Los Invitados

Los invitados recogieron tus cenizas,
antes, gozaron inmisericordes de tu presencia.
Se danzaron hermosas melodías,
se recitaron versos inesperados,
saciaron su sed los sedientos
y se alimentaron de sueños los poetas.
Yo te retuve sobre el trono,
libre y cautiva de tu destino
hasta que el sacrificio fue nuestro
y el sol enterró a la luna.
El valle amaneció fértil,
los ríos caudalosos,
y mi pena yació moribunda en mis entrañas.
De las cenizas aún conservo el fuego,
de ti la melancolía,
pero también partí con los invitados.
Nadie quiso quedar a tu entierro.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Finisterre

El sol esparciendo el otoño disculpa su ausencia entre las horas muertas que acompañan al ocaso.

Llueven gaviotas en Finisterre,
que apuran los tenues rayos que ya se van en su búsqueda marina.

Las almas recogidas de los muertos otean el horizonte, como las gaviotas, espiran resignadas un nuevo ayer.

En las azoteas de los acantilados brilla el silencio, y la voz de un mar hambriento recorre las almas de los que aún viven.

Sobre su lecho de estrellas la luna descansa, y yo escribo en estos atardeceres vacíos sobre la nada, esperando un gesto de misericordia que me libere de mi caminar errante hacia tu encuentro.

Así que dirige tus pasos hacia mi presencia, que si tú me aguardas será en vano.

Anclado a esta nostalgia te espero,
aquí, donde el sol muere esparciendo el otoño.

Más allá no me busques:
ya no queda nada.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Hoy es tu día

Mi numen familiar,
ya sin luz el espacio se acota,
desierta confusión que de pronto
con la ternura de un albedrío milagroso,
íntimo,
sonríe con mis ojos a la madrugada sorprendida entre luciérnagas y poesía.

Me gusta el desnudo de tu alma,
traída aquí, apacible,
contoneándose con descaro,
reluciendo atrevida a punto de germinar lenguajes; o bien bordes desnudos de palabras como señuelos para criaturas hermosas…

Musa mía,
afrodisíaca mandrágora,
“la bise apre”,
tu angustia y la mía al son de la belleza engendran instantes ilimitados,
silogismos al nivel de la piel
que tatúan el corazón de sustancias que se nos caen de la boca rimando amores,
esperanzando soledades,
respirando por los desvestidos del silencio…

Y ya casi nadie nos comprende
en este redondo universo
de ira y destierro de la palabra
donde se rompen a pedazos,
como si fuesen bestias,
las almas que brotan de los sueños en medio de este vendaval de mutismo,
de garabatos enredados en el vacío,
en el vértigo de los rumores,
en un c’est fini de porcelana que no debe romperse,
maldito…

Y hoy es tu día,
te reclamo pues, querida mía.

Gallego Rey. Derechos Reservados. En honor al día mundial de la poesía.

Solo es un hombre muerto

¿Es esta tu última respuesta? Preguntó el matón con indiferencia. – Sí -, contestó el pescadero con más dignidad que muchos de los chulos que pululaban por el barrio y que a la hora de ajustar cuentas se deshacían en llantos implorando piedad.

Un corte limpio sajó su garganta de lado a lado. Apenas un intento por respirar sirvió para que esa fuese su última acción entre los vivos.

El matón limpió la navaja de barbero en la solapa de la chaqueta del difunto. Sin remordimientos.

Dos golpes en la puerta le pusieron nuevamente en tensión.

– ¿Quién es?

– Soy yo, el chino

– Pasa

Aquel al que apodaban el chino entró en la habitación con cara de prisas, cruzó su mirada con la del matón apenas un segundo antes de ver el resultado de su trabajo.

– ¿Lo has matado?

– No, está durmiendo, ¡No te jode!

– Pues sí que la hemos hecho buena…
El matón lo miró con cara de hastío.

– ¿Y ahora qué?

– Nada, que este no era

– ¿Cómo que este no era? Explícate…

– Pues que no era, que no, que la mujer del jefe ha cantado y este no era el pringado que se la tiraba

– Bueno…, ¿y qué?

– Nada, por mí nada

– ¿Está la Mónica por ahí?

– Sí, por ahí anda

– Pues dile que se prepare, me apetece echar un polvo, después de degollar cerdos siempre me pasa lo mismo: me apetece follar

– ¿Y con este qué hago?

– Haz lo que quieras; solo es un hombre muerto.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Carta a la parca

Lo que más temo no es de ti que me lleves
sino que me embosques y sorprendas aún joven
por este tránsito penar, y que sin tiempo
me dejes en memoria de unos pocos
que se atrevan a recordar mi nombre
si no te llevas eso también contigo
a donde quieras que me lleves llegada la hora.
Déjame de viejo la circunstancia
que nos obligue al pago de lo consumido,
me reconfortaría si llego así para verlo
y te estaría agradecido
si la gratitud fuese moneda de cambio
en el otro mundo.
Pero si al final la barrera que se cierre tras la muerte
sea lo último que divisemos
y llegado el día que mirando de frente al espejo
el reflejo me lleve a la nada
y mi alma ausente me deje
y mi cuerpo se aparque en el camino como una roca
moldeable por la lluvia y el viento, pero inerte
sin más forma que el desperdicio de lo que hoy en día soy
– nada-
pregúntales a los ausentes que aquí me dejaron
el por qué de esta existencia, fría, inútil,
porque aunque no hablen los muertos, ni pidan excusas
quisiera comprender tanta locura que sufro en mis adentros
y saber aunque nunca sepa nada
que mi existencia es tan importante
como la de la hoja que se lleva el viento
y termina en la memoria de la belleza
que el otoño nos regala.
Si la respuesta es que no importo nada, no me importa
yo sé que para ti existo
porque me buscas
porque me tienes en tu lista
y aunque no sea más que otro nombre que quizás no te importe
me llevarás contigo, y esa carga
ligera o pesada
será la prueba de la importancia de mi triste vida
que como una hoja que se la lleva el viento
termina en la memoria de la belleza
que la vida nos regala.

Gallego Rey. Derechos Reservados.