Era tarde

Odio la lógica de la oscuridad que abre crepúsculos con raíces.

Tiembla.

Un amargo encanto cayó atroz sobre tus manos; mendigo, sátrapa. A defender tu luz acuden mis miedos, también los ancianos, las putas y los niños. Poco ejército, cargado además con la culpa o inocencia. En todo caso, lo que queda para hacer frente a la afrenta de la serpiente y la
hembra.

Araña la tierra.

Y coge la manzana agredida con la culpa y entiérrala. Así la tierra detendrá al tirano que escribe torcido, que roba el sueño de los vientres anegados de esperma.

Huye.

Lo harían los árboles por ti, pero eligieron tener raíces ancladas a la tierra.

Era tarde.

Era tarde cuando aprendí a quererte. No me eches la culpa. Imagínate en el centro de la noche, sin creación, sin principio ni vida. Necesitaba un dios para justificar tu búsqueda y una mitad hecha de tu costilla. Lo de variar el orden no fue cosa mía. Fueron nuestros hijos, compilaciones precipitadas y sin orden que creen equivocadamente. Mis ojos hundidos en el tiempo ya no los ven, y a ti te maltratan.

Debo volver.

Debo volver, o será tarde para regresar sin ti.  Algunas madrugadas me sorprendo mirando mis manos encantadas, como si un sortilegio oscureciese mi mente. Entonces huyo, pero siempre hacia ningún lugar. Hoy también era tarde cuando vino a visitarme la demencia. Charlamos. Me habló de ti.

Odio.

Odio tanta lógica oscura y tu silencio. Quizás sea tarde para preguntar por tu nombre. Quizás…

Gallego Rey. Derechos Reservados.

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