El Régulo de Zapatero y la culpa de los liberales

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“Éramos pocos y parió la abuela”

El ex presidente del gobierno, D. José Luis Rodríguez Zapatero, está preparando un libro sobre la debilidad económica española (…) Que lo está preparando debe ser cierto, otra cosa es que él mismo se dedique a rellenar de contenido el vademécum editorial de una obra que según dice el ex presidente, trata de “profundizar en algunos temas, sobre todo en las debilidades estructurales de la economía española con la llegada de la crisis”…

Según una entrevista concedida  al diario El País, el ex mandatario socialista afirma “que su libro está centrado en la crisis, en su valoración sobre lo que le tocó vivir, lo que pudo hacer y no pudo y sus contradicciones a la hora de gobernar España. También dice que quiere explicar su etapa al frente del Gobierno y la incidencia de la crisis en España y en Europa, en sus sistemas económicos y políticos”…

No tiene ningún reparo en cargar contra los liberales.

Así, señala al mismo rotativo que “quizás sea un problema temporal. Pero la democracia ha entregado parte de su destino a la economía. Los liberales dirán que a la sociedad. Pero se han resentido principios que impulsaban la democracia, como la igualdad”…

Que la democracia ha entregado parte de su destino a la economía es muy cierto, que la culpa sea de los liberales discutible. Hace un año por estas mismas fechas, el señor Zapatero, presidente en funciones del gobierno de España, en un alarde de “socialismo sin igual”, decidió dar por concluida la privatización del servicio de  la gestión en España del International Standard Book Number (ISBN) cediendo la gestión a la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) y anulando la potestad del Ministerio de Cultura que era el organismo que lo gestionaba hasta esa fecha. El principal cambio fue que a partir de aquel entonces se empezó a cobrar por cada ISBN -anteriormente solicitar uno de estos distintivos de 13 cifras que vienen a ser como el DNI de un libro, era gratis-. Aquí vemos lo fariseo que puede resultar este sujeto. Cabe recordar que en España es obligatorio la obtención de dicho código para publicar un libro, por lo que este señor lo que hizo fue poner en manos privadas un negociete que hasta esa fecha no era tal, sino un servicio público gratuito. Y además, por si no era suficiente, se dedicó una partida presupuestaria para que la Federación de Gremios de Editores de España pudiera empezar su nueva labor a cuenta de los contribuyentes… que no se diga. ¿Será por dinero, por nuestro dinero?

Ya vamos viendo como los “liberales” son el ogro recurrente de todo buen farsante metido a político.

Desconozco que es lo que Zapatero pudo hacer pero no pudo (…) pero lo que sí tengo claro es que no estaba atado de pies y manos por liberal alguno, salvo que él, a los mercados y a algún que otro gobierno europeo los llame liberales. Yo creo más bien que cuando uno está incapacitado para gobernar, lo mejor que puede hacer es dimitir de sus cargos de gobierno y dejar de marear la perdiz. Pero ya se sabe que el poder es demasiado atractivo, y más aún para los ineptos, como es el caso.

Desconozco también cuales son los principios que se vieron resentidos para dejar de impulsar la democracia, pero tiene su aquel que un ex presidente del gobierno que se ha jactado de ser el que más medidas ha adoptado en sus mandatos para impulsar leyes como la de “igualdad” o la del matrimonio entre personas del mismo sexo, ahora nos salga con estas peteneras.

Quizás la cosa habría que enfocarla de otra manera, y reconocer que este señor es un mentiroso patológico. Así de simple.

Que un señor que negó por activa y por pasiva que España estuviese pasando por un periodo de crisis económica, ahora quiera vender un libro en donde nos explica según él la incidencia de la susodicha crisis, y no solo en España, sino en toda Europa, es un desafío mayúsculo para cualquier persona con dos dedos de luces. Habrá que estudiar parapsicología para llegar a un entendimiento profundo sobre lo que difícilmente tiene explicación aparente.

Tampoco es que se pueda esperar mucho de quien pudo y no quiso, la verdad. Quizás en esas dos tardes que Zapatero dedicó a recibir clases de economía del ex ministro Jordi Sevilla, la lección que mejor aprendió fue la de que pase lo que pase, la culpa siempre es de los liberales, y nosotros a lo nuestro.

Es imperdonable que un gobierno intervencionista a más no poder como fue el del señor Zapatero ahora nos salga con estas. Y digo bien calificándolo de intervencionista, porque se dedicó a intervenir cuanto quiso en los asuntos privados de la gente, con sus luces y sombras, por supuesto, pero jamás inducido por ningún tipo de credo liberal.

Que yo recuerde a groso modo, que tampoco es plan de agriarme el día recordando todas sus memeces, fue su gobierno quien impulsó una ley para agilizar los desahucios de los inquilinos morosos, abriendo nuevos juzgados para que la justicia actuase rauda en este tema, y todo esto mientras se vivía en España una época de pérdidas de puestos de trabajo y cierre de negocios que no se recuerda otra igual, al menos en democracia. ¿La culpa de los liberales?

Fue su gobierno quién impulsó una reforma laboral criminal, cercenando los derechos de los trabajadores, pudiendo estos ser despedidos de forma procedente por estar de baja incluso en casos que clama al cielo. ¿La culpa de los liberales?

Fue su gobierno, y más en concreto su por aquel entonces  ministro de economía, Pedro Solbes, quien “aparcó” en un cajón de su despacho un informe demoledor respecto a la situación económica de nuestro país allá por el año 2006, elaborado por los inspectores del Banco de España, donde le advertían de los peligros de la burbuja inmobiliaria y sus consecuencias para el mercado financiero. Supongo que la debilidad estructural de la economía española a Zapatero por aquellos entonces le debía importar poco o nada. Ahora nos las explicará con pelos y señales, a toro pasado…

Lo que más me molesta de este sujeto no es ya su desastrosa gestión del país, manifiesta a todas luces, sino ese aire de superioridad a la hora de escurrir el bulto y señalar como culpables a los “liberales”.

Un verdadero liberal jamás impondría medidas coercitivas hacia ningún colectivo ni individuo, ni favorecería a una parte de la sociedad en detrimento de otra. Eso no lo haría un liberal porque en nuestro credo no entran esas contradicciones. Las leyes deben ser iguales para todos y el estado no puede alterar el orden del juego democrático, ni para favorecer a unos ni a los otros.

Un liberal jamás atentará contra los derechos de los más desfavorecidos como se quiere dar a entender, sino que procurará que todos los ciudadanos tengan las mismas “armas” y mecanismos para desarrollarse en igualdad de condiciones con sus semejantes, por lo tanto, favorecer a la banca en detrimento de las personas, sanear sus economías con dinero público como ha hecho este señor, no son medidas liberales. Zapatero, como presidente del gobierno, utilizó el poder del estado para manipular las leyes del juego otorgando más cartas ganadoras, cuando no todas, a los más poderosos en detrimento de la mayoría de ciudadanos. Manipuló y alteró las leyes del juego en favor de las industrias energéticas, de telecomunicaciones, las grandes corporaciones etc…

En fin, “éramos pocos y parió la abuela”, pero el padre de la criatura no es ningún liberal, sino un inepto que hizo de su ejercicio político un desastre que ahora quiere camuflar echando las culpas de sus despropósitos a los liberales, como si estos lo abdujeran  y obligaran a tomar las decisiones que tomó para mayor desgracia de los españoles . ¡Qué memez!

El Estado devorando a sus hijos

Francisco de Goya, Saturno devorando a Su Hijo (1819-1823)

Francisco de Goya, Saturno devorando a Su Hijo (1819-1823)

Hoy quiero recomendar un excelente artículo de Miquel Roselló titulado ¿En qué piensa el PP? (Ver aquí) para que ustedes, queridos lestores/as, se ilustren un poco más sobre el pensamiento liberal del siglo XXI.

El articulista incide en el problema que para mí merece mayor atención, sin desmerecer a otros tantos que nos superan: El estado como la gran falacia del sistema.

“…No necesitamos un rescate del Estado, necesitamos que nos rescaten del Estado…”

Esta frase lapidaria que cita Miquel Roselló en su artículo creo que define a las claras el mayor problema que tenemos los individuos de nuestra era. Si nos detenemos a leer o a escuchar a los múltiples analistas políticos a sueldo que pululan por los grandes medios veremos que todos, o casi todos, inciden en ofrecer soluciones maravillosas a los problemas que ellos mismos jamás supieron vislumbrar hasta que la pesada losa que nos encierra en las tumbas que tan alegremente hemos cavado para enterrarnos en vida ya estaba sellando nuestro destino. Todos, o casi todos, tienen claro que hay que fortalecer al estado para solucionar el problema del estado.

El estado pasa así a ser en sí mismo un ente propio, con identidad propia, con vida propia. Un individuo supremo superior al individuo humano. Así, nos encontramos con que al estado hay que tratarlo como a un enfermo crónico que requiere de toda nuestra atención y recursos para que no se nos muera. El propio estado se encarga de cuestionarse a sí mismo, diagnosticarse y recetarse las medicinas milagrosas que lo mantenga en perfecto estado de revista, aunque a ojos vista esté hecho unos zorros.

Los individuos no importamos.

Somos tan prescindibles para el estado que solo se acuerdan de nosotros cuando algún engranaje de su maquinaria chirría en demasía. Los parados, por ejemplo, solo son una estadística que indica el nivel de gasto del estado para sostenerlos económicamente, y solo cuando la derrama es tan grande que hace peligrar su armonía interna ofrecen vagas soluciones encaminadas a reducir el gasto, en vez de aportar soluciones a las personas paradas. El rescate a la banca con dinero público es una terapia de choque contra un virus interno que amenaza el normal funcionamiento del estado. Las instituciones del estado son algo así como sus agentes del sistema inmunitario, encargados de velar para que el cuerpo principal que los cobija no sufra grandes enfermedades…

Lo que ocurre es que el estado se ha convertido en un virus letal para los individuos, una pandemia.

Los individuos nos hemos convertido sin quererlo en el alimento principal de la fiera que nos pastorea para que no nos salgamos del redil. Somos, por así decirlo, como las ovejas de las que extraen la lana para manufacturar ropajes que lo protejan del frío, la leche para sus quesos y la carne para su alimento.

Seguir alimentando al estado supone un gran sacrificio personal con víctimas de todo tipo, cuando no un riesgo de extinción para toda la especie. Tenemos pues que acotar con límites el poder del estado o este acabará por devorarnos, como Saturno devoró a sus hijos.

 

El liberalismo como solución al problema del neoliberalismo: (3ª Parte: La mentira de la economía sumergida)

 Ralph Waldo Emersosn. Sus enseñanzas contribuyeron al desarrollo del movimiento del Nuevo Pensamiento, a mediados del siglo XIX.

Ralph Waldo Emersosn. Sus enseñanzas contribuyeron al desarrollo del movimiento del Nuevo Pensamiento, a mediados del siglo XIX.

Seguro que todos ustedes han escuchado alguna vez el término “economía sumergida” referido al fraude que se supone algunas personas cometen contra la hacienda pública al no declarar el fruto de su trabajo, o bien trabajar sin pasar por la “caja impuesta” para poder hacerlo, pues bien, es mentira: el fraude es la hacienda pública y todo el establishment del estado.

Gravar con impuestos el fruto del trabajo personal de los individuos es una barbaridad: “…El motivo del hombre es uno mismo, no el añadir un trabajador al Estado…” La cita proviene de Ralph Waldo Emersosn, escritor, filósofo y poeta estadounidense del siglo XIX.

Como la intención del estado es acrecentar sus riquezas y ansias de poder lucrándose con el fruto del trabajo del individuo sin otro fin que servirse a sí mismo, el término economía sumergida es en sí mismo un ataque a uno de los derechos fundamentales del individuo y recogido en nuestra constitución:

Artículo 35

 1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.

Pero además atenta contra otro de los derechos que nos ampara como ciudadanos:

Artículo 31

1.      Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio.

¿Cómo puede un individuo contribuir al sostenimiento de los gastos públicos si no le alcanza para cubrir sus propias necesidades vitales? Ahí es donde entra en escena el término “economía sumergida”, que para los gobernantes equivale a decir que hay ciudadanos que trabajan al margen de sus leyes porque su fin es defraudar al estado, ergo engañar a sus prójimos en beneficio propio. Una gran y absurda mentira.

El estado lo que pretende es que nadie se escape a su control financiero, pero en verdad, ese mismo estado sea quienes sean los que lo gobiernen no está ni mínimamente interesado en cumplir y hacer cumplir las leyes, salvo las que le interesen para su beneficio propio. Así nace un término fraudulento que pretende criminalizar a los individuos y no buscar su bienestar.

¿A quién se le ha podido ocurrir pensar que un individuo no puede trabajar ni buscarse su sustento al margen de leyes arbitrarias y coercitivas? Pues a aquellos que se han erigido en jueces y parte y, por lo tanto, llevan a la máxima aquello de:”El que parte y reparte se lleva la mejor parte”.

Eso que los nuevos cuarenta ladrones de Alí Babá consideran “economía sumergida” no es más que la respuesta natural del individuo ante sus problemas reales y la necesidad de subsistir en el medio que lo rodea, sin que ello implique delinquir, que eso es harina de otro costal.

Cuando una persona recure al trabajo no declarado no suele hacerlo por gusto, sino por necesidad, y reducir al individuo a un mero objeto de producción para el estado es un acto criminal y execrable. El principio de igualdad y progresividad implica que al menos deben existir unos mínimos de salida, de lo contrario lo que se intenta es construir castillos en el aire sustentados en falsedades e imposiciones.

Pero es que además esa “economía sumergida” es la que está permitiendo a millones de personas poder seguir procurándose su subsistencia sin tener que incurrir en delito alguno, porque repito, nunca el trabajar puede ser un delito, salvo que el fin del trabajo sea en sí mismo un acto delictivo tipificado en el código penal, así, un ladrón nunca se podrá considerar un trabajador, por mucho que nos intente convencer de que para él sí lo es.

La “economía sumergida” es en sí misma una contribución a la riqueza del estado, no una tara ni deficiencia del mismo. Eso siempre y cuando se acepte que el estado somos todos, y no un ente particular ajeno a los individuos.

¿Por qué entonces esa persecución y criminalización hacia quienes lo único que buscan es su supervivencia? La respuesta es simple: Los que parten y reparten no solo se quieren llevar la mejor parte, sino toda la parte, y las migajas para el resto.

Imaginémonos a un padre de familia que se ha quedado sin trabajo, ha agotado toda prestación del estado y  se encuentra sin recursos para llevar un plato de comida a los seres que dependen de él para tal fin, o vestirse, dormir bajo techo… ¿Qué debe hacer, invernar y hacer invernar a los parientes a su cargo en espera de tiempos mejores?

Si ese padre de familia es pintor de profesión, por ejemplo, lo normal es que se ofrezca para realizar trabajos de pintura a quienes quieran contratarlo. Pero el estado le dice; oiga, mire Vd, primero “regularice” su situación y dese de alta en la Seguridad Social como trabajador autónomo… y pague. Esa es la clave, hay que pagar para poder trabajar.

Lo que ocurre es que cuando el trabajo es un bien muy escaso, cuando no un lujo, no se le puede pedir a nadie que pague por trabajar, que además lo haga por consumir (IVA), que pague a fin de cuentas por ser y estar, por existir.

Supongamos que ese padre de familia encuentra un cliente que lo único que necesita es pintar una habitación de su vivienda, o lo que sea, y entre ambos de común acuerdo establecen un contrato por obra, es decir: El pintor –padre de familia- realiza un determinado trabajo pactado de común acuerdo a cambio de una cantidad de dinero X, pues bien, eso es crear “riqueza” y fomento de la economía, dado que el pintor deberá comprar todo lo necesario para la realización del trabajo pactado –pinturas, barnices, utensilios etc- con lo cual un tercero se verá beneficiado. Además, con las ganancias obtenidas por el fruto de su trabajo, el pintor –padre de familia- podrá comprar alimentos para los parientes a su cargo, ergo beneficiará a más personas gracias al fruto de su trabajo: comerciantes, productores, distribuidores etc…

Esto para el establishment es un acto inconcebible, un fraude a sus intereses y por ello busca criminalizar al pobre padre de familia víctima del propio establishment. El mundo al revés.

Cuando lo que se busca es tasar el precio del trabajo del individuo, gravar con impuestos el fruto de su esfuerzo nos encontramos con todo esto; con una injusticia revestida de legalidad inmoral.

Y esto es lo que defienden tanto los dos grandes partidos como los minoritarios y, mientras los individuos no se sacudan el yugo impuesto, todo podrá cambiar, todo menos las cadenas que nos oprimen.

Todo aquello que resulta ser grandioso e inspirador es creado por individuos que pueden trabajar en libertad.
Albert Einstein