El último vals. Relato corto.

Toda la luminosidad del universo parecía concentrarse en aquella estancia. Fue a mi entrada siendo el último de los invitados en llegar cuando los demás reconocieron en mí al portador de sus destinos, y como sucede con las polillas que son atraídas por la luz de una bombilla que ilumina la noche, pero al revés, a una clavaron sus ojos en mi figura de ser oscuro. Y eso que nunca tuve intención de ser centro de atención, tampoco que me reconozcan como lo que soy.

Caminé con orgullo entre todos ellos con paso firme, hasta tomar asiento en el centro de sus vidas. A veces me gusta hacer estas excentricidades de arrogante y cazar grupos de almas para romper con la monotonía del uno a uno.

No recuerdo quién de los presentes había cursado mi invitación, quizás una psique atormentada que deseaba celebrar su última fiesta. Carece en todo caso de importancia. Yo solo hago lo que se hacer sin preguntar razones o motivos, aquello para lo que fui concebido. Así que comenzó a sonar la música; mi música, y las almas de los difuntos allí presentes danzaron al unísono su último vals para mí.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

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