El hombre feliz.

A falta de un par de minutos para las doce campanadas el sofá y él conformaban una unidad tan incognoscible que no se sabía dónde empezaba uno, y dónde el otro. Hacía frío, a pesar de que en la chimenea un tronco solitario llameaba sin aportar consuelo a la gelidez de la noche. Su señora, nerviosa como en noche de bodas, traqueteaba en un plato una docena de uvas exageradamente grandes para la ocasión, observando desasosegadamente la pantalla tamaño plus de su nueva televisión recién estrenada, en espera de los cuartos, las campanadas, el atracón de las jugosas bayas y el posterior sentimiento de alegría de no se sabe muy bien por qué. Nuestro hombre, empero, ni se inmutaba. Hecho todo sofá y manta, descreído de alegrías inservibles, con lágrimas en los ojos por las risas que le provocaba el humorista que amenizaba la espera del gran evento, a él la entrada del nuevo año le importaba una mierda y, aunque a su mujer no le hacía gracia su pasotismo, ni a él la exagerada alegría de ella por un acto que consideraba estúpido, ambos, a su manera, se respetaban.

-Tolón, Tolón, que ya empiezan, nena. No se te olvide tomar una de más, por si algún mes te falla…

– Vete a la mierda. Si no quieres tomar las uvas por lo menos no me hagas reír con tus bobadas.

Y llegaron los cuartos, y después las prisas sincronizadas de ella para zamparse las doce uvas como pequeños melones al son de las campanadas, y después sus lágrimas de felicidad acostumbradas como cada nochevieja, aún rumiando en su boca la mitad del atracón, y los besos entre ambos; sentidos y emocionados los de ella, cariñosos pero obligados los de él, y otro año más en la cuenta de sus calendarios.

– ¿Habrás pensado al menos qué propósitos tienes para este nuevo año?- le preguntó ella. Y él, sin pensarlo ni un segundo, le contestó: vivir. Y de nuevo el sofá, él y la manta se hicieron una unidad incognoscible, mientras ella, que no acostumbraba de acostarse tan tarde, se fue para la cama de matrimonio como un día cualquiera, pensando que quizás su marido fuese el único realmente feliz en una noche como esa.

© @mareaxenaterra

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