A ella.

Te dueles a ti misma
goteando heladas melancolías
mientras sudas el último éxtasis inútil de una inocencia torpe.
Al caer la lluvia y asomar a mi mente un árbol solitario,
también a mí me dueles:
suspendido;
oscilando;
gravitando en torno al abandono
que me dejas.
Mi soga tu silencio,
y ya no hay tristeza en mis ojos
que trastean en el infinito.
Arde la tarde lenta,
caída en agua como quien
rompe a llorar.
A ver cómo me desciendes ahora
de tu cuerpo: si vivo o muerto.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Los sueños de Fergot

Sembrada de círculos oscuros,
la soledad.
Ya no sueño con nada,
me desanido de la oscuridad
como quien se acicala para abrir las puertas a lo tenebroso:
un contrasentido, lo sé.
Llévame contigo a ningún lugar,
donde abandone estos arrebatos de metamorfosis indicios de que me acecha tu presencia.
No quiero reproches malditos:
a las tinieblas no se va con un equipaje cargado a la espalda,
ni con miedo a olvidarse;
se va; simplemente.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Te extraño

Ya no queda nada de ti en mis tinieblas. Me quedé solo enredado en tus oquedades hasta que la luz se inclinó ante el desorden imposible de tu cuerpo dado al desastre. Luego tañeron las campanas de la Iglesia donde celebraron con júbilo el silencio de los resquicios apaciguados de tu voz; y las sombras al huir de los ángulos y las paredes derramaron vacíos acordes al momento.
Te extraño.
Ya nada se desborda en mi mirada cuando te miro sin encontrarte.
Será que el vértigo me va deshabitando mientras corro tras de ti. Sin alcanzarte.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Tragedia Mía

Ya puedes tragedia mía vestir las ropas de llanto,
los años partidos nos convocan aquí, en este noviembre de lutos,
y la parte perdida de lo que somos asoma al precipicio que nos reclama futuros de tierra
y sacrificios de sangre para
nuevos olvidos.
Las plañideras descansan de lágrimas fingidas, y nos asimos al momento delante del féretro,
que en cenizas camina a lomos del viento.
La mar, como cloaca, absorbe los pecados henchidos de hartazgo,
y nuestros nombres en blanco mármol descansan de repartir flores por los cementerios que habitamos, solemnes,
sobrios dioses incinerados.
¡Qué tan poco se necesita para la nada! Y aún así regateamos el morir dignamente y resarcirnos de caminar entre vivos sin más sustancia que arrastrar el peso de la duda que nos envejece.
Como los árboles,
partimos la tierra en busca de alimento para otros,
pero el morir de pie no nos es digno y nos inclinamos
sumisos y humildes.
Tampoco florecen nuestras almas, ni en otoño depositamos hoja alguna de lo que somos,
o fuimos, sobre la tierra
que nos aborrece.
Nos espera lentamente el invierno para hacer escarcha nuestros cuerpos; torsos desnudos esperando crujir pisoteados por otros que ya ocupan su lugar,
y sus flores,
y sus llantos;
sus carnes jóvenes aún indemnes de reclamarnos nada y que nada respetan.
Hace frío en este noviembre de lutos, y las máscaras y las mortajas no llegan para calentarnos mientras construimos piedra a piedra los muros de los cementerios, así que,
ya puedes tragedia mía,
vestir las ropas de llantos.

Gallego Rey. Derechos Reservados. De La Fragua del Viento.

Pensamientos de vacío y estrofas sueltas

Todos los ojos te miraron
Los ciegos se alegraron de no verte
El olvido curó el espanto

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La lluvia se hizo escarcha
Tus manos elaboraron las primeras nubes otoñales
Al fin descansaron las mariposas

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Libera el viento su pena
Alegra la tierra con lágrimas esparcidas
Ya nos sonríe la primavera

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En el espejo te miras
Tu rostro inmortalizado no se queda quieto
Tampoco el olvido parece inmóvil

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El trigo espera su siega
Las palabras en tu boca lloran penas
Alimentarse no entiende de lástimas

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El invierno cobija los deseos
En la primavera maduran los grandes sueños
Otoño y verano caminan solos

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Hallada la paz
Los hombres se matan.
Sólo la muerte impone cordura

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La paz no es mas que un deseo
Lo que tú vislumbras
Es sólo una tregua

Gallego Rey. DERECHOS RESERVADOS.

Sereno, o la levedad del Escorpión enamorado.

Me sirve una yacija
con tu cuerpo al lado
para zumbar esta noche
la mala sombra de meses a solas.

Quiero hacer contigo
un derrumbe de amor y dolor
que el odio incinerado
– al conocernos –
en vano nos enfrentó como escorpiones, y ahora,
sereno,
multiplica el ansia de regocijarnos
como en la guerra;
sin marcha atrás;
carne contra carne,
sin treguas ni rendiciones.

Una yacija
y mis propias tinieblas con tu luz,
me sirve,
y como acabado de nacer tu cuerpo elevando delirios;
atronando como un volcán
que escupe lujuria y humedad
arrastrando consigo
mi propio cuerpo;
enclenque;
intruso;
ganándose cada extravío de tu aliento y el derecho a diluviar
en tu vientre el curso
de una nueva vida.

Luego,
cuando amanezca la oscuridad,
déjame en la yacija como a un muerto a la orilla del paraíso,
y vete llevándote contigo
mis cenizas y el recuerdo.

Gallego Rey. DERECHOS RESERVADOS.

A través de los pasos de las camelias

A través de los pasos de las camelias condujo la brisa a nuestro camino las notas musicales de una melodía perdida

Sincronizamos nuestros corazones para bailar la danza de las ninfas, mientras espoleábamos a las nubes para copiar el rojo ocre de aquel otoño

Se iban forjando destellos de un principio que intuimos perecedero, y en la danza fuimos inventando pasos para no perder el paso, pero tropezamos inconscientes en el deseo y ya sólo quisimos amarnos…

Gallego Rey. Derechos Reservados. De La Fragua Del Viento.