Diario de un Psicópata.

“…Había sido una insensatez, se dijo a sí mismo nada mas despertar. Quiso convencerse de que nada sería lo mismo a partir de aquel momento. Su falta de personalidad y el exceso de miedo lo habían estropeado todo, como de costumbre, aunque sabía que por muchas letanías que repitiese, en su mente todo seguiría igual, como siempre.

No sabía con exactitud qué había ocurrido, ni su cerebro quería recordar más de lo justo. Estaba bañado en sangre medio seca que olía a repugnancia y la habitación estaba hecha un desastre; desordenada y con todo tirado por los suelos. A duras penas consiguió incorporarse de la cama, maleado por los síntomas de una resaca de caballo que afloraba en su cerebro provocándole náuseas. Necesitaba beber agua fría para calmar el volcán de acidez que le ardía en el estómago y le quemaba la garganta, así que se dirigió a la cocina, tambaleándose entre las paredes que se resistían  a estarse quietas. El resto de la casa estaba igual que la habitación. La había liado buena.

Al pasar por el comedor la vio tumbada sobre la mesa, o lo que quedaba de ella. Era guapa, recordó. La había descuartizado casi por completo, solo quedaba de su esbelto talle el tronco y la cabeza. Tenia aún los ojos abiertos, sus ojos azules que ahora no brillaban ni se reían de él…

¡Puta, que eras una puta de mierda!,  le dijo mentalmente al cadáver mientras entraba en la cocina. Bebió de una botella que había en la nevera un gran trago de agua casi congelada. Al notar como le bajaba por la garganta su cuerpo corrompido por el exceso de alcohol se fue reconstituyendo en parte. Regresó al salón y se la quedó mirando, absorto. En el jardín apenas le quedaba sitio para seguir enterrándolas y sabía que no sería la última…

¡Putas, que son todas unas putas!. Esta por lo menos sì sabía follar. Por eso… Por eso supo que tenía que matarla. ¡Puta!

Quizás tendría que comprar una casa más grande, con un jardín con más espacio para su improvisado cementerio. La próxima vez tendría que montárselo con dos a la vez.

Sacudió la cabeza de lado a lado mientras pensaba que el mundo estaba lleno de mujeres como aquella, y su miembro se puso otra vez duro…

¡Putas, que sois unas putas! Se decía mientras se la meneaba excitado ante aquellos ojos que ya no brillaban ni se reían de él…”

©Gallego Rey.

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12 Comentarios

  1. Como mujer he sentido ese pánico que en el fondo todas sentimios de moche, solas al regresar a casa, porque esta sociedad que se escandaliza del sexo, sigue comiendo mientras la muerte la arrasa… Duro, y lo que es peor, no me queda el consuelio de que sea literatura fantástica.

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