diferenciarse del resto. No somos todos iguales, se repiten los fieles de los sindicatos por idéntica razón.

Es verdad, no somos todos iguales, pero diferenciarnos por la parte baja para desmarcarnos de los más malos no nos hace buenos, tal vez un poco menos malos, que tampoco soluciona nada, y además hace de la pérdida de tiempo un mal mayor.

Que no somos todos iguales debiera ser una alegría en una sociedad plural, así cada cual podría aportar lo que le hace distinto al resto y entre todos sumando lo mejor de cada uno edificaríamos una sociedad más justa y equitativa. Lo que ocurre es que hacemos de las diferencias razones para la discordia, queremos ver a nuestros semejantes como a nosotros mismos, crear un redil bien grande formado por la misma clase de ovejas; o todas churras , o todas merinas, olvidando que tan necesaria es la carne como la lana, y que no todos los pastos son iguales, ni las necesidades de cada uno. Incluso se necesitan lobos para justificar los perros del amo, y un sinfín de cosas que todas juntas conforman lo que ahora llaman biodiversidad, que viene a ser la pócima mágica que equilibra y da brillo a la vida.

En España hemos perdido la condición de obreros pero también hemos perdido la de burgueses, porque ni se trabaja ni se mantiene la hacienda, mientras que los ricos, ricos son, y los que mandan lo hacen desde hace tiempo. Los pobres de quedarse sin nada son la única “clase” social que gana adeptos, aunque ya no quieran admitir a más socios en el club.

Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. Eso también lo dijo Einstein, así que si empezamos a pensar que ya no somos lo que un día pudimos ser, quizás nos demos cuenta que el camino para solucionar nuestros problemas sociales tiene que pasar casi con total seguridad por buscar las soluciones a un problema distinto que nos desborda, y no pretender seguir por el camino equivocado solo por la mezquindad de que sean otros los que se mojen y den la cara.

Ya no somos obreros ni burgueses. Somos la parte que les sobra al “sistema” para cuadrar balances económicos, los daños colaterales de una farsa montada para esquilmarnos.

Confiar en los políticos ya no tiene sentido. Ellos son la parte social  del problema.