El hombre ha de trabajar y producir para poder sustentar su vida. El hombre soy yo, y no la masa que me deteriora.

rand

Ayn Rand, filósofa y escritora. Creadora de un sistema filosófico al que denominó «objetivismo».

Andan agitados por el sur de España desde hace un tiempo los hijos e hijas del marxismo español, ese representando por un barbudo alcalde de ideología bolchevique y más mentiroso que Pinocho. Exigen por tierras andaluzas que el PER lo puedan cobrar los “trabajadores de la tierra” incluso sin pegar palo al agua, sin limitación de peonadas laboradas ni gaitas. Al estado se lo exigen de forma airada y sin contemplaciones en el método; si hay que expropiar las tierras de los “terratenientes” se expropian y a vivir todos en comuna, apartados de la sociedad a la que le reclaman el pan y la sal pero de la que no quieren formar parte.

Es injusto que le gente no tenga trabajo, cierto, pero más injusto es querer vivir sin trabajar a cuenta de quienes sí lo hacen y con ello sostienen el chiringuito. Ya sé, soy un mal ciudadano por no desear que esa gente viva a cuerpo de rey a mi costa, pero es que no podía ser perfecto y sumo este a otros muchos defectos que tengo.

La izquierda bolchevique española aún no ha entendido que para que dos más dos sumen cuatro se necesitan las dos más dos, y no una más dos, y si esto no se entiende no se entiende nada.

En España no necesitamos comunistas que vengan a decirnos cómo se ha de repartir la miseria entre todos, sino personas que nos expliquen con ejemplos como se crea riqueza, y de esto último no van sobrados.

Los socialistas por otro lado han editado un vídeo para pedirnos perdón, pero no por dejar al país en la ruina, eso jamás lo reconocerán, sino por no haber hecho lo que sí sabían que tenían que hacer pero no hicieron, o eso dicen. A la iglesia palos y más palos, como si el problema de España fuese el dinero que el estado destina a esa institución, y no por ejemplo el que destina a otros colectivos de chupasangres, como los sindicatos o los partidos políticos. Para los de la rosa marchita sobre puño en alto ellos son la solución a los problemas que no supieron solucionar en su tiempo, cuando tenían el poder del país a su disposición, y ahora, a la vejez, viruela.

El gobierno actual sigue la hoja de ruta que se comenzó hace cinco años, nada nuevo bajo el sol ni nada que llame a la sorpresa, salvo para los que se creían que el PP era el partido de los “trabajadores”. Ilusos siempre hubo y habrá en este país.

Y la culpa de todo esto la tenemos los cuatro que aún nos llamamos liberales, y no el resto que han estado gobernando España a su antojo. Hay que asumirlo, se necesitan cabezas de turco para distraer la atención, y como a nadie le gusta señalarse a sí mismo ni presentarse voluntario para estas cosas, siempre será mejor echarle las culpas a los cuatro gatos que estaban de parranda y que no habían visto al difunto en su vida.

Yo soy. Yo pienso. Yo quiero.

Mis manos… mi espíritu… mi cielo… mi bosque… esta tierra mía… ¿Qué debo añadir? Estas son las palabras. Esta es la respuesta.

Estoy aquí de pie, en la cumbre de la montaña. Levanto mi cabeza y extiendo mis brazos. He aquí mi cuerpo y mi espíritu, he aquí el fin de la búsqueda. Deseaba conocer el sentido de las cosas. Yo soy el sentido. Deseaba encontrar un permiso para existir. No necesito permiso alguno para existir; ni que me den el visto bueno para vivir. Yo soy el permiso y el visto bueno.

Son mis ojos los que ven, y la mirada de mis ojos confiere belleza a la tierra. Son mis oídos los que oyen, y la audición de mis oídos da su canción al mundo. Es mi mente la que piensa, y el juicio de mi mente es la única linterna que puede hallar la verdad. Es mi voluntad la que elige, y la elección de mi voluntad es el único edicto que debo respetar.

He conocido muchas palabras, algunas resultaron sabias y otras resultaron falsas, pero sólo tres son sagradas: “¡lo deseo así!”

Cualquiera que sea el camino que yo tome, la estrella que me guía está en mi interior; la estrella que me guía y la brújula que señala el camino. Señalan en una única dirección. Señalan hacía mí.

No sé si esta tierra en la que estoy es el corazón del universo o si no es más que una mota de polvo perdida en la eternidad. Ni lo sé ni me importa. Pues sé qué felicidad puedo alcanzar en esta tierra. Y mi felicidad no requiere un propósito más elevado para ser vindicada. Mi felicidad no es el medio para fin alguno. Ella es el fin. Es su propio objetivo. Es su propia razón de ser.

Tampoco soy yo el medio para que otros lleguen a los fines que anhelan conseguir. No soy una herramienta para que me usen. No son un sirviente de sus necesidades. No soy un vendaje para sus heridas. No soy un cordero a sacrificar en sus altares.

Soy un hombre. Este milagro de mi ser está para que lo posea yo y lo vele yo, y lo guarde yo, y lo use yo, y sea yo quien se arrodille ante él.

No cedo mis tesoros ni los comparto. La fortuna de mi espíritu no está para ser convertida en monedas de cobre y ser esparcida al viento cual limosna para los pobre de espíritu. Yo guardo mis tesoros: mi pensamiento, mi voluntad, mi libertad. Y el mayor de ellos es la libertad.

Nada debo a mis hermanos, ni voy buscando que estén en deuda conmigo. A nadie le pido que viva por mí, ni me ofrezco para vivir por los demás. No anhelo el alma de ningún hombre, ni está mi alma para que la anhelen los demás.

No soy ni amigo ni enemigo de mis hermanos, sino tan sólo lo que cada uno de ellos se merezca. Y para ganarse mi amor, mis hermanos han de hacer más que haber nacido. No otorgo mi amor sin razón alguna, ni al primero que se cruce en mi camino y me lo pida. Honro a los hombres con mi amor. Pero el honor es algo que cada cual ha de ganarse.

Escogeré amigos entre los hombres, pero no esclavos ni amos. Y escogeré sólo a los que me satisfagan, y a ellos les amaré y respetaré, pero no les mandaré ni les obedeceré. Y uniremos nuestras manos cuando queramos, o andaremos solo cuando así nos parezca preferible. Pues en el templo de su espíritu, cada hombre está solo. Que cada hombre guarde su templo intacto e inmaculado. Y entonces, que una sus manos con otros si lo desea, pero sólo más allá de su sagrado umbral.

Pues la palabra “Nosotros” jamás debe pronunciarse, salvo por propia elección y como segundo pensamiento. Esta palabra jamás debe ocupar el primer lugar en el alma del hombre; que sino se convierte en un monstruo, la raíz de todos los males sobe la faz de la tierra, la raíz de la tortura del hombre por parte de los hombres, y de una mentira indecible.

La palabra “nosotros” es como cal que se vierte sobre los hombres, se va depositando y se endurece como una piedra aplastándolo todo bajo su peso. Y lo blanco y lo negro se pierden en su color grisáceo. Es la palabra con la que los depravados roban la virtud a los hombres rectos, con la que los débiles roban el poderío a los fuertes, con la que los necios roban el conocimiento a los sabios.

¿En qué se queda mi alegría si todas las manos, incluso las más inmundas, pueden manosearla? ¿En qué se queda mi sabiduría si hasta los necios pueden mandarme? ¿En qué se queda mi libertad, si todas las criaturas, incluso las más viles e impotentes, son mis amos? ¿En qué se queda mi vida, si he de inclinarme, aceptar y obedecer?

Pero ya no tolero más este credo de corrupción.

He acabado con el monstruo “Nosotros”, la palabra de la servidumbre, el saqueo, la miseria, la falsedad y la infamia.

Y ahora veo el rostro del dios, y alzo este dios sobre la tierra, este dios que los hombres han buscado desde que existen, este dios que les dará la alegría, la paz y el orgullo.

Este dios, esta sola palabra:

“Yo”…. Ayn Rand

Anuncios

El liberalismo como solución al problema del neoliberalismo: (2ª Parte, sobre bulos, negociaciones colectivas y la extorsión del estado)

Una de las acusaciones más generalizada que se hace para desprestigiar a los liberales y su pensamiento es aquella que dice que estos buscan la desregularización de las bases de entendimiento entre los empresarios y los trabajadores, buscando así la supremacía de los primeros sobre los segundos y evitar que estos tengan mecanismos de defensa sobre los “déspotas” empresarios. Se creen pues que los liberales lo único que defendemos es la libertad del hombre empresario para decidir sin trabas todo lo que le concierne sobre sus negocios ignorando las necesidades de aquellos que han de depender del trabajo que estos crean en sus empresas. Un bulo en toda regla que me encargaré de desmentir categóricamente.

En primer lugar ser liberal no necesariamente va aparejado a ser empresario, hombre de negocios, rico o perteneciente a una casta de poder. Un liberal lo puede ser cualquiera por su pensamiento, tanto un hombre de negocios¸ un obrero cualificado, otro sin cualificación, un ama de casa, un sacerdote o cualquiera que crea que ser liberal es defender la independencia del individuo, su derecho a disponer de su vida y sus propiedades privadas como guste con la única limitación de la no violencia para alcanzar sus fines.

Por eso, la acusación que se hace sobre el pensamiento liberal de ser única y exclusivamente una defensa de los intereses de los empresarios y hombres de negocios no es más que un bulo interesado, bulo que generalmente proviene de aquellos otros que sí creen que al hombre hay que  protegerlo de su “propia ignorancia y escasa valía” y, aprovechando la coyuntura dictar ellos las normas, regularizaciones y todo lo que atañe a las negociaciones privadas entre los individuos. Esta gente establece así el axioma de que los trabajadores, por ejemplo, están incapacitados per se para defender sus intereses frente a los empresarios, cuando en un estado de libre comercio las condiciones para la negociación de sus derechos, obligaciones, retribuciones etc  devienen del propio mercado y sus necesidades. Si se anula la capacidad del individuo para negociar por sí las condiciones que regulan su vida privada, se crea en paralelo una dependencia de estos individuos hacia organizaciones de índole superior. Se crean por tanto las condiciones en las cuales la corrupción y los intereses de una minoría se imponen sobre los intereses de los individuos que conforman la mayor parte de la ciudadanía.

Las negociaciones colectivas en nuestro país son la muestra más didáctica que desmiente las bondades del sistema actual y, de paso, nos da la razón a los liberales en nuestros postulados. ¿Por qué? Veamos,  ¿Quiénes son los interlocutores válidos para establecer una negociación colectiva? Lo son los sindicatos de trabajadores por un lado, y la patronal de los empresarios por otro, con la mediación interesada del “gobierno” del estado que suele arrimar el ascua a la sardina de sus propios intereses.

Pero los sindicatos de trabajadores en España tienen realmente un peso específico en número de afiliados con respeto al número total de trabajadores realmente ínfimo; solo quince de cada cien trabajadores está afiliado a un sindicato, según datos aportados recientemente por la Comisión Europea (UE), y aún así, estos ejercen la representación del total de los trabajadores en la negociación colectiva, lo cual es ilegítimo y de nulo valor democrático: una minoría decide por la inmensa mayoría sobre sus derechos y obligaciones siendo vinculantes sus acuerdos, nos sean favorables o no.

Por otro lado la patronal de los empresarios no tiene en cuenta  que en España la mayoría del empleo lo crean las PYMES y autónomos, y aún así, se atreven a negociar en nombre de estos pero representando solo a las grandes empresas.

La desafección de los trabajadores y empresarios hacia sus organizaciones representativas en España es un hecho: La mayoría de trabajadores, autónomos y empresarios españoles se sienten mal representados actualmente por las asociaciones sindicales y patronales, según se desprende del “Estudio de opinión sobre el mercado laboral 2011” elaborado por InfoJobs.

El pensamiento liberal rechaza de plano esta situación anacrónica a los tiempos que vivimos, dado que se sustituye la voluntad de los individuos en aras de una negociación en la que no tienen ni voz ni voto y, por lo tanto, no les representa e impide que se desenvuelvan libremente alcanzando los acuerdos que crean más justos para sus circunstancias personales. Esto no significa bajo ningún concepto que los liberales defendamos la supremacía de los empresarios y la anulación del derecho del trabajador a la hora de tomar sus decisiones. Los liberales defendemos el derecho de todos a pactar libremente las condiciones laborales sin injerencias de terceros. Los liberales no entendemos que los trabajadores sean incapaces per se de defender sus intereses sin la intermediación de una instancia superior. Si eso fuese así, ¿Por qué habrían de estar más capacitados los representantes sindicales para llegar a acuerdos en nombre de los trabajadores, si estos a la vez lo son? No tiene sentido. Sería como reconocer que una parte de los trabajadores está realmente capacitada para la negociación por el simple hecho de pertenecer a un sindicato, sin que esto en sí mismo demuestre nada. ¿No puede un individuo trabajador por si mismo estar igual o más capacitado que un individuo/trabajador/sindicalista para negociar sus condiciones laborales? Sin duda.

Por lo tanto, la acusación sobre el pensamiento liberal que nos sitúa como defensores de los empresarios es ridícula. Los liberales defendemos a los individuos sean cuales sean sus circunstancias personales y su lugar en la sociedad, su derecho a tomar sus propias decisiones y de disponer de sus vidas y sus bienes como estimen oportuno.

Los liberales defendemos además a los individuos ante las extorsiones del estado, esas que se perpetran en nombre del bien común. Así, para un liberal, un robo es un robo, sea a mano armada en plena calle o bajo el disfraz de la legalidad impuesta por el estado. Como la justicia en ocasiones nada tiene que ver con la legalidad quiero exponer algunos ejemplos de cómo el estado con su afán regulador utiliza los resortes de poder para coaccionar a los individuos creando problemas allí donde no los había, y además en su propio beneficio.

No hace mucho el gobierno “legisló” para que las trabajadoras que ejercen sus labores en el ámbito doméstico por cuenta ajena se diesen de alta en la Seguridad Social. La medida se vendió como una defensa de los derechos laborales de estas trabajadoras y como una lucha contra la economía sumergida (…) Bien, expuesto así todo parecen bondades de nuestros legisladores, pero no. Aparte que la medida el único fin que encierra en la recaudatoria, lo que ha creado es problemas para trabajadoras que antes no los tenían. El término de economía sumergida ya encierra en sí mismo una gran falacia, dado que la constitución nos otorga el derecho al trabajo, y este, salvo que sea delictivo en sí mismo no puede considerarse ilegal ¿Quién otorga el derecho al trabajo, los legisladores mediante subterfugios legales, tasas, licencias e impuestos? ¿Por qué a de lucrarse el estado con el fruto de nuestro trabajo, a cambio de qué? Pero de eso hablaré más tarde.

El ejemplo que expongo es esclarecedor. El estado consideraba que las trabajadoras domésticas no adscritas a la Seguridad Social estaban siendo privadas de una serie de derechos, tales como la propia Seguridad Social o al reconocimiento de disfrutar de vacaciones retribuidas. Pero la realidad es que la medida de “regularizar” los derechos de estas trabajadoras ha conseguido si cabe dificultarles aún más el ejercicio del derecho supremo al trabajo, cuando no se lo ha anulado por completo.

Muchas de estas trabajadoras han visto como la parte contratante se negaba a asumir un costo superior al ya pactado, es decir, se han negado a asumir el coste proporcional de la cuota de la Seguridad Social de la trabajadora en base a las horas previamente pactadas como de jornada laboral entre ambas partes. O en su defecto estaban dispuestos a asumir dicha carga, pero rebajando el precio del valor del trabajo. En ambos caso las trabajadoras han visto como se les creaba un problema donde antes no lo tenían: o cobrar menos o perder el trabajo. La tercera vía es seguir en la economía “sumergida”, pero más expuestas al poder coercitivo del estado.

La “economía sumergida”, por cierto, no es más que una definición torticera que el estado utiliza para criminalizar a quienes de alguna manera tienen que buscarse su sustento pero no pueden hacerlo dada  la situación precaria de nuestra economía. Si no hay trabajo para todos ¿De qué han de vivir quienes no tienen trabajo, de los subsidios del estado? Esto es denigrar al individuo, un poco de pan para hoy y miseria para mañana, aparte de inasumible en el tiempo.

El estado como organización criminal necesita de recursos para sostenerse, y estos han de salir de los bolsillos de los ciudadanos necesariamente. Como liberal, creo que regular el derecho al trabajo bajo imposiciones me parece un atraco, dado que a nadie se le escapa que dichas regularizaciones tienen como fin que el estado se lucre con el fruto de las rentas obtenidas por el trabajo del individuo, sin que este reciba recíprocamente nada pactado entre ambas partes. El pago de tributos por el fruto del trabajo individual debe tener como objetivo la obtención de algo a cambio, y no el derecho a trabajar que de por si es inalienable. Pero es que además la mayor aportación de una persona trabajadora a la sociedad es su capacidad de consumo, verdadero motor de la economía y, a mayor número de personas trabajando mayor capacidad de consumo. Si todos trabajamos todos consumimos, y no dependemos del estado para nuestra subsistencia ¿Por qué pone entonces trabas el estado para que las personas no puedan trabajar libremente? Porque eso supondría que el aparato del estado se debilitaría, que no es lo mismo que decir que la sociedad se debilitaría. El Estado en si es una maquinaria que funciona bajo la premisa de beneficiar a cada uno de los miembros que lo conforman, que son parte de su engranaje interno. Ese es su sentido y razón de ser, y no otro. Si el estado no extorsiona a los ciudadanos no podría seguir otorgando prebendas y privilegios a las personas  cuya razón de ser es formar parte del estado viviendo del fruto del trabajo ajeno.

Deduzco pues que al estado no les importan realmente estas trabajadoras, sino el beneficio que puedan obtener del fruto de su trabajo, incluso yendo en contra del derecho inalienable al trabajo de estas.

Otro ejemplo del despropósito al que hemos llegado por no aceptar el liberalismo como una ordenación justa de la sociedad lo encontramos en esto que se ha dado en llamar los Minijobs. Para un crítico con el pensamiento liberal, que podamos defender esa posibilidad laboral es sin duda la prueba de que los liberales somos unos defensores acérrimos de la voluntad déspota de los empresarios, sin querer profundizar en la medida y lo que esta podría suponer para cientos de miles de personas.

Personalmente he trabajado bajo esa modalidad laboral, es decir, media jornada pactada con el empresario, de nueve de la mañana a una de la tarde y de lunes a sábado con una retribución económica de quinientos euros al mes, y no lo he hecho coaccionado ni extorsionado en ningún momento, sino libremente y encantado de haberme conocido. Eso me permitió durante un par de meses ingresar unos emolumentos necesarios para la sostenibilidad de mi hogar, dejándome además las tardes libres para seguir ejerciendo la actividad de escritor que casi nada me reporta pero que me reconforta. ¿Y el empresario, se ha visto compensado por mi actitud de esclavo moderno como nos sugieren algunos? Ni mucho menos. El empresario pudo durante ese tiempo atender las necesidades de su negocio en una época de temporada alta, ajustando sus necesidades a la realidad de su negocio. ¿Cuánta gente estaría dispuesta a aceptar un empleo en estas circunstancias? Eso dependerá de sus necesidades y realidades, y no de lo que decidan otros por ellos. ¿Quién tiene legitimidad moral para decidir por una persona que ese tipo de contrato laboral la denigra y expone a las arbitrariedades del empresario? Un liberal no, desde luego. Un liberal respetará las necesidades y decisiones de cada individuo, sin lanzarse al ruedo de las opiniones y supuestos por los cuales per se esa persona será explotada por el empresario.

Y termino por hoy hablando del IBI (Impuesto sobre los Bienes Inmuebles), otro atraco perpetrado por el estado que para un liberal resulta inaceptable, una extorsión en toda regla en tanto en cuanto obliga a los propietarios de bienes inmuebles a pagar al estado una tasa anual arbitraria por ser solo eso, propietarios. ¿Acaso no se paga el IVA cuando se adquiere una propiedad inmobiliaria? Entonces no tiene sentido además pagar un impuesto por, por ejemplo, ejercer el derecho a tener una vivienda en propiedad. A los no liberales esta opinión les parecerá una defensa a ultranza de los intereses de los más ricos, obviando que la mayoría de propietarios son trabajadores de clase media o baja, o que las personas que viven de alquiler ven como los propietarios de sus viviendas aplican esa tasa a las cuotas mensuales por dicho alquiler. Pero lo más sangrante si cabe es que ese impuesto no tiene una contrapartida directa sobre quienes lo pagan, no se recibe nada a cambio dado que los ciudadanos no pueden decidir en qué se gastan los dineros recaudados con este y todos los impuestos, sino que son los políticos quienes “administran” a su libre albedrío, hasta el punto de que ahora nos dicen que no hay dinero para atender las necesidades de los ciudadanos, tales como el arreglo de la acera que da acceso a nuestra vivienda, o la colocación de farolas etc…

Si se pagan los impuestos y no hay dinero para atender las necesidades de los ciudadanos entonces se rompe el Quid Pro Quo, además de ser una estafa y que, si uno en virtud de eso deja de pagarlos se expone a que le embarguen sus propiedades. Es en toda regla una extorsión que anula la libertad del individuo y lo expone al libre albedrío de quienes nos gobierna.

El liberalismo como solución al problema del neoliberalismo: (1ª Parte, un gobierno ilegítimo)

Hoy se cumple un año de la victoria electoral de otro gobierno ilegítimo desde la instauración de la democracia en España. Suena duro, pero es real.

Si partimos de la base aceptada por casi todos y recogida en nuestra constitución vigente, que dice que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado, y examinamos detenidamente los hechos y decisiones políticas de gran calado adoptadas por el actual “gobierno” de España, veremos que su ilegitimidad está fuera de toda duda.

El poder emana del pueblo y debe estar supeditado en todo momento a los intereses del pueblo, y no al contrario, en donde el pueblo se ve supeditado a los intereses del poder, como ocurre en la actualidad y ha venido sucediendo desde el principio de nuestra democracia.

Pero empecemos desde el principio. Se ha aceptado la palabra “gobernantes” para definir a nuestros representantes políticos en las instituciones del estado, y eso no es así. En una democracia participativa seria –no la nuestra– el poder de “gobierno” recae en todos los ciudadanos y no en un grupo de representantes que usurpan a la ciudadanía el poder de decisión sobre lo que atañe al conjunto de sus intereses. No son gobernantes, sino meros administradores de lo público y los representantes de las distintas voces del pueblo, de sus sensibilidades políticas, afinidades e intereses y, por lo tanto, no puede un grupo selecto de “elegidos” tomar como propias decisiones del pueblo cuando estas atentan contra los intereses del propio pueblo, de igual manera que un administrador de una empresa no puede tomar decisiones que perjudiquen los intereses de los propietarios de la misma.

Si aceptamos además que la propia ley electoral es antidemocrática en su esencia y no permite la libre participación de las personas en las elecciones a cargos de representación ciudadana, añadiendo además que el peso de los votos ciudadanos no tienen el mismo valor igual a una persona un voto, sino que este gana o pierde peso a según donde se vote y a qué partidos políticos, podemos concluir que la primera piedra sobre la que se erige la esencia de nuestra democracia es antidemocrática, y por lo tanto todo lo que surja de ella es ilegítimo por definición.

Si aceptamos así mismo que los órganos de representación ciudadana están para velar por los intereses del conjunto de la ciudadanía, toda decisión que se tome por estos a espaldas del pueblo y contra el pueblo es ilegítima también por definición, como ilegítimo es negarle al pueblo soberano la última palabra sobre las decisiones que le afectan.

Si tomamos como ejemplo las sucesivas subidas del IVA promovidas por este y el anterior gobierno podemos entender mejor el significado de mis palabras. Las dos subidas del IVA, del 16 al 18 por ciento primero, y del 18 al 21 después, no han sido adoptadas con el beneplácito del pueblo soberano, sino por unas elites que a espaldas de los intereses del pueblo, aunque camuflando sus intenciones bajo el eufemismo de que era lo mejor para el pueblo, decidieron esas medidas no para dotar al pueblo de unas medidas correctoras a sus problemas,  sino para satisfacer otro tipo de intereses que nada tienen que ver con el interés común de la ciudadanía. Por lo tanto, al ser esas medidas contrarias al interés de los ciudadanos son ilegítimas en tanto en cuanto perjudican y van en contra de su soberanía popular. Pero además en el caso del “gobierno” actual se une una causa que los desacredita si cabe aún más y refrenda mi acusación hacia ellos de “gobierno ilegítimo”: han mentido y estafado a los electores.

Pacta sunt servanda; “lo pactado obliga”, y un programa electoral es un pacto entre el partido político que lo redacta y aquellos electores que le otorgan su confianza para que lleve a cabo las políticas que reflejan en el programa electoral, que para eso se elaboran.

El actual máximo representante del pueblo no reflejaba en su programa electoral una subida del IVA, ni que haría todo aquello que ha hecho en este primer año de su máxima representación popular, ergo ha engañado a los electores para buscar en este caso sí, la gobernación en aras de sus propios intereses en contra de los del pueblo soberano, y aquí es preciso definir el significado de la palabra gobernar como mandar con autoridad o regir una cosa, pero aplicando el matiz por el cual “su autoridad” no emana del pueblo, al que ha engañado diciendo que no haría lo que sí ha hecho, por lo tanto no hay autoridad sino totalitarismo: Régimen político que concentra la totalidad de los poderes estatales en manos de un grupo o partido que no permite la actuación de otros, es decir, no permitiendo la actuación del pueblo en la toma de decisiones que le afectan.

¿Por qué no ha consultado el máximo representante del pueblo al propio pueblo sobre la idoneidad de sus decisiones y las ha supeditado a lo que este entienda como mejor para sus intereses? Recordemos que en España plantear referéndums es casi un tema tabú, cuando en realidad debería ser como ocurre en otros países la base para la toma de decisiones políticas de gran calado. Y ahí quería llegar yo para explicar el título de este artículo: El liberalismo como solución al problema del neoliberalismo.

El neoliberalismo por definición es la forma moderna de liberalismo, que concede al Estado una intervención limitada en asuntos jurídicos y económicos, pero esa definición es falsa en sí misma, dado que el liberalismo defiende la libertad en las conductas privadas de los individuos y en sus relaciones sociales, por lo tanto, el neoliberalismo nada tiene que ver con el liberalismo, en tanto en cuanto se crea la figura del Estado como un ente particular ajeno al propio individuo o a los individuos que conforman una sociedad para usurpar la libertad de estos. No tiene nada que ver una cosa con la otra por mucho que se le busquen los tres pies al gato; el Estado no es un individuo y, por lo tanto, carece de las virtudes y defectos de este. El Estado somos todos y no uno o varios elegidos. El Estado no puede estar a un nivel superior al del propio individuo, sino a su altura y en cohabitación con intereses mutuos.

Lo que ocurre en las sociedades “modernas” es que el individuo ha renunciado a su yo tutelar de sí mismo en favor de esos monstruos llamados Estados, quizás por la errónea idea de que estos deben ser los que velen por sus intereses renunciando a su propia libertad. Y así hemos llegado a la situación surrealista en donde es un ente ficticio quien “gobierna” nuestras vidas sin que los ciudadanos puedan ni siquiera validar las decisiones que se toman en su nombre.

Esta democracia nuestra no es pues tal cosa, y las decisiones de nuestros representantes políticos en las instancias en las cuales se decide nuestro futuro son ilegítimas porque no se amparan en la voluntad del pueblo, sino en las suyas propias, utilizando además el engaño y la estafa electoral para dominar al conjunto de la sociedad.

La única forma de combatir el neoliberalismo y ser en verdad dueños de nuestras propias decisiones es aceptando el liberalismo colocando al individuo a la altura del Estado, pero para eso hacen falta agallas para aceptar precisamente ser dueños de nuestras propias decisiones y aceptar las consecuencias, y que el Estado no sea más que el administrador de nuestros bienes comunes con arreglo a nuestra voluntad, sin que nos imponga como debemos vivir o como debemos relacionarnos con los demás.

Una persona, un voto. Las decisiones que nos atañen a todos y que son fundamentales deben ser refrendadas mediante referéndum y no de manera unilateral por nuestros administradores, ya que estos ejercen la soberanía en nombre del pueblo, no sobre el pueblo.

La libertad solo se puede alcanzar asumiendo las consecuencias de nuestros actos y siendo participativos en igualdad en la vida política, lo otro, esto que tenemos ahora, es una farsa ilegítima que no tiene cabida en una democracia seria, participativa y que promueva unos valores de justicia y equidad para todos.

No hay camposantos tan amplios por muy ancha que sea Castilla.

Pues sí, una vez más, ahora que las desgracias se empiezan a computar con muertos encima de la mesa España se mueve, al menos esa España cainita y deplorable representada por los dos grandes partidos políticos y buena parte del poder judicial que no es más que el reflejo y representación de los usurpadores de la democracia, léase PP y PSOE, por si no estaba claro.

Ahora que las ventanas, terrazas y balcones de la geografía española son los últimos testigos mudos de unas vidas que se van para no quedarse entre nosotros carentes de vida, ahora sí, han descubierto la pólvora quienes han prendido la mecha que nos está haciendo saltar por los aires de la miseria.

La ley hipotecara es injusta, a buenas horas mangas verdes contesta la sabiduría popular. Pero no era injusta hasta hace pocas fechas, cuando los sueños de muchos, demasiados, se tornaban en pesadilla y aquí se aguantaba estoicamente la afrenta, con los bártulos a cuestas y un puñado de vidas rotas esperando cola para adquirir un lugar bajo el puente donde admirar la bóveda celeste en todo su esplendor y miseria.

Ahora que la música celestial les ha sido negada a muchos cientos de miles de ciudadanos y que el mal ya está hecho, repito que ahora y no antes, es cuando los que confeccionan las medallas que unos pocos quieren ponerse se ponen manos a la obra, y por fin de la burra se han caído aunque sobre un mullido colchón de rosas sin espinas para no clavarse ellos mismos la ignominia de su culpabilidad, y reconocen que esto no está bien y que hay que cambiar no una coma de la ley hipotecaria, sino todo su articulado, o los cementerios pronto escupirán  lápidas con nombres ya difuntos para hacer sitito a otros que también aspiran a descansar en paz lejos de esta vida de injusticias y miseria…

No hay camposantos tan amplios por muy ancha que sea Castilla.

Los jueces no se habían enterado hasta la presente que desahuciar a familias enteras conllevaba dolor y pobreza. No lo sabían.

Los gobernantes no se habían enterado que el pueblo pasaba hambre y penurias hasta que la miseria llamó a las puertas de sus palacios de cristal. No se habían enterado…

Y la constitución española, como siempre, papel mojado, artículos escritos para cambiar un dictador por una dictadura de mecha retardada que habría de hacernos volar por los aires sin alcanzar el cielo de los justos.

Ahora resulta que es injusto dejar en la calle a padres y madres con sus hijos, a jóvenes envejecidos por el peso de un futuro que ya nunca tendrán…

Ahora, como siempre pasa en este país, ahora que la herida gangrena buena parte del cuerpo procedemos a operar al herido para salvar al menos una parte del mismo que le permita seguir trabajando en la hacienda, o los “señoritos” se quedarán sin esclavos a los que explotar.

Ahora…

La España de Don Tancredo, o como papar moscas mientras nos roban la vida

Lamentándolo mucho, hay que reconocer que el futuro del ciudadano medio de España en general, y la región de Murcia en particular, se está convirtiendo en una suerte de “corto plazismo” en donde cualquier mira más allá de unas pocas fechas no tiene ningún sentido, en tanto en cuanto ya no hay garantías de nada en materia laboral, ni de uso y beneficio de los servicios públicos que pagamos sin rechistar con nuestros esfuerzos.

Quién pueda presumir de un puesto de trabajo seguro sine die es un afortunado, o un político…

Ni los funcionarios del estado pueden dormir tranquilos ahora. Aparte de recortes de salario, pagas extras y otros derechos, su “idílica” situación de estabilidad laboral se está viendo amenazada por el modelo de gestión de lo público que el PP nos quiere imponer a toda costa.

Ya no solo cierran empresas privadas o se despide masivamente a trabajadores al albur de la última reforma laboral criminal y abyecta, pensada para dar el paso siguiente en esta política de terror y amedrentamiento al ciudadano comenzada hace varios años y que progresivamente nos ha ido acorralando entre un futuro sin esperanza y un presente de desesperación para ya buena parte de la sociedad civil española. Ahora toca cargarse lo público para seguir puliendo un nuevo orden de “imposición democrática”, donde los ciudadanos carezcan de más derechos que el de ir a votar cada cierto tiempo para elegir entre las mismas caras y sinvergüenzas.

La Europa de la señora Angela  Merkel y sus socios en la sombra asienten ante las medidas de “reconducción” de nuestro país hacia un estado más favorable a sus intereses, con la connivencia de la casta política con más hijo putas por puestos a ocupar que jamás haya conocido la península ibérica, excepciones honrosas y muy contadas aparte.

Estamos siendo testigos en primera fila del “espectáculo” de cómo nos saquean y roban lo más importante que podemos tener como individuos y sociedad: la libertad. Y para desviar nuestra atención sobre lo importante, los organizadores de la velada dirigen los focos hacia lo accesorio, como por ejemplo la supuesta intención de los catalanes de independizarse, que no se lo creen ni ellos, pero distrae al personal que da gusto y enfrenta a las personas y pueblos de España, que es de lo que se trata para que a los filibusteros con patente de corso que nos gobiernan no se les toque ni un pelo. O el supuesto debate interno dentro del mal llamado Partido Socialista Obrero Español, que no es más que un quítate tú para ponerme yo, pasando por la representación de mal gusto de Don Tancredo que el presidente del gobierno nos ofrece cada día: estático en medio del ruedo camuflado de blanco mármol a esperas de que no lo pille el toro, diciendo que no está por la labor de hacer lo que sin duda hace, pero que lo hace con pena de hacerlo, por si cuela el lamento…

¿Y los medios de comunicación? Pues estos arrean lo que pueden y arriman el ascua a la sardina de quienes más les paguen, que una vez extinguidas las líneas editoriales ideológicas para sustituirlas por papel moneda ya les da igual mentir hacia un lado que hacia el otro; si total, a los ciudadanos nos toman por imbéciles.

Y así estamos que terminaremos pagando el puto euro por receta, y dos, y tres, y la receta íntegra porque la sanidad la privatizarán para dejarla en manos de cuatro colegas más hijo putas que los propios políticos, que por encima terminarán pagando con el mismo dinero que nos están robando ahora y desde hace mucho tiempo.

Negocio redondo eso de quedarse con las propiedades del pueblo pagando con el dinero sustraído al pueblo…

Y además nos echarán a la calle en nuestros trabajos para sustituirnos por otros más desesperados, más famélicos y dispuestos a decir que sí a todo con los pantalones bajados, para dentro de unos años ser nosotros el rostro desesperado de la necesidad que les arrebata a ellos las migas del sustento que nos espera, y vuelta a empezar.

De eso ya se han encargado los “principales sindicatos” con su reparto a conciencia de vaselina para todos, que ya no se salvarán ni los funcionarios, esos que se creían que con ellos no iba la bronca y que nunca quisieron poner sus barbas a remojo viendo las del vecino cortar, y ahora se ven amenazados con perder lo que creían imperdible. Craso error…

Joder, y yo hoy que me levanté con alegría y me disponía a escribir algo que me llenase de esperanza… ¡pero si es que no nos dejan vivir!