las cartas olvidadas

Dormir en aquella habitación siempre había evocado en mí sentimientos profundos. No era una gran estancia, mas bien pequeña, y, desde luego, como cabría esperar de una familia humilde, bastante austera. Pero el hecho de que la chimenea de la casa cortase una de sus esquinas, y que a través de la pequeña ventana se pudiese ver tanto el hórreo como la cruz de piedra que marcaba el linde con lo desconocido, me hacían sentir como un ser mágico cuando al visitar a mis abuelos me acomodaban allí por las noches.

Recuerdo con intensidad el olor de las sábanas de la cama, con sus colchas de gruesa lana y los edredones de lino. Veo aun en mis recuerdos al viejo Moro, nuestro fiel perro, que a sabiendas de mi presencia pasaba las noches en vela tumbado sobre el techo de su caseta, mirando hacia mi ventana como guarda y custodio de mis desvelos.

Ahora está todo viejo y desamparado, y ya no están las personas que dieron calor al hogar. Pero yo regreso siempre que puedo y me sigo acomodando en mi vieja habitación de la chimenea. Siempre llueve cuando decido volver, o tal vez siempre regreso cuando llueve. Me gusta evocar mis recuerdos en aquel santuario de mi niñez con el repiqueteo de las gotas de lluvia componiendo melancolías sobre mi ventana, y si hay suerte, y sopla fuerte el viento, escuchar el run run de los viejos árboles que rodean la casa.

En ocasiones siento profunda tristeza en lo que queda de mí, y la soledad me abruma. Sé que mis parientes descansan tranquilos en algún lugar al que yo renuncié a viajar, y eso me reconforta un poco. Mi destino quedó sellado aquella noche de verano, cuando por amor, despechado ante el rechazo, rasgué mi alma que prendió colgada por una soga al cuello. Así rompí los sueños: los míos y los de mi familia. Ahora vago de aquí para allá sin rumbo fijo, desentendido de casi todo, acompañado de otros como yo, en busca de quienes quieran leer estas cartas olvidadas y abrir así sus mentes débiles en las cuales pueda introducirme. Porque ese escalofrío que recorre ahora tu cuerpo es por mi presencia. He venido para quedarme un rato contigo. Los muertos atormentados no tenemos mejores cosas que hacer, y tu miedo es ahora mi compañía.

 

©Gallego Rey  @mareaxenaterra

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