Sin capitalismo no hay ni revolución.

Al final y como todos tenemos que comer, aunque solo sea un poco y de tarde en tarde, los discursos revolucionarios sin un bocata que llevarse a la boca, aunque sea de mortadela, no se sostienen por mucho tiempo. Esa costumbre nuestra de alimentarnos es la que nos mata.                                      

Los grupos revolucionarios y sus medios afines están que trinan por falta de sustento monetario que llevarse a las cuentas corrientes destinadas a financiar la revolución anticapitalista. Así es, para luchar contra el capitalismo hace falta algo más que soflamas, ideales y convicciones en un mundo distinto, que no sabemos si mejor.

Últimamente observo como diversos medios de comunicación cibernéticos que se proclaman como revolucionarios o anti sistema, apelan a la solidaridad de sus lectores para sufragar los gastos en los cuales incurren para el sostenimiento de sus portales. Y me parece bien. Pero lo que ocurre  es que la solidaridad para aquellos a los que han acostumbrado a tenerlo todo “gratis” es una palabra que no saben conjugar con los métodos de “su revolución”. Así de simple.

La única traición posible es aquella que viene de manos de aquellos en quienes confías, y no de otros.

El mayor logro de los jerarcas del capitalismo no ha sido convertirnos en consumidores, sino en creernos que tenemos derecho al consumo de muchas opciones que están ahí, y que usamos como nuestras a cambio de lo que nos parece nada, aunque al final paguemos por todo aquello que usamos o consumimos. Quienes se lleven el dinero es otro tema.

Si yo solicitase en este blog una ayuda monetaria para sostenerlo se reirían de mí, ¿Para qué pagar por algo que es gratis? Y si no me leen a mí leerán a otros, que además estarán encantados de tener más lectores.

La moraleja para no extenderme innecesariamente es que, nos guste o no, la humanidad desde que tenemos conciencia de su existencia ha girado en torno al “capitalismo”, bien fuese por la utilización de moneda como forma de compra/venta, o bien por  la utilización del trueque para adquirir lo que nos es necesario, o accesorio, si nos lo podemos permitir.

Pretender vivir de la “solidaridad” de quienes entienden que tienen un derecho adquirido para “consumir gratis”, es como pretender vivir hasta los 80 años sin probar bocado. Sin dinero o nada a cambio, la subsistencia de quienes pretenden ofrecer un servicio solo se entiende cuando lo que sobra es dinero para permitirse ese lujo.

Como los hippies de los años 60 del siglo pasado, ahora muchos revolucionarios metidos a “comunicadores” se ven en la realidad de comprobar que sin un sustento que les permita pagarse sus necesidades el invento se les desmorona. Normal, comer no pasa de moda y es estrictamente necesario.

La tierra es redonda y gira sobre sí misma. Nada nuevo bajo el sol.

 

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