Los años partidos

Los años partidos nos convocan aquí, en este Noviembre de lutos, y la parte perdida de lo que somos asoma al precipicio que nos reclama futuros de tierra y sacrificios de sangre para nuestros olvidos.

Las plañideras descansan de derramar lágrimas fingidas, y nos asimos al momento delante del féretro que en cenizas camina a lomos del viento. La mar, como cloaca, absorbe nuestros pecados henchida de hartazgo, y nuestros nombres en blanco mármol descansan de repartir flores por los cementerios que habitamos solemnes; como sobrios dioses incinerados.

¡Qué tan poco se necesita para la nada! Y aún así regateamos el morir dignamente y resarcirnos de haber caminado entre los vivos sin más sustancia que arrastrar el peso de la duda que nos envejece.

Como los árboles, partimos la tierra en busca de alimentos para otros. Pero el morir de pie no nos es digno, y nos inclinamos ante la muerte sumisos y humildes. Tampoco florecen nuestras almas, ni en otoño depositamos hoja alguna de lo que somos – o fuimos – sobre la tierra que nos aborrece… Nos espera lentamente el invierno para hacer escarcha nuestros cuerpos de torsos desnudos que crujen pisoteados por otros, que ya reclaman su lugar y sus flores. Y sus llantos. Con su carne joven aún indemnes de reclamarnos nada, y que nada respetan.

Hace frío en este Noviembre de lutos, y las máscaras no llegan para calentarnos mientras construimos piedra a piedra los muros de nuestros cementerios…

©Gallego Rey. De La Fragua del Viento.

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