Cómo te digo que no esta noche

Soledades a oscuras,
el rumor de las sombras apenas es
una callada respuesta que plantea un coloquio
entre laberínticos obstáculos de infinitas manos,
crepúsculo de aves de paso como dedos hurgando
en tu vientre, como una oruga que se desliza
hacia el dolor al completo de un ansia reprimida.
Amaneces exhausta de horror por la falta
del otro a tu lado, fuego helado,
una lluvia de cadencia suave y lenta
que cala en tu alma como un liso llanto de socorro.
Vibran las llamas del desasosiego,
la fría soledad mece el deseo,
sienten prisa tus piernas por acobardarse
ante el varonil saludo antes del festín
y en una orilla de horas muertas cruje
apenas un suspiro ahogado,
y aceptas la derrota de la nostalgia
y ya no caben más soledades
donde esconder la vida,
para despertar del sueño reducido
a la memoria de olvidados besos
de oscuro deleite entre ánimas en pena.

Y ahora que sé que me deseas,                                                                                        cómo te digo que no esta noche…

 

©Gallego Rey

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