Retazos de un cadáver que vive muerto, o elogio a la locura II.

 

thDevanas tu vida en torno al eje nebuloso de un sueño con ella, sin saber que el contorno que adivinas en su figura sólo es un exorno. Mientras, usurpadora, la noche enloquece, noche de cristales rotos, de cumbres tiritando de frío, de casas vacías. Noche de invierno y nostalgias prendidas a tu pecho.

Ladra el perro/muerde la soledad/noche de luto. Cae nieve hecha un muñeco sobre tus manos mientras el invierno se crece. Interesante aerodinámica la de ese interrogante que se resguarda en el hipogeo de tu casa, junto a los muertos, junto a ese esqueleto que se viste de gala para su autopsia. Hay que pedirle la llave a Átropos para resolver su enigma.

Cae la nieve.

Cae la nieve.

Cae la nieeeeeeve.

La madera de boj resiste a tu tiempo y a tus llamas inmundas. Se alimenta, ve crecer su sustento devorándote mientras en tu mundo hermano canta un gallo y tirita la mañana al despertarse. Tu cuerpo cimbrea sobre el alba, los hados y demonios se conjuraron para poder uniros como tejados sedientos de liberación y tus caricias sorprenden a su cuerpo en retirada. Elemental, aunque camines, el camino se borra a tu caminar.

La miseria es un arma poderosísima que azuza el ingenio. Tú siempre fuiste muy ingenioso, y cuanto más avanzas hacia el cementerio más ingenioso te vuelves. De la miseria se aprende de todo menos lo importante y lo esencial.

Cae la nieve.

Sigue cayendo nieve.

Nunca parará de nevar.

Meces la luna con tu mirada, como el otoño que esparce las hojas de un ayer caduco que se convierte en vida al regreso de la primavera. Pero la primavera está tan lejos…

Al contemplarte sucediendo como insospechados versos, he olvidado lo fecundo para dar claroescuro a la elegancia. Y la primavera está tan lejos…

 

No nieva

Ya no nieva

Sigue nevando.

Acaso ya no puedan avanzar mas las palabras. Nadie las une en apariencia. Nadie las teje en silencio. Nadie lee nada. Esto es un fin.

 

© Gallego Rey.

 

Anuncios

Por Dios, Franco, El Rey y cierra España.

¡Ah! cabrones circuncidados, putas viejas y rameras de coños nuevos que se restriegan por los templos en busca de un polvo por misericordia. Este es el reino que a mala fe mi padre, seboso cabrón, me ha dejado a mí, El Príncipe, en herencia. Hijos de las mil putas, cuarenta años aguantando, tantas y tantas tonterías de astrólogos y astrónomos que pronosticaban gloria para Nos, para esta fanfarria. Qué penosa extravagancia, qué perseverante ilusión la mía.

Aquí está todo fuera de lugar, eso es evidente. ¿Qué se deduce de ello? Satanás se ha encarnado en este pueblo de haraganes, huéspedes de mi generosidad y benevolencia, prefacio de socialistas y curas hijos de puta y fornicadores. Pero vayamos por orden. En primer lugar, yo, El Príncipe, maté a mi padre por gusto. La corona está manchada de sangre, ¿Y qué? También los hombres mataron a Dios y no por eso Dios deja de ser Dios. Yo soy El Príncipe por derecho de cuna, no soy ningún Bonaparte. En segundo lugar, esto es lo que siempre ha habido en esta tierra de intolerantes desde que a Torquemada lo enviaron a la hoguera por Santo Varón, en una señal inquietante de lo que nos esperaba al resto. Se ha perdido la moral de la Inquisición, y en su lugar ahora se adora a Marxistas, mamertos y  putas liberadas de pasar por la piedra. Y así nos va. También ha sido inutil explicar que los hombres no nacen iguales. Ahora lo mismo da ser hijo de un porquero que del mismo Agamenón,  que todos pretenden apellidarse como notables caballeros, aun sin tener honor ni pan para pagar la heráldica mentira. Aquí ya cabe todo el mundo a propósito de la tolerancia, qué curiosa contradicción viniendo de quienes tiran de acero a la mínima que se les lleve la contraria.

La libertad ha muerto porque ya no se respeta la figura del rey, ni de los Santos Apóstoles ni la de nuestro señor Jesús el Nazareno. A los aristócratas los han arrumbado hasta dejarlos de lado como a muebles viejos. Los castillos y nobles villas ahora son lupanares de ocio y bohemia mal entendida. Las vírgenes se compran virgos de pega y los hombres se dan por culo casi para no quedar mal vistos. El vicio entre mujeres lo veo mas natural por su condición de entretenimiento. Los maricones son otra cosa, y mas en publico.

Hacen falta pastores de almas, como el gran Caudillo Francisco, que el Altísimo lo tenga a su vera. Blasfemias por doquier, libelos, insidias y sevicia campando a sus anchas por Castilla. Vade retro me Satana, Numquam Suade Mihi Vana, y quien no sepa el glorioso Latín de nuestra iglesia de Roma que se joda y estudie. Perdón. Nunca hay que perder las formas.

En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme….

Continuará… O no. ©Gallego Rey. Todo lo escrito aquí es obra de mi calenturienta mente y pretendida ironía. Si a alguien le molesta, es su problema. Si a alguien le gusta que lo comparta. Please.

Alegato a favor de la Locura

En esta muerte tan diferente a las otras, con la profundidad ciega de mi vida envuelta en gritos, he comprendido la aritmética del universo de mi locura. Una criatura hermosa, cuyo resplandor acepto, penetra plácidamente en mis entrañas como un diluvio de fuego; fornicándome, inagotable, amante del placer solitario. Es el Ángel, un mostruo de dos caras tejidas en el órden de todas las cosas; una el reflejo en el espejo, quizás la otra sea la mía. Y un alma herida que soporta todo el peso de lo infinito, donde ya no caben más espacios. Algunas veces me sorprende dormido, exhausto tras correr persiguiendo despojos que atentan contra mis sueños. Ofrezco entonces recompensa a otro matemático que resuelva mi comprensión de la locura, o me cante la nana del muerto.

Otro escarceo mío con la demencia que me miente y azora: un fantasma que no lo es. ¿Seré yo que me reclamo, muerto o vivo, edificado en un nuevo desvarío hirsuto, inocente y atormentado dentro de mis tinieblas?  No. Veo luces más que sombras, y me esculpo yendo hacia entremedias de ambas, sin pasar tormento, incluso en travesía agradable, como desde la mar para llegar al océano, o desde el rocio del fondo del alma.

De dónde vendré mintiéndome así, diciéndome todas las verdades. Yo ya estaba aquí desde antes, hecho de piedra: los ojos de piedra, el cuerpo de piedra, el corazón de piedra, la piel de espinas y la vida en eterna espera. Y flores para agasajarme, mientras el viento sople y auyente a los pétalos de la soledad, tan solamente persistiendo hasta que llegue a donde estoy, venga yo de dónde venga.

Todo me supone un desvarío. Y estos esfuerzos por comprenderme, capotazos sin toro sin que nadie me desmienta. Y no cabe afirmar que es un sueño. Los ríos van a la mar/ayer se cayó una torre/triste herencia la nuestra/de ver pasar el tiempo, escribió un poeta. Yo mismo, tal vez. O unos ojos severos que van leyendo los enigmas que se esconden en las cicatrices de mi alma.

Me desnuda, en todo caso, tanta osadía.

Si te ha gustado, es gratis compartir.

©Gallego Rey @mareaxenaterra.