El liberalismo como solución al problema del neoliberalismo: (3ª Parte: La mentira de la economía sumergida)

 Ralph Waldo Emersosn. Sus enseñanzas contribuyeron al desarrollo del movimiento del Nuevo Pensamiento, a mediados del siglo XIX.

Ralph Waldo Emersosn. Sus enseñanzas contribuyeron al desarrollo del movimiento del Nuevo Pensamiento, a mediados del siglo XIX.

Seguro que todos ustedes han escuchado alguna vez el término “economía sumergida” referido al fraude que se supone algunas personas cometen contra la hacienda pública al no declarar el fruto de su trabajo, o bien trabajar sin pasar por la “caja impuesta” para poder hacerlo, pues bien, es mentira: el fraude es la hacienda pública y todo el establishment del estado.

Gravar con impuestos el fruto del trabajo personal de los individuos es una barbaridad: “…El motivo del hombre es uno mismo, no el añadir un trabajador al Estado…” La cita proviene de Ralph Waldo Emersosn, escritor, filósofo y poeta estadounidense del siglo XIX.

Como la intención del estado es acrecentar sus riquezas y ansias de poder lucrándose con el fruto del trabajo del individuo sin otro fin que servirse a sí mismo, el término economía sumergida es en sí mismo un ataque a uno de los derechos fundamentales del individuo y recogido en nuestra constitución:

Artículo 35

 1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.

Pero además atenta contra otro de los derechos que nos ampara como ciudadanos:

Artículo 31

1.      Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio.

¿Cómo puede un individuo contribuir al sostenimiento de los gastos públicos si no le alcanza para cubrir sus propias necesidades vitales? Ahí es donde entra en escena el término “economía sumergida”, que para los gobernantes equivale a decir que hay ciudadanos que trabajan al margen de sus leyes porque su fin es defraudar al estado, ergo engañar a sus prójimos en beneficio propio. Una gran y absurda mentira.

El estado lo que pretende es que nadie se escape a su control financiero, pero en verdad, ese mismo estado sea quienes sean los que lo gobiernen no está ni mínimamente interesado en cumplir y hacer cumplir las leyes, salvo las que le interesen para su beneficio propio. Así nace un término fraudulento que pretende criminalizar a los individuos y no buscar su bienestar.

¿A quién se le ha podido ocurrir pensar que un individuo no puede trabajar ni buscarse su sustento al margen de leyes arbitrarias y coercitivas? Pues a aquellos que se han erigido en jueces y parte y, por lo tanto, llevan a la máxima aquello de:”El que parte y reparte se lleva la mejor parte”.

Eso que los nuevos cuarenta ladrones de Alí Babá consideran “economía sumergida” no es más que la respuesta natural del individuo ante sus problemas reales y la necesidad de subsistir en el medio que lo rodea, sin que ello implique delinquir, que eso es harina de otro costal.

Cuando una persona recure al trabajo no declarado no suele hacerlo por gusto, sino por necesidad, y reducir al individuo a un mero objeto de producción para el estado es un acto criminal y execrable. El principio de igualdad y progresividad implica que al menos deben existir unos mínimos de salida, de lo contrario lo que se intenta es construir castillos en el aire sustentados en falsedades e imposiciones.

Pero es que además esa “economía sumergida” es la que está permitiendo a millones de personas poder seguir procurándose su subsistencia sin tener que incurrir en delito alguno, porque repito, nunca el trabajar puede ser un delito, salvo que el fin del trabajo sea en sí mismo un acto delictivo tipificado en el código penal, así, un ladrón nunca se podrá considerar un trabajador, por mucho que nos intente convencer de que para él sí lo es.

La “economía sumergida” es en sí misma una contribución a la riqueza del estado, no una tara ni deficiencia del mismo. Eso siempre y cuando se acepte que el estado somos todos, y no un ente particular ajeno a los individuos.

¿Por qué entonces esa persecución y criminalización hacia quienes lo único que buscan es su supervivencia? La respuesta es simple: Los que parten y reparten no solo se quieren llevar la mejor parte, sino toda la parte, y las migajas para el resto.

Imaginémonos a un padre de familia que se ha quedado sin trabajo, ha agotado toda prestación del estado y  se encuentra sin recursos para llevar un plato de comida a los seres que dependen de él para tal fin, o vestirse, dormir bajo techo… ¿Qué debe hacer, invernar y hacer invernar a los parientes a su cargo en espera de tiempos mejores?

Si ese padre de familia es pintor de profesión, por ejemplo, lo normal es que se ofrezca para realizar trabajos de pintura a quienes quieran contratarlo. Pero el estado le dice; oiga, mire Vd, primero “regularice” su situación y dese de alta en la Seguridad Social como trabajador autónomo… y pague. Esa es la clave, hay que pagar para poder trabajar.

Lo que ocurre es que cuando el trabajo es un bien muy escaso, cuando no un lujo, no se le puede pedir a nadie que pague por trabajar, que además lo haga por consumir (IVA), que pague a fin de cuentas por ser y estar, por existir.

Supongamos que ese padre de familia encuentra un cliente que lo único que necesita es pintar una habitación de su vivienda, o lo que sea, y entre ambos de común acuerdo establecen un contrato por obra, es decir: El pintor –padre de familia- realiza un determinado trabajo pactado de común acuerdo a cambio de una cantidad de dinero X, pues bien, eso es crear “riqueza” y fomento de la economía, dado que el pintor deberá comprar todo lo necesario para la realización del trabajo pactado –pinturas, barnices, utensilios etc- con lo cual un tercero se verá beneficiado. Además, con las ganancias obtenidas por el fruto de su trabajo, el pintor –padre de familia- podrá comprar alimentos para los parientes a su cargo, ergo beneficiará a más personas gracias al fruto de su trabajo: comerciantes, productores, distribuidores etc…

Esto para el establishment es un acto inconcebible, un fraude a sus intereses y por ello busca criminalizar al pobre padre de familia víctima del propio establishment. El mundo al revés.

Cuando lo que se busca es tasar el precio del trabajo del individuo, gravar con impuestos el fruto de su esfuerzo nos encontramos con todo esto; con una injusticia revestida de legalidad inmoral.

Y esto es lo que defienden tanto los dos grandes partidos como los minoritarios y, mientras los individuos no se sacudan el yugo impuesto, todo podrá cambiar, todo menos las cadenas que nos oprimen.

Todo aquello que resulta ser grandioso e inspirador es creado por individuos que pueden trabajar en libertad.
Albert Einstein

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4 Comentarios

  1. Soladares, totalmente de acuerdo. No interesa cambiar nada porque hasta la fecha se han repartido el botín de forma equitativa, han saqueado el estado; unos y otros y, sobre todo, han sustentado el saqueo en la compra de voluntades, repartiendo prebendas, colocando a miles de funcionarios y trabajadores públicos a dedo, un dato: en el año 2011, el último de la legislatura de Zapatero, los empleos en la función pública no dejaron de crecer. Nuestra cosntitución fue buena cuando la promulgaron, de eso no tengo la menor duda, pero al convertirla en papel mojado y prostituirla la han dejado como un arma arrojadiza, maleable, inútil… Los objetivos liberales son casi una utopía, en tanto en cuanto los individuos lo que quieren es que se lo den todo masticadito. Hay una cita de Frederic Bastiat que me gusta: “…La gente empieza a darse cuenta de que el aparato del gobierno es costoso. Lo que aún no ven es que el peso recae sobre ellos…” y yo añado, ni parece que les importe demasiado.

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