Tragedia Mía (Poema)

Ya puedes tragedia mía vestir las ropas de llantos                                                 los años partidos nos convocan aquí,                                                                         en este Noviembre de lutos,                                                                                     y la parte perdida de lo que somos                                                                        asoma al precipicio que nos reclama futuros de tierra                                             y sacrificios de sangre para nuevos olvidos.

Las plañideras descansan de lágrimas fingidas                                                       y nos asimos al momento delante del féretro                                                           que en cenizas camina a lomos del viento.                                                               La mar, como cloaca,                                                                                               absorbe los pecados henchida de hartazgo                                                               y nuestros nombres en blanco mármol descansan                                                   de repartir flores por los cementerios que habitamos,                                           solemnes, sobrios dioses incinerados.

¡Qué tan poco se necesita para la nada!                                                                   y aún así regateamos el morir dignamente,                                                             y resarcirnos de caminar entre los vivos sin más                                               sustancia que arrastrar el peso de la duda que nos envejece.

Como los árboles, partimos la tierra en busca de alimentos para otros,               pero el morir de pie no nos es digno                                                                        y nos inclinamos sumisos y humildes.                                                                       Tampoco florecen nuestras almas,                                                                           ni en otoño depositamos hoja alguna de lo que somos, o fuimos,                         sobre la tierra que nos aborrece.

Nos espera lentamente el invierno para hacer escarcha                                      de nuestros cuerpos, torsos desnudos esperando                                                    crujir pisoteados por otros que ya ocupan su lugar,                                              y sus flores, y sus llantos;                                                                                     sus carnes jóvenes aún indemnes de                                                                       reclamarnos nada y que nada respetan.

Hace frío en este Noviembre de lutos                                                                      y las máscaras y las mortajas no llegan para calentarnos,                                     mientras construimos piedra a piedra los muros de los cementerios,                   así que ya puedes tragedia mía, vestir las ropas de llantos.

Gallego Rey. De La Fragua Del Viento. DL- MU 1333-2014 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS @mareaxenaterra

 

Que se jodan ellos

El presidente de la patronal ha pedido públicamente que no se eleven los salarios en España más allá de un uno por ciento, porque eso podría desestabilizar las cuentas de muchas empresas y entorpecería el crecimiento de las secuoyas verdes que ya tapan nuestro horizonte y no nos dejan ver la pobreza. Ainss

Un uno por ciento para un salario bruto de mil quinientos euros al mes – que ya lo quisieran miles de españoles -, significaría un incremento neto de un par de cañas con tapita. Y poco más. Pero pasarse de ahí y que los pobres puedan ganar otros diez o quince euros a lo sumo, podría desestabilizar el crecimiento económico del país, y eso no nos conviene. Seamos un país serio y hagamos los currelas un esfuerzo, si total, qué más nos dan esos quince euros de más. Para nosotros esa calderilla no nos supone apenas nada, y además, si ya casi todo se lo lleva el banco y hacienda, tenerlos y no tenerlos es todo uno. Pero para un sufrido empresario aumentar un nada los salarios equivaldría su ruina y verse abocado a quién sabe cuántos sufrimientos y desdichas. Seamos serios, coño.

imagínense ustedes un país donde los empleados ganan salarios de ricos, mientras los empresarios mal viven y comen en comedores sociales, se visten de la caridad y no tienen ni para la hipoteca de la segunda vivienda. Grecia, joder, Grecia. Y nosotros no queremos ser como los griegos que ganaban de barrenderos tres mil euracos al mes, según estimaciones aproximadas.

Los currantes tenemos que saber estar a la altura de las circunstancias y preguntarnos qué podemos hacer nosotros por nuestros patronos, y no si nos pueden ellos subir el sueldo ahora que España va de puta madre. Pedir que nos paguen un sueldo digno equivaldría a romper el Statu Quo de esclavos/esclavista por el Quid Pro Quo de yo trabajo/usted me paga dignamente. Intolerable.

Los patronos ya se han sacrificado mucho, muchísimo por el país y por sus esclavizados no echándolos a la calle, como para que ahora tengan que volver a sacrificarse subiendo los salarios una ”jartá” que los dejarían en números rojos. ¡Que se jodan ellos un poco! Claman. Y es cierto, ya es hora de que los que sostenemos el país con el sudor de nuestra frente demos un paso al frente y asumamos nuestro deber patriótico de salvar al soldado empresario.

Tu país te llama. ¿Mandeeee? Que se jodan ellos.

@mareaxenaterra

Ciudadanos Estancos

Vivimos nuestro tiempo; ni el de nuestros antepasados, ni el de un futuro que todavía no es nuestro pero sobre el cual podemos influir con nuestras decisiones. Pues no lo parece.

Los ciudadanos estancos son aquellos que se estabulan así mismos en rediles de colores: verde de Vox, magenta de UPyD, azul corrupción, rojo follón, naranja de naranjitos, negro Podemos/Venezuela/Irán/Marxismo, o arco iris a según la sexualidad de cada cual. Somos un país multicolor, donde crecen los borregos bajo el sol.

Hay vidas humanas inteligentes en España; como la del lince, como la del lobo, como la del urogallo, como la del oso pardo… El peligro de extinción pende sobre cada una de ellas. Este no es un país para inteligentes, sino un país para ”listos”, mediocres, pendencieros, arribistas, trepas, incultos y de Tele5.

Cierran las viejas librerías y se abren nuevos abrevaderos. Habla la guerra; silencia la paz… Dice una canción de Calibre Zero. La guerra dialéctica sin sujetos, verbos y predicados, la paz silenciada de aquellos que se tienen que ir a un exilio vergonzoso porque aquí, o eres de la tabla rasa de la LOGSE y similares, o no eres nadie.

También somos un país de mareados: de mareas blancas, verdes, mareadas, a la brasa, al ajo cabañil o con tan sólo un hervor. Las mareas nos llevan y nos traen siempre desde el cero a la nada. Pero demostramos movimiento, tracción animal.

Y este año toca elecciones a todo. Bien. Así los imputados podrán darse un baño de masas en mítines de bocata de mortadela y horas de autobús para llegar a tiempo al establo redentor, o a los nuevos pastos de hierva quemada por donde el caballo de Atila no ha pasado, ni falta que le hacía. O tal vez sí.

Si los españoles supiesen la diferencia entre botar y votar… ”Arriba las caenas”, que sarna con gusto no pica, y el establo no es mal lugar para el ganado.

© Gallego Rey @mareaxenaterra 

 

 

Sobre emprendedores y emprendimiento.

Ahora se le llama emprendedor y emprendimiento a la cosa esta de jugarte los cuartos montando cualquier tipo de negocio. En muchos casos, cuartos que ”generosamente” pone el estado a disposición de los intrépidos emprendedores vía subvenciones, concursos de ideas, dedazos sobre parientes o allegados a los círculos del poder etcétera. Lo de poner tu dinero o el de tu familia a disposición de una aventura empresarial tiene otro nombre: héroe.

Abrir un bar, una tienda de zapatos o peluquería, por decir algo, no tiene más secreto que el fondo de tu cuenta corriente a saldo o préstamo y una buena dosis de suerte, ganas de trabajar y conocimiento sobre lo que se hace. Lo otro, lo de ”emprender”, es el cuento que nos cuentan quienes con nuestro dinero se lo montan a lo grande, sin escatimar en gastos.

Hablan de emprender y aconsejan sobre ello quienes saben que tienen una red de seguridad bajo su triple salto mortal con tirabuzón y vuelta y media, como si eso de montártelo por tu cuenta estuviese al alcance de todo quisque y no existiera un ministerio de Hacienda que todo lo ve, o trescientas y una mil instituciones buitres esperando su mordida por cualquier permiso de apertura; informe pertinente; tasa municipal o pase usted por la ventanilla siguiente cheque en mano. No hay escapatoria para la plebe. Pero si un grupo de jóvenes Lacoste con apellidos heráldicos o de políticos de televisión diseñan una aplicación para móviles donde puedas encontrar las tascas que hay en tu barrio tan sólo pasando delante de sus puertas, o han descubierto que en el local tal, del mismo centro de una capital, se puede montar una tahona de autor, que no panadería, por decir dos ejemplos, entonces la maquinaria del estado creador de todas subvenciones se pone en marcha, desaparecen las colas y el venga usted mañana, y emprendiendo que es gerundio, el maná que a escote financiamos entre todos se abre de par en par para tan osados emprendedores.

Y es que emprender es la leche merengada. No deje usted de emprender hoy lo que otros puedan emprender mañana. Paga el estado.

Cualquier ciudadano de clase media sabe que iniciar un proyecto empresarial o de pequeño negocio en España es un sin vivir. Primero porque la burocracia se convierte en ”burrocracia”: eterna, costosa y enfarragosa hasta el punto que siempre te faltará un papel, un certificado o firma de alguien. Eso sí, mientras pagas y pagas y vuelves a pagar. Qué coño emprender. Lo que uno hace en este caso es el viaje de Ulises hacia Ítaca, completo, de ida y vuelta. Lo que nos venden los engominados triunfadores del emprendimiento es que si tienes una idea genial – cosa que nos ocurre a todos con suma frecuencia –  y padrinos, entonces te bautizan en El Dorado.

Y es que si no se tiene dinero a espuertas, apellido de postín o influencias, aquí no emprende nadie. Y los que abren un pequeño negocio o se hacen autónomos no son más que personas intentando buscarse la vida en lo que pueden o saben. Como de toda la vida de Dios sin más adjetivos rimbombantes ni falsas promesas de éxito social.

Y ahora vas, y escribes un libro sobre emprendedores, del cómo cualquiera desde la nada puede ser Bill Gates y lo facilillo que es esto de emprender en España. Y te forras. Eso sí que es emprender. Y lo demás humo de paja.

© Gallego Rey @mareaxenaterra

Lo que mas temo

Lo que más temo no es de ti que me lleves

sino que me embosques y sorprendas aún joven

por este tránsito penar, y que sin tiempo

me dejes en memoria de unos pocos

que se atrevan a recordar mi nombre

si no te llevas eso también contigo

a donde quieras que me lleves llegada la hora.

 

Déjame de viejo la circunstancia

que nos obligue al pago de lo consumido

me reconfortaría si llego así para verlo

y te estaría agradecido

si la gratitud fuese moneda de cambio

en el otro mundo.

 

Pero si al final la barrera que se cierre tras la muerte

sea lo último que divisemos

y llegado el día que mirando de frente al espejo

el reflejo me lleve a la nada

y mi alma ausente me deje

y mi cuerpo se aparque en el camino como una roca

moldeable por la lluvia y el viento, pero inerte,

sin más forma que el desperdicio de lo que hoy en día soy,

                                                                                           – nada-

pregúntales a los ausentes que aquí me dejaron

el por qué de esta existencia, fría, inútil,

porque aunque no hablen los muertos, ni pidan excusas,

quisiera comprender tanta locura que sufro en mis adentros

y saber aunque nunca sepa nada

que mi existencia es tan importante

como la de la hoja  que se lleva el viento

y termina en la memoria de la belleza

que el otoño nos regala.

 

Si la respuesta es que no importo nada, no me importa,

yo sé que para ti existo,

porque me buscas,

porque me tienes en tu lista,

y aunque no sea más que otro nombre que quizás no te importe

me llevarás contigo, y esa carga

ligera o pesada

será la prueba de la importancia de mi triste vida

que como una hoja que se la lleva el viento

 termina en la memoria de la belleza

que la vida nos regala.

Gallego Rey. De La Fragua Del Viento. Todos los derechos reservados

 

Bajo la luz Quebrada

Bajo la luz quebrada por las estrellas

no dejes imperecedero el grito

que mudo meces en el pecho

ni quieras para ti sola todo el sufrimiento

que nos abate por no encontrarnos.

 

Yo se que tú me aguardas, oculta,

con un adiós siempre presente,

y que has querido recuperar mi nombre del olvido

para postrarlo ante el delirio de una sonrisa.

 

Deja fluir la calma de este Diciembre

y que se desprenda el azahar que te colma

para saciar este amor que tanto nos quema

que yo sujetaré con mis manos el momento

para que no hulla, y se pueda desgranar el tonelaje

impreso de este delirio tonificante y agradecido.

 

Debemos memorizar estos recuerdos

para saber que nos hemos amado,

así, tus ojos velarán por el futuro que no hemos tenido

y yo buscaré la fuente que nos rejuvenezca

y nos haga cómplices de nuevo

en un lecho de ensoñaciones y días perdidos.

Y aunque la nostalgia  cale hondo en nuestro pesar

y caminemos a la deriva por caminos opuestos

que nunca convergen, nos sabremos el uno del otro

más fuertes cada día, tanto,

que menguará el universo para dejarnos sitio.

 

Desgarra pues toda pena de tu alma y sigue amándome

que yo recogeré el testigo de tus besos

y los esparciré por el cielo como hasta ahora

dejándolo tatuado de estrellas con cada uno de ellos.

Nos sabemos nuestros, mi amor, y con eso me basta,

bajo la luz quebrada de las estrellas.

 Gallego Rey. De La Fragua Del Viento. Todos los derechos reservados