Me quema mi silencio

Deshojando el paisaje de tu cuerpo he pretendido mantenerme en silencio, por eso evito tanto el ruido como la voz jovial de tu insolencia que vibra en arrebatos de encaje y olor a almizcle; dulce trampa para sostenerme sonámbulo cerca de ti. Pero, ¿Cómo callar si tus manos me chillan por todo el cuerpo como buscando diálogo?

Eres como una tempestad húmeda donde se hace inútil resistirse a la condena del Tártaro, e incluso no ser condenado supondría un escarmiento mayor.

No hay aristas de tu ser que no me duelan al rozarme tan parlanchinas, por eso no pares a pesar de todo, haz como si no te escuchara y gritame más. Sin lugar a dudas me lo merezco por no saber aullar en tus labios, ni querer conversación cuando se revuelven las palabras en la punta de mis dedos a punto de volverse locas por no poder tatuarse en tu piel y derramar auroras que nos despierten desnudos, pasando una página de nuestro cuento para empezar inmediatamente a escribir otra.

Me pregunto cuánto tiempo más podré evitar pronunciarme. Me quema mi silencio.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

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