El cuadro roto.

El cuadro roto esparce por el suelo
los retales de una vida,
las manos temblorosas de viejo
recopilan los detalles de cada trazo desperdigado,
y en cada memoria encontrada
relucen destellos de alegría en sus ojos.

El marco de hermoso bronce aún resiste
y preserva a la belleza del olvido.

No todo podían ser silencios.

©Gallego Rey. De La Fragua del Viento.

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Diario de un Psicópata.

“…Había sido una insensatez, se dijo a sí mismo nada mas despertar. Quiso convencerse de que nada sería lo mismo a partir de aquel momento. Su falta de personalidad y el exceso de miedo lo habían estropeado todo, como de costumbre, aunque sabía que por muchas letanías que repitiese, en su mente todo seguiría igual, como siempre.

No sabía con exactitud qué había ocurrido, ni su cerebro quería recordar más de lo justo. Estaba bañado en sangre medio seca que olía a repugnancia y la habitación estaba hecha un desastre; desordenada y con todo tirado por los suelos. A duras penas consiguió incorporarse de la cama, maleado por los síntomas de una resaca de caballo que afloraba en su cerebro provocándole náuseas. Necesitaba beber agua fría para calmar el volcán de acidez que le ardía en el estómago y le quemaba la garganta, así que se dirigió a la cocina, tambaleándose entre las paredes que se resistían  a estarse quietas. El resto de la casa estaba igual que la habitación. La había liado buena.

Al pasar por el comedor la vio tumbada sobre la mesa, o lo que quedaba de ella. Era guapa, recordó. La había descuartizado casi por completo, solo quedaba de su esbelto talle el tronco y la cabeza. Tenia aún los ojos abiertos, sus ojos azules que ahora no brillaban ni se reían de él…

¡Puta, que eras una puta de mierda!,  le dijo mentalmente al cadáver mientras entraba en la cocina. Bebió de una botella que había en la nevera un gran trago de agua casi congelada. Al notar como le bajaba por la garganta su cuerpo corrompido por el exceso de alcohol se fue reconstituyendo en parte. Regresó al salón y se la quedó mirando, absorto. En el jardín apenas le quedaba sitio para seguir enterrándolas y sabía que no sería la última…

¡Putas, que son todas unas putas!. Esta por lo menos sì sabía follar. Por eso… Por eso supo que tenía que matarla. ¡Puta!

Quizás tendría que comprar una casa más grande, con un jardín con más espacio para su improvisado cementerio. La próxima vez tendría que montárselo con dos a la vez.

Sacudió la cabeza de lado a lado mientras pensaba que el mundo estaba lleno de mujeres como aquella, y su miembro se puso otra vez duro…

¡Putas, que sois unas putas! Se decía mientras se la meneaba excitado ante aquellos ojos que ya no brillaban ni se reían de él…”

©Gallego Rey.

Luces de neón (canción triste a una prostituta cualquiera)

Luces de neón
cabalgando por sus venas
mientras el rímel se corre
por su cara ajada.

A veces es mejor morir por dentro
que hacer que brote la noche por fuera,
como un acto simbólico, a propósito,
tenaz, sin desvanecimiento,
como la llamada del fuego al hielo
o un grito sin eco ni remitente.

Simplemente, se terminan las noches,
también el éxtasis impostado
y los orgasmos a precio tasado,
y ya no queda carmín que besar
ni quizás ganas de más besos fríos y crueles
donde el alcohol sepa a derrota.

Luces muertas, como ella luce muerta
a través del olvido de su último nombre:
Pepi, Lola o quizás vida mía o puta a secas…

Y el miedo a sentir la brisa fresca por la mañana,
en brazos de un café y un espejo donde
dibujarse de nuevo, bien maquillada,
adolescente y guapa,
abrazada al cuello de su padre
que la llamaba mi niña…

Mujer rota en luces de neón,
muerta al caer la tarde,
sobre una acera,
mientras el rímel se corría
sobre la última sonrisa de un tango
que bailaba ella sola…

©Gallego Rey.

Si en verdad fuese cierto.

Si abrazase los acantilados
de crepúsculos remotos envejecidos
ebrios como piratas arrastrando
ventiscas de dolor eterno,
si una alegría inmensa me devolviese
el castigo origen de la muerte,
si mi cuerpo fuese un murmullo
de atardeceres de sombras interminables,
si ni siquiera un regalo alimentase
una sonrisa en mis labios
y no hubiese un después al enigma;
una simple historia de toda una vida
lavando mi conciencia,
si de pronto no existiera y en el fondo de mí
las grutas de la tierra me llamasen
como si fuese un náufrago sin deriva
tendiendo en el cielo estrellas equivocadas
de rumbo, heridas por el azul del mar
colgado de algún tenderete de feria,
humildemente humano y proscrito,
si de pronto parecido a dios me atreviese
a nacer de nuevo, como un árbol sin tierra
dispuesto a germinar en los márgenes
del paraíso, tal vez tú, lento paso del tiempo,
como una súplica solemne me librarías
de la fruncida sombra que mi cuerpo arrastra
dando molde a la gran mentira de aquella
alegría con que me acogieron
los que habían celebrado mi muerte,
y al ver desvanecidas sus esperanzas
ocultaron el entierro.

Si en la verdad todo fuese cierto                                                                                          aún podríamos intentarlo,                                                                                               aunque solo fuese para equivocarnos de nuevo                                                                  como si fuese la primera vez…

 

©Gallego Rey.

Recordando a Baudelaire

El muerto gozoso
sobre el tonel del odio;
alquimia de dolor, obsesión,
sepultura, soneto de otoño,
tristezas de luna.

A una dama criolla
el amor engañoso,
sobre el crepúsculo de la tarde
le da a su rostro cierto encanto.

¿Por qué desvarío, madrigal triste,
epígrafe para un libro condenado
cuando aún mis cabales
sostienen mi calavera?

La fuente de sangre me hizo mártir,
la destrucción, el alma en vino
soñando añorarte: anatomía desnuda
despellejada y esquelética…

La bendición es un rompecabezas
como las flores del mal
que en plagio por lo imprevisto venero:
versos para un retrato;
himno a una promesa;
metamorfosis de poeta;
la muerte de los artistas.

©Gallego Rey. Poema  un tanto surrealista y delirante estructurado bajo influencia de mis lecturas de Las Flores del Mal, de Baudelaire. Obviamente quien conozca esta obra del genial poeta, critico de arte y traductor francés sabrá identificar cada verso con algún poema determinado del poemario. Las Flores del Mal sea quizás una de las obras poéticas que más influencian mi pulso poético:

“… ¿De dónde viene – dices – este pesar henchido                                                            que sube como el mar sobre un negro peñón?                                                            Después que ha vendimiado ya nuestro corazón,                                                                 el vivir es un mal, tenedlo por sabido…”

Tres poemas breves

En ese breve lapso,
como el lucero que refulge
en medio del crepúsculo,
tú y yo, absolutos,
conjugamos versos sin tinta,
tan solo amándonos.

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Cellisqueo sutil,
las sedosas nubes se rompen
en fragmentos esponjosos
desparramando corazones menudos
de muñecos de nieve.

Tirito de alegría.

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Una oquedad nos separa,
nos une sin embargo el silencio
que retumba en su interior,
el eco que quedó suspendido                                                                                                entre tu nombre y el mío.

©Gallego Rey @mareaxenaterra.