Generación de Titiriteros.

 

Entiendo que formar parte de la generación mejor preparada de la historia de tu país exige mucho, y bien. Pero no había que pasarse.

En el fondo los titiriteros encarcelados por presunta apología del terrorismo no son culpables de ser el resultado de la estupidez imperante. Qué se podría esperar de tres décadas de destrucción académica, de roñismo intelectual y reparto de títulos sin ningún fundamento intelectual o de mérito.

Para ellos lo hecho no es constitutivo de delito porque lo ven como algo normal, secundados por millones de espejos donde se reflejan los unos a los otros. Incluso se sienten engañados. Normal; nunca antes habían tenido que cruzarse con unos padres con dos dedos de frente; con unos policías dispuestos a hacer su trabajo sin dilación y un juez sin remilgos dispuesto a aplicar lo que la ley dicta.

El problema, como digo, es que se ha normalizado lo anormal y amoral; la apología del todo vale y la dictadura del “analfabetismo ilustrado”. Y viene de lejos, de cuando a alguien se le ocurrió que para estudiar no se requería estudio ni esfuerzo; de cuando a otro alguien, o quizás el mismo, se le ocurrió que a los niños no se les podía ni mirar de refilón porque eso constituía nada menos que un delito de maltrato psicológico. De pegarles un cachete ya ni hablamos: maltrato fisico, padres malvados, retirada de la custodia de los churumbeles y si te pones espléndido incluso cárcel. Ahí es nada. Todo bien calculado para recoger la siembra pasado el tiempo.

De esos y otros polvos este lodazal. Se ha superado toda lógica colectiva hasta el punto de hacer de los primeros nihilistas unos cantamañanas, de la irreverencia de antaño una guasa, y de la otrora sátira bien traída un cesto de mierda. Dicen, es la libertad de expresión. Ya.

Estos muchachos en el fondo sí son víctimas de una sociedad agrietada, podrida, decadente y nauseabunda. Del todo vale, de la cultura del no esfuerzo, de las universidades que son solo un recuerdo de lo que deberían ser, y de ese bofetón a tiempo no dado porque a alguien, una vez, se le ocurrió jugar a titiritero manejando los hilos de la sociedad a su antojo, sin asumir responsabilidades, escribiendo el guión de la crónica de una sociedad acabada por necedad de unos y cobardía de otros.

Demasiado para corregirlo ahora por las buenas. Aquí hay que meter mano a la raíz del asunto, se corten los hilos que se corten, se joda o moleste a los titiriteros.

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