Sobre emprendedores y emprendimiento.

Ahora se le llama emprendedor y emprendimiento a la cosa esta de jugarte los cuartos montando cualquier tipo de negocio. En muchos casos, cuartos que ”generosamente” pone el estado a disposición de los intrépidos emprendedores vía subvenciones, concursos de ideas, dedazos sobre parientes o allegados a los círculos del poder etcétera. Lo de poner tu dinero o el de tu familia a disposición de una aventura empresarial tiene otro nombre: héroe.

Abrir un bar, una tienda de zapatos o peluquería, por decir algo, no tiene más secreto que el fondo de tu cuenta corriente a saldo o préstamo y una buena dosis de suerte, ganas de trabajar y conocimiento sobre lo que se hace. Lo otro, lo de ”emprender”, es el cuento que nos cuentan quienes con nuestro dinero se lo montan a lo grande, sin escatimar en gastos.

Hablan de emprender y aconsejan sobre ello quienes saben que tienen una red de seguridad bajo su triple salto mortal con tirabuzón y vuelta y media, como si eso de montártelo por tu cuenta estuviese al alcance de todo quisque y no existiera un ministerio de Hacienda que todo lo ve, o trescientas y una mil instituciones buitres esperando su mordida por cualquier permiso de apertura; informe pertinente; tasa municipal o pase usted por la ventanilla siguiente cheque en mano. No hay escapatoria para la plebe. Pero si un grupo de jóvenes Lacoste con apellidos heráldicos o de políticos de televisión diseñan una aplicación para móviles donde puedas encontrar las tascas que hay en tu barrio tan sólo pasando delante de sus puertas, o han descubierto que en el local tal, del mismo centro de una capital, se puede montar una tahona de autor, que no panadería, por decir dos ejemplos, entonces la maquinaria del estado creador de todas subvenciones se pone en marcha, desaparecen las colas y el venga usted mañana, y emprendiendo que es gerundio, el maná que a escote financiamos entre todos se abre de par en par para tan osados emprendedores.

Y es que emprender es la leche merengada. No deje usted de emprender hoy lo que otros puedan emprender mañana. Paga el estado.

Cualquier ciudadano de clase media sabe que iniciar un proyecto empresarial o de pequeño negocio en España es un sin vivir. Primero porque la burocracia se convierte en ”burrocracia”: eterna, costosa y enfarragosa hasta el punto que siempre te faltará un papel, un certificado o firma de alguien. Eso sí, mientras pagas y pagas y vuelves a pagar. Qué coño emprender. Lo que uno hace en este caso es el viaje de Ulises hacia Ítaca, completo, de ida y vuelta. Lo que nos venden los engominados triunfadores del emprendimiento es que si tienes una idea genial – cosa que nos ocurre a todos con suma frecuencia –  y padrinos, entonces te bautizan en El Dorado.

Y es que si no se tiene dinero a espuertas, apellido de postín o influencias, aquí no emprende nadie. Y los que abren un pequeño negocio o se hacen autónomos no son más que personas intentando buscarse la vida en lo que pueden o saben. Como de toda la vida de Dios sin más adjetivos rimbombantes ni falsas promesas de éxito social.

Y ahora vas, y escribes un libro sobre emprendedores, del cómo cualquiera desde la nada puede ser Bill Gates y lo facilillo que es esto de emprender en España. Y te forras. Eso sí que es emprender. Y lo demás humo de paja.

© Gallego Rey @mareaxenaterra

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