Despojos

Rallo la noche con los párpados
hasta el límite de mi alma,
libando con mi boca desdentada la intemperie ardiente;
los huesos fríos y amargos del vacío de su luz,
y ella sólo me devuelve despojos revueltos danzando sobre la agonía del desdén y la dureza de la lejanía al escuchar el eco árido de su voz.

Sabe que en el foso donde habito hay un mundo de días cerrados donde el miedo me come mientras busco claridad en el tiempo;
libertad;
horas sueltas que perduren;
romper con los deshechos;
dar resplandor a la oscuridad…

Pero el paisaje que suscito se nutre de miseria, cómo evitarlo,
el prodigio de mi vida está en seguir viviendo, porque es verdad que soy bien poco bajo esta especie de máscara que me oculta;
Quasimodo,
vencido por los rostros iguales de serafines arcanos.

Tan sólo necesito para emanar belleza un arrebato desnudo
de mi alma; desconocer la ira;
quebrar las dudas que se reflejan en mi interior y guardar los despojos de mis tormentas concediendo cierta piedad
por mí mismo

¿Y si entonces amanezco ideal,
con apariencia humana?

Llego tarde ya a esa cita
con el destino.

PD- El orden de los versos por razones del editor de texto no es igual que en el texto original.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

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