Villa Moribunda…

El humor que no falte.

Esta historia no es cierta, aunque bien podría serlo. La escribí hace poco más de tres años y creo que como metáfora de lo que nos ha ocurrido no está nada mal. Dice así:
Imaginémonos un pueblo pequeño en la sierra, apenas mil quinientos habitantes que subsisten a base de trabajar
 de jornaleros itinerantes en distintos lugares de España y Francia, siempre yendo y viniendo de aquí para allá. Un pueblo con poco comercio y escasas posibilidades de futuro. A ese lugar le llamaremos Villa Moribunda.
Pues un buen
 día llega a Villa Moribunda un foráneo procedente de la ciudad. Nadie lo conoce, pero su porte llama la atención. Se nota que es un hombre de dinero; ropa cara, coche caro, y mucho dinero en la cartera. Rápidamente pasa a ser el centro de atención en todas las conversaciones de los lugareños, todos se preguntan qué hará un señor tan fino por sus tierras.
Nuestro señor misterioso es en realidad un “empresario” en busca de oportunidades. No es altruista ,ni su afán es el
 de hacer el bien por el mero hecho de sentirse a gusto. Nuestro protagonista es un capitalista, un tiburón de los negocios y en el devenir de esta historia pasará de ser un regalo caído del cielo a ser el verdadero diablo.
Con el transcurso de los días, semanas, nuestro capitalista logra introducirse en los círculos políticos de Villa Moribunda. A los políticos locales les seduce su derroche generoso de dinero, y claro, caen rendidos ante semejante personaje.

Lógicamente nuestro capitalista logra convencer a los políticos de la necesidad de crear puestos de trabajo para el pueblo; el futuro, ya saben… El mismo se ofrece a instalar una industria de jabones ecológicos que dará doscientos puestos de trabajo cuando la producción alcance su máximo apogeo. Pero claro, se necesitan unos terrenos para instalarla y ya se sabe… las cosas hay que llevarlas con sigilo, no conviene que la gente hable, que se sepa, eso encarecería el precio del suelo…                                                                              Pero mira por donde el ayuntamiento posee unos terrenos municipales justo a la conveniencia del futuro empresario. Lo demás camina por su propio pié…

Con los terrenos ya conseguidos por cortesía de los políticos, todo gratis, claro, no sea que se escape la gallina de los huevos de oro, el empresario rápidamente empieza la construcción de su fábrica , y todo mediante ayudas y subvenciones que el propio ayuntamiento se encarga de tramitar ante instancias y organismos superiores. Cosa fácil, vamos.

Los vecinos del pueblo alucinan, ¡doscientos puestos de trabajo, madre mía! Con eso el pueblo se levantará solo.

Como sea que la propia fábrica dará trabajo indirecto a otros sectores y que las noticias vuelan, empiezan a llegar a Villa Moribunda vecinos de otros pueblos en busca del vellocino de oro, esto trae aparejado por ejemplo, que el alquiler de una vivienda que en tiempos anteriores a nuestro capitalista no pasaba de doscientos euros, se pague ahora a cuatrocientos o más, que no está la cosa para regalar, dicen los propietarios, y el que lo quiera que lo pague ,y el que no, pues nada.
El pueblo en efecto florece. En cosa de dos años hay un movimiento increíble, trabajo a tutiplén. Los albañiles colapsados ante las peticiones para hacer reparacionesy
 reformar viviendas. Electricistas, carpinteros, pintores… todos trabajan sin descanso. Eso hace que más obreros de fuera vengan a instalarse a Villa Moribunda. Algunos vecinos incluso piden el cambio de nombre de Villa Moribunda por el de Billa De Oro. La ignorancia es así de atrevida. Los comercios, claro, a rebosar.
Nuestro capitalista vive en la cima de la ola, es un dios, un mesías, y nadie osa discutirle nada. Si el señor quiere hacer un bloque de viviendas lo hace, al fin y al cabo, es lógico que con tanta gente nueva en el pueblo se construya… gracias a él todos comen.

Pero los precios se disparan, nadie pone freno ni quiere oír hablar a los pocos que se atreven a decir verdades como puños; que todo ese descontrol traerá desgracias. Todo lo contrario, son tratados como apestados, agoreros del mal. Son la última mierda a la que hacer caso.
Los bancos se emplean a fondo para conceder créditos. Primero a nuestro empresario para que construya en donde quiera, y luego a los compradores. Todo
 multiplicado por diez con respecto a hace dos años… no importa, hay trabajo a mansalva y ya se pagará. Efectivamente, Villa Moribunda ya no es un pueblucho de la sierra. Ahora es la metrópoli. El lugar con mayúsculas.
Pero toda historia tiene su final y en
 esta llega como en todas, cuando apenas queda nada que contar, o ya no queda nada. Y aquí a nuestro capitalista ya no le quedaba nada más que exprimir, ya lo había hecho todo: había construido por dos duros con el dinero que los bancos le habían prestado, y luego había vendido a precio de oro lo construido.La fábrica ya no era suya, sino de los trabajadores/as, que se la habían comprado con el fin de hacerse de oro. Todo mentira, hace tiempo que daba pérdidas…

Con todo este panorama nuestro hombre se marcha otro buen día sin dar más explicaciones en busca de otros lugares, otros avariciosos a los que engañar. El pueblo se queda sumido en el caos, los que compraron tienen que pagar lo comprado carísimo y el trabajo se esfuma. Los bancos no perdonan, todo se hunde y ahora sí, ahora se unen en su miseria los lugareños para echar la culpa a los políticos, a los banqueros y a nuestro hombre…

Todos son ladrones, estafadores y cosas más feas. Todos son culpables menos ellos, claro. El que alquilaba su casa por doscientos euros y pasó a hacerlo por seiscientos se siente víctima, el que paga los seiscientos se siente estafado por el que se siente víctima… los banqueros les roban con unos intereses tan abusivos… les han engañado, claro. Todos víctimas….
Quizás sea exagerada esta historia. Quizás
 no. Pero esta es mi visión de lo que ha pasado y está pasando hoy día en España. Hemos querido pasar de Villa Moribunda a Villa De Oro en un santiamén y ser todos ricos cual ciudadanos de Síbaris. La realidad nos ha despertado de un plumazo, y cuanto más tiempo perdamos en buscar culpables sin hacer autocrítica peor nos irá. Desde luego hay miles de personas que no son culpables de nada, a ellos mis disculpas por la parte en la que se puedan sentir heridos u ofendidos. Ya saben, aquí nadie es culpable de nada…


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2 Comentarios

  1. En otro pueblo real hace alrededor de 20 años un hombre se presentó al ayuntamiento con ansias de querer comprar terrenos en la montaña. Son bosques improductivos la casi totalidad de tierras sin valor alguno. Pero eran propiedad de la mayoría de habitantes de ese municipio. Casa por casa con el sigilo que caracteriza a los negociantes fue adquiriendo la montaña entera. Nadie le daba la más mínima importancia y no comentaba nadie con el vecino. Con el tiempo esa montaña albergó un parque eólico que deja unos suculentos rendimientos al propietario actual. Es la ventaja de contar con información privilegiada y la desventaja de no comunicarse.

    saludos

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