El Cuervo -versión Gallego Rey-

A veces, de cuando en vez, pero sin pasarse, es bueno restañar las heridas de viejo aunque ya solo sean cicatrices de la memoria.

El dolor aventurero que provoca recordar aquella vez que uno fue casi sin querer el centro de su propia vida, sana este otro dolor de saberse perdido para siempre entre espantajos que, como uno, buscan la salida -de la luz- al fondo, donde la oscuridad es la llama y el abismo solo el hogar confortable en donde asimilar la derrota.

Vivir con peros no es vivir, pero lo hacemos así para justificarnos ante los nuestros y ser un poco de ellos, y no ser nada a la vez, que es lo mismo.

Lo reconozco, he leído más de una vez El Cuervo de Poe:

“Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.  Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más…”

Y siempre era yo, descontento tal vez de ser feliz sin compartimentos estancos que resguardasen tanta dicha del naufragio, y que el agua me lleve si acaso me lo merezco, pero fui feliz y ahora lo siento, no por tristeza de no serlo ahora, sino de no haberlo disfrutado.

Un vasito de agua de mar mezclada con agua dulce es muy buena para curar muchos males, ¿Y qué hago yo en el desierto de la aventura sin cantimplora donde recoger mis lágrimas? Agua dulce tampoco me ahoga, ni los males aquejan mi cuerpo una vez depositado en su lugar de preferencia de cara al futuro, que ya el curandero sabrá qué hacerle a la cosa, si es que me quedan monedas sueltas de las que Caronte me fíe, ¿Quién sabe?

El caso es quejarse cuando el corazón se muere, y no antes cuando lo impulsamos para morirnos más deprisa sin saberlo ni quererlo…

Es tarde ya y hace frío en esta noche de verano. Me voy a la tumba a descansar un rato, mañana toca revisión de condena y quizás me dejen vivir alguna que otra vida más, no sé, de cuervo…

“Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más…”

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