Finisterre

El sol esparciendo el otoño disculpa su ausencia entre las horas muertas que acompañan al ocaso.

Llueven gaviotas en Finisterre,
que apuran los tenues rayos que ya se van en su búsqueda marina.

Las almas recogidas de los muertos otean el horizonte, como las gaviotas, espiran resignadas un nuevo ayer.

En las azoteas de los acantilados brilla el silencio, y la voz de un mar hambriento recorre las almas de los que aún viven.

Sobre su lecho de estrellas la luna descansa, y yo escribo en estos atardeceres vacíos sobre la nada, esperando un gesto de misericordia que me libere de mi caminar errante hacia tu encuentro.

Así que dirige tus pasos hacia mi presencia, que si tú me aguardas será en vano.

Anclado a esta nostalgia te espero,
aquí, donde el sol muere esparciendo el otoño.

Más allá no me busques:
ya no queda nada.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

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