El Estado devorando a sus hijos

Francisco de Goya, Saturno devorando a Su Hijo (1819-1823)

Francisco de Goya, Saturno devorando a Su Hijo (1819-1823)

Hoy quiero recomendar un excelente artículo de Miquel Roselló titulado ¿En qué piensa el PP? (Ver aquí) para que ustedes, queridos lestores/as, se ilustren un poco más sobre el pensamiento liberal del siglo XXI.

El articulista incide en el problema que para mí merece mayor atención, sin desmerecer a otros tantos que nos superan: El estado como la gran falacia del sistema.

“…No necesitamos un rescate del Estado, necesitamos que nos rescaten del Estado…”

Esta frase lapidaria que cita Miquel Roselló en su artículo creo que define a las claras el mayor problema que tenemos los individuos de nuestra era. Si nos detenemos a leer o a escuchar a los múltiples analistas políticos a sueldo que pululan por los grandes medios veremos que todos, o casi todos, inciden en ofrecer soluciones maravillosas a los problemas que ellos mismos jamás supieron vislumbrar hasta que la pesada losa que nos encierra en las tumbas que tan alegremente hemos cavado para enterrarnos en vida ya estaba sellando nuestro destino. Todos, o casi todos, tienen claro que hay que fortalecer al estado para solucionar el problema del estado.

El estado pasa así a ser en sí mismo un ente propio, con identidad propia, con vida propia. Un individuo supremo superior al individuo humano. Así, nos encontramos con que al estado hay que tratarlo como a un enfermo crónico que requiere de toda nuestra atención y recursos para que no se nos muera. El propio estado se encarga de cuestionarse a sí mismo, diagnosticarse y recetarse las medicinas milagrosas que lo mantenga en perfecto estado de revista, aunque a ojos vista esté hecho unos zorros.

Los individuos no importamos.

Somos tan prescindibles para el estado que solo se acuerdan de nosotros cuando algún engranaje de su maquinaria chirría en demasía. Los parados, por ejemplo, solo son una estadística que indica el nivel de gasto del estado para sostenerlos económicamente, y solo cuando la derrama es tan grande que hace peligrar su armonía interna ofrecen vagas soluciones encaminadas a reducir el gasto, en vez de aportar soluciones a las personas paradas. El rescate a la banca con dinero público es una terapia de choque contra un virus interno que amenaza el normal funcionamiento del estado. Las instituciones del estado son algo así como sus agentes del sistema inmunitario, encargados de velar para que el cuerpo principal que los cobija no sufra grandes enfermedades…

Lo que ocurre es que el estado se ha convertido en un virus letal para los individuos, una pandemia.

Los individuos nos hemos convertido sin quererlo en el alimento principal de la fiera que nos pastorea para que no nos salgamos del redil. Somos, por así decirlo, como las ovejas de las que extraen la lana para manufacturar ropajes que lo protejan del frío, la leche para sus quesos y la carne para su alimento.

Seguir alimentando al estado supone un gran sacrificio personal con víctimas de todo tipo, cuando no un riesgo de extinción para toda la especie. Tenemos pues que acotar con límites el poder del estado o este acabará por devorarnos, como Saturno devoró a sus hijos.

 

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