Si vinieras

Llegas con los pasos a cuestas
de todos los caminos, cándida,
invariable, con el sol en avalancha
anclado a tu cintura.

Pero de dónde vienes caminando así,
hacia la mar, sonriendo como una niña
deshilachada, dichosa,
inmune a los acantilados,
indiferente a las tormentas,
invencible…

Y con ese serpentear subterráneo,
transcendente, que establece fronteras rectas,
curvas, inmóviles, andantes,
crueles pero no dolientes,
como a paso de perro agorero
que señala latitudes escenográficas
contrariamente conformes a si mismas.

De dónde vienes, que llegas,
que acudes a mí en el instante óptimo.
Veo en ti rojos, azules, verdes, lilas…
Todos los colores de la lluvia y la noche,
o es sólo un sueño seco y diurno,
otro escarceo mío con la demencia
que me miente y azora,
un fantasma que no lo es.

¿Soy yo que te reclamo, muerta o viva
edificada en un nuevo desvarío hirsuto
inocente y atormentado dentro de las tinieblas?

No. Veo luces más que sombras
y te esculpo viniendo hacia mí,
sin tormentos, agradable,
desde la mar para llegar al océano,
desde el rocío del fondo del alma.

Pero de dónde vienes
que llegas mintiéndome
diciéndome todas las verdades.
Yo estoy aquí, hecho de piedra, esperándote:
los ojos de piedra;
el corazón de piedra;
la piel de espinas
y la vida en tu espera…

Y flores para recibirte
mientras sople el viento
y ahuyente a los pétalos de la soledad,
tan solamente persistiendo en la espera
hasta que llegues a mí,
vengas de dónde vengas, si vinieras…

©Gallego Rey @mareaxenaterra

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