La fe de Rajoy no moverá montañas.

Mariano I el breve.

Si los resultados supuestamente beneficiosos de la reforma laboral emprendida por el gobierno no darán sus frutos este año, y ya veremos si hay cosecha que recolectar en el siguiente, lo que más o menos nos solicita el presidente del gobierno a la mayoría de españoles cuando nos pide paciencia es que hagamos un ejercicio de fe inquebrantable basándonos en sus penitencias ante eso que llaman “los mercados”. Para palabras de Dios estamos los españoles…

En Alemania cuando una empresa atraviesa por problemas, se entiende que los mismos lo son de los propietarios de la misma, pero también de sus trabajadores, con lo cual, los empleados y los patronos no se dan la espalda y tiran cada cual por caminos distintos, si no que intentan converger en un punto equidistante a los intereses de ambas partes que les ofrezca argumentos de apoyo mutuo. En España, sobre todo desde que se instauró lo del concurso de acreedores voluntario, los problemas financieros de las empresas se han convertido en una suerte de despelote por el cual los dueños de las mismas pueden desmantelar el chiringuito sin tener en cuenta a los trabajadores y sus necesidades, y con la nueva reforma laboral la cosa irá para cantar bingo con el mismo cartón una vez tras otra.

La visión que se tiene en España de las empresas es que son entidades que operan bajo el mandato de sus dueños, y que sus activos se circunscriben al dinero que estos aporten, los bienes materiales de los cuales dispongan; locales, maquinaria, acciones etc. Y punto.  Pero nunca se habla del activo más importante de casi todas las empresas: los trabajadores, y si me apuran su función social. Aquí tendemos a separar a los obreros/trabajadores de las empresas en donde desempeñan sus trabajos como si fuesen piezas sueltas del engranaje pero sin pertenencia a la maquinaria o al tejido que las componen. Hay excepciones, claro.

La derrota final para los trabajadores firmada por el actual gobierno en forma de esta última reforma laboral no es más que un peldaño añadido a la escalera que nos conduce al báratro de nuestra sociedad. Cuesta abajo, claro.

No nos han enseñado a identificarnos como parte existencial y fundamental del tejido de una empresa. Todo lo contrario. A los trabajadores se les ha tratado en este país por parte de los sucesivos gobiernos y también de los principales sindicatos como un activo paralelo a las empresas, impidiendo que estas y sus trabajadores se fusionasen en un núcleo único e indivisible. Los empresarios felices y contentos, por cierto.

Así es muy difícil converger para solucionar los problemas en materia laboral de nuestro país, dado que a una de las partes fundamentales en todo este asunto, y la más vulnerable, se la trata como si fuese parte del problema y nunca como damnificada por el mismo. Salvar a las empresas pero no a sus activos humanos no es salvar la empresa, sino dinamitarla para que de sus escombros sus propietarios puedan levantar otro chiringuito similar, pero que nunca será el mismo, y si es necesario, vuelta a empezar.

Yo estoy convencido que en la mayoría de los casos en que los empresarios presentan concurso voluntario de acreedores, y con ello los consiguientes planes de viabilidad que devienen en despidos masivos de sus empleados, si los administradores concursales les otorgasen a estos voz propia para proponer planes alternativos de viabilidad, la mayoría de casos se solucionaría de forma bien distinta a como se están solucionando hasta la fecha.

Una empresa no es solo una mercantil. Su creación y crecimiento forma parte de un esfuerzo colectivo compartido por sus dueños y empleados, y no en pocos casos por el mismo estado que les aporta financiación o medios de cualquier índole para supuestamente asegurar su éxito. Con esto no quiero negarles a los propietarios de una empresa su poder de decisión sobre la misma, pero sí que se le limite cuando estas decisiones perjudiquen al conjunto de la sociedad.

En España la mala praxis de los empresarios no está castigada salvo por la comisión de delitos, es decir; que un mal empresario que con sus decisiones erróneas conduzca a sus empresas a la quiebra no será castigado, ni se le impedirá que pueda gestionar otras o crearlas. Es más, ni se les toca en sus bolsillos para que cubran las posibles pérdidas ocasionadas. Y así, quienes de verdad sufren los errores cometidos por la clase empresarial, – por incapacidad manifiesta para gestionar, o a sabiendas nadando entre el límite de lo legal y lo ilegal-  son siempre la clase obrera, que por lo general suele cumplir con sus funciones y por tanto no son culpables de los desatinos de sus jefes.

Por todo esto yo no le concedo a Rajoy el voto de confianza que me pide, ya que esta última reforma aparte de no traernos nada bueno a los trabajadores, no es más que una reforma empresarial en la cual los obreros no pintamos nada, salvo la mona.

Cuando entendamos que la situación del país no podrá solucionarse a costa de sacrificar a una buena parte de su población para alivio de unos pocos, entonces es cuando la posible solución estará más cerca. Mientras tanto caminaremos derechos hacia el abismo de forma irremediable. Y el tonto de los cojones pidiéndonos paciencia…

 

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10 Comentarios

  1. Me parece que la manera de mover las montañas de Rajoy y todos sus secuaces no coincide con la que estamos pensando la mayoría. La clase obrera ha cumplido a lo largo de la historia todas sus funciones excepto una que queda para el futuro próximo; liberarse.

    saludos

  2. Me gustaría saber porqué estos supuestos gobernantes de los cuarenta y siete millones de españoles legislan para satisfacción de unos pocos miles.
    Y por otro lado que nos aclararan:
    ¿Que relación existe entre una Reforma Laboral (mala la anterior y mucho peor la actual), que se ha traducido en lo que quería la patronal, y la creación de empleo?
    Opino que no hay que ser un genio para relacionar la creación de empleo principalmente con la necesidad de aumentar la producción porqué anteriormente ha aumentado la demanda, claro que puedo estar equivocado.
    Además con la actual RL
    ¿No da la sensación de que a las multinacionales (y empresas en general) que quieran abandonar el territorio español les ha abierto las puertas de par en par?
    ¿Que clase de industria es la que el gobierno persigue (o cree) que va a tener en España?
    Por último señalar que Marianín afirma que los efectos de la RL no se verán inmediatamente, espero equivocarme (aunque no lo creo) pero si se verán a corto plazo con un muy lamentable aumento del paro y peor aún con muy pocas posibilidades de que esa situación cambie.
    Que alguien le explique a la marioneta de la patronal que la fe no da de comer.

    • Con el caso de Teka tenemos la respuesta a lo de las multinacionales. Pretender trasladar su producción a Turquía y pare ello se apoyan en un expediente de regulación de empleo, y el traslado de X número de empleados a otros países, creo que Potugal uno de ellos, aunque hablo a bote pronto. Eso supone una merma social, ya no solo por la pérdida de una empresa con lo que eso conlleva, si no por el desmantelamiento y deterioro de cientos de familias que difícilmente podrán salir adelante, y menos con esta coyuntura, y por el gasto social al que nos obligará a todos. Cada nuevo parado nos obliga a ajustarnos más el cinturón, y eso los gobernantes lo saben aunque lo ignoren.
      Un placer Badbird.

  3. En España no hay cultura empresarial. No hay empresarios como en USA, Europa, incluso algunos asiáticos, “hechos a si mismos”, como se decía antes, en que su empresa es su trabajo y un fin en si mismo por el que luchar. Su empresa es donde invierten para mejorar su producción y sus beneficios. Claro que quieren ganar dinero, cuanto más mejor, pero también quieren ser conocidos como propietarios de una empresa potente, reconocida, con empleados satisfechos y orgullosos de pertenecer a ella. Si en algún momento hay que apretarse el cinturón, lo hacen todos porque la lucha es en la misma dirección como bien comenta Gallego Rey.
    En España, el empresario quiere pagar lo menos posible, incluso con beneficios. Fomenta el contrato temporal para facilitar las subvenciones y el despido. ¿Como se puede decir que el despido era caro en España si hay casi 5’5 millones de parados? ¿Tan ricos son los empresarios que pueden pagar las supuestas superindemnizaciones de los despedidos?
    Todas las crisis han demostrado que sin inversión y sin cambios de modelo productivo, justo durante la depresión, no hay salida, sino más recesión. Sin consumo interno no hay recuperación y esto lo demuestra el único país, EEUU, que impone estímulos para ello olvidándose de un ajuste dacroniano y forzando a la banca a asumir sus errores hipotecarios, y es el único que comienza a recuperarse, mientras el “ajuste” europeo paraliza hasta a Alemania. Con bajos salarios sólo engordamos al rico, nunca habrá consumo, al igual que con el robo a los funcionarios.
    En España no hay petróleo que nos sustente como en Noruega y sólo nos queda la innovación y creación de patentes e industria tecnológica pero se para la inversión en I+D+I. Somos potencia en construcción naval y ahí están ciudades como Ferrol con instalaciones inservibles por la penosa defensa en Europa de su potencialidad constructiva e innovadora parada, no por ZP (aunque si por Almunia y su troupe) sino por el PP. En Galicia, por ejemplo, todo el esfuerzo político y empresarial está en contra de su industria agroganadera y pesquera, lo último es que se destruye empleo en las conserveras, puntales de exportación.
    Eso si, como dice Rajoy, nada de suprimir diputaciones y provincias o fusionar ayuntamientos. Lo de gestionar no va con él.

    • Un comentario acertado. Quizás añadir que algún que otro empresario en condiciones si que puede haber. Como gallego y conocedor de mi tierra totalmente de acuerdo con tu exposición. No se trata de que España carezca de potencial y recursos, todo lo contrario. Pero la tendencia es la de primar el beneficio mayor en el menor tiempo posible y salir corriendo si llega el caso. Nos queda TODO por aprender para ser un país en verdad democrático y moderno.
      Un placer Xosé Antón.

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