Noche de encantos.

Los gatos escaldados
meditaban su retirada de la noche,
mientras,
tu acordeón sonaba sobre las farolas
y en alguna habitación cercana
se intercambiaban jadeos.

Yo me sumé al delirio,
cedí al impulso por un instante
y bailé moribundo todas tus canciones.

A la mañana,
el sol recogió los rescoldos de mi alma
y tú guardaste mis cenizas junto al acordeón,
en un lugar en el olvido.

¡Lástima no haber dejado partituras!

Gallego Rey. Derechos Reservados de La Fragua del viento.

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