Adioses

Las risas de los niños revolotean por las estancias de la vieja casa abandonada. Se escuchan cánticos de fiesta, quizás en honor a San Mateo, tal vez por ser el día de la Virgen del Carmen. Poco importa. El tiempo deja impresa su huella allí donde alguien se entretuvo en medirlo al compás de la vida: nacimientos; bautizos, comuniones, días de fiesta, navidades, bodas, más nacimientos… Y al final velatorios y despedidas amargas, adioses llenos de lágrimas y desconsuelo: adioses de los más jóvenes que emigran en busca de donde caerse muertos; adioses de los ancianos que no pasan de su último día sin prórrogas; adioses de las llaves que un día cierran por última vez, dejando en el encierro un coro de recuerdos que se resisten a morir de pena recordando los buenos momentos…

Hay veces que los fantasmas se quedan entre nosotros para estar ahí cuando los necesitemos. Sólo hay que saber escuchar a nuestros corazones, y de cuando en vez visitar los momentos felices del pasado para revivirlos. También con los muertos que impregnan con su presencia de muertos nuestros buenos recuerdos.

©Gallego Rey.

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