Inevitable amarte

Nos saludamos. Andabas envuelta en sueños empapada de custodias, esa es la verdad, el eslabón más débil, en apariencia. Luego, nos cruzamos un adiós a destiempo vestido de perdóname, a caballo entre la noche harapienta de mi corazón desterrado y la claridad de tu infinito.

– Sube a mi vivir en calma, camarada.

Me invitaste a soñar, a pesar de todo. Y en ese soñar encontré la ventana de tu sonrisa abierta de par en par que esperaba desde niña a este pobre asustado para desterrar de sus ojos toda tristeza.

– Vendrás conmigo. No lo dudaste ni un instante.

– A dónde, pregunté yo.

– A buscarte entre los dioses heridos.

Pero el odio hace crecer la luz de la noche y me negué a la música de tus labios. Entonces, tú, hábil, asesinaste todos mis malos ayeres que vivían hacinados esperando traidores en mi oscuridad mascullando letanías de nada bueno. Los fusilaste.

En ese momento vi la cordura de mis facciones colgada en esa ventana, y en tu boca mi pretérito nombre ya no se parecía al de tantos otros, sino que sonaba a tu voz de ángel y a victoria: tu victoria.

Nadie supo pisotear mis lágrimas de autodestrucción con tanta delicadeza como tú. Ahora ya es inevitable amarte con mi corazón abierto de par en par. Y lo sabes.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

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