Elogio a la crítica

No hace mucho critiqué un artículo de opinión que había llegado a mí vía facebook. Mis palabras, como no sé decirlas de otro modo, fueron contundentes: un insulto a la inteligencia y que me esperaba mas de la autora después de haberme ganado con su prosa celestial con un artículo sobre Cuba. Sublime, por cierto.

Otra persona de las muchas de piel fina que pululan por este mundo hubiese reaccionado de forma enrabietada y furiosa, iniciando un debate tan estéril como malsonante. No fue el caso. La gente con clase, por mucho que le duela una crítica, y por muchas ganas que tenga de ponerle las peras al cuarto, sabe que de una crítica hay que saber separar lo que es la propia crítica a un escrito, trabajo, acción, opinión etcétera, de lo que sería un ataque personal y gratuito. Si no se da lo segundo y la crítica es sólo eso, una crítica, por muy injusta o dolorosa que nos parezca, siempre debe servir para crear un sano debate. O no. Se puede pasar del tema y santas pascuas.

Yo he aprendido mas de las críticas que he recibido que de los halagos. Y créanme si les digo que he tenido “maestros ” en esta vida que no regalaban nada, ni la mas simple muestra de afecto.

Hoy en día criticar ciñéndonos al acto puro, sin entrar en valoraciones personales se está convirtiendo, como diría Pérez Reverte, en un asunto de honor que traspasa lo criticado estrictamente para convertir el supuesto/a ofendido la cuestión en personal.

Yo elogio la crítica por muy necesaria. Elogio a la gente que no se esconde entre la multitud para gritar aquello de qué bello es el traje nuevo del rey cuando todo el mundo ve con sus ojos que en realidad va desnudo. Elogio incluso el derecho a equivocarse y saber rectificar. Miren ustedes, esta persona a la cual le critiqué ese artículo en concreto, hoy en día es una de las personas que mas respeto, cariño y admiración provocan en mí. Y me ha callado a base de escribir auténticas gozadas. Algunas de sus amistades me dijeron de todo, por cierto. Siempre hay quien Quijote justiciero ve gigantes donde sólo hay molinos.

El caso es que nos estamos acostumbrado a creernos en el derecho de no recibir crítica alguna, y cuando las recibimos reaccionamos por la vía de lo personal. Y en esto del mundillo literario, como en general en cualquier mundillo artístico, las flores son veneno y la crítica una ofensa. Hay tanta gente ahí fuera arrogándose el derecho a loar el traje que no lleva el rey desnudo, que compiten entre “ellos y ellas” por ver quien hace mas y mejor la pelota. Pues no.

La crítica es tan necesaria como enriquecedora, incluso la mas virulenta, siempre y cuando, como he dicho, no traspase al plano personal. Y en ese sentido me siento huérfano de lo primero y millonario a la hora de recibir insultos y descalificaciones.

Tengo fama de pendenciero por criticar lo que considero basura. No la tengo así de ilustre crítico cuando comparto, divulgo y alabo el trabajo que considero bien hecho. Y es curioso porque la proporción es de cómo mínimo cinco a uno a favor de la alabanza contra la crítica. Pero eso no se ve.

Yo no soy mucho de resolver cuitas personales vía redes sociales sin dar oportunidad a las personas a defenderse de mi mordaz lengua, entre otras cosas porque me han enseñado que lo que no tenga a bien decir a la cara no lo diga a las espaldas. Así que este “gilipollas”, que muchos piensan que busco minutos de gloria, como si discutir en un foro de internet glorificase a alguien, seguirá criticando dentro del orden. Y además debo añadir, aunque esto debería estar sabido, que la diferencia elemental entre criticar y llamar gilipollas a alguien está tan clara que no me es desconocida. Cuando yo quiero llamar gilipollas a alguien procuro hacerlo de forma que se entere primero la persona indicada y no le tenga que llegar de segundas, y además sin esconderme. Esa es la diferencia entre ir de cara y actuar por la espalda.

PD- Esta entrada está dedicada a quien por falta de agallas y sobrada cobardía me van insultando a mis espaldas, en especial a Thelma García del escritorio del Búho, y a un tal Frank Spoiler, por no tener lo que hay que tener para con arrojo y valentía decirme a la cara directamente todos esos epítetos que me regalan por la espalda.

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10 Comentarios

  1. Sabes lo que pasa con las críticas que si se hacen en público pueden llegar a doler.. Personalmente, si yo no veo bien una cosa, intento siempre decirla discretamente porque un@ puede ser muy susceptible y sentirse mal.. El mismo derecho tenemos de criticar lo que no nos gusta cómo de rebotarnos si nos hemos sentido mal por ser juzgados.. Estoy contigo en que las críticas si son constructivas no son malas, todo lo contrario, pero hay personas que buscan la crítica para hacer daño (que no creo sea tu caso) y eso no lo veo bien 🙂 .. Abrazos de luz

    • De acuerdo con un matiz: yo hablo de la crítica a un trabajo, en este caso de cualquier escritor. Cuando trabajaba para medios de información como columnista de opinión me llovían, como a todos, críticas como panes de gordas. Es lo que hay cuando aceptas mostrar en público tus opiniones. Que me digan que lo que escribo es una mierda me lo tendría que tragar, de mala gana, pero tendría que hacerlo. Otra cosa es que fruto de esa crítica empezase a insultar por las redes a quien me hubiese criticado sin dar oportunidad a defensa o réplica, Y peor aún que se sume al linchamiento un coro de personas que ni saben de qué va el tema ni conocen a quien están lapidando ni porqué. Además, yo sólo suelo ser duro en la crítica con aquellos que van de sobrados presumiendo del talento que no atesoran. Mención aparte de aquellos otros que como dije una vez, sólo les interesa el postrero y peloteo mutuo. Son más las personas que pueden acreditar que en mí encuentran un apoyo que esas otras que tan alegremente se creen que soy un demonio.

    • Gracias. Pero creo sinceramente que con capacidad para escuchar se solucionan muchos problemas. Estoy seguro que la cuestión no está en medir mi valía o la de ellos, sino en centrarnos en hacer bien cada uno nuestro trabajo. El problema viene cuando gente que se declara como aficionada se ofende porque alguien, sea yo u otra persona, les dice que no tienen ni pajolera idea de lo que están haciendo. Cuando se mezcla un pasatiempo con una actividad profesional suele ocurrir que el resultante sea malo. En este caso en concreto, para situarse, mi crítica fue dirigida hacia el resultado de un trabajo y la manifiesta incapacidad de quien lo realiza, que por cierto ella misma reconoce que no es lo suyo. Pero como en este país todo quisque se atreve con todo,pues lo mismo un día nos encontremos en un hospital a un cirujano y a un albañil que por hoby intercambian por un día sus roles, y así el primero se ponga a levantar tabiques y el segundo a operar a corazón abierto. Por hoby.

  2. Me siento muy identificada con lo que dices sobre las críticas.

    Si son honestas y no ofenden a la persona, y de paso, si pueden dan una idea del camino a tomar, me parecen un acto de amor.
    Peor sería que si leemos algo que consideramos basura lo dejásemos crecer hasta que su olor apeste el planeta. Hay muchos casos como esos, después terminamos creyendo que lo bueno es malo y lo malo bueno, porque de la repetición de contenidos aparece el criterio de las vanguardias.

    De un tiempo a esta parte, me guardo mucho de hacer críticas porque sé que no son bien recibidas. Solo hago hincapié en los errores ortográficos (detesto leer “sólo” y “éste/a, ése/esa”), siempre respetando el habla regional del escritor. En poesía la vara es más complicada y cuesta mucho aclarar puntos oscuros o no seguir el gusto de las corporaciones.

    Fue un placer leer tus poemas. Me sorprendió que fuera Baudelaire uno de tus inspiradores, porque cuando los leía pensaba en su estética poética, como línea fundadora de un malditismo conmovedor.

    Lu

    • Da gusto poder charlar con una persona con las ideas muy claras. Por desgracia yo sigo usando palabras que usted detesta, pero es más por costumbre que por otra cosa.
      Estoy de acuerdo con su opinión sobre dejar crecer la basura, que por desgracia es lo común.
      Y sobre mis influencias poéticas, aparte de Baudelaire hay otros nombres, evidentemente, pero Las Flores del Mal está muy presente siempre en mi cabeza, y un ejemplar siempre en mi mesita de noche.

      Por cierto, lo que he leído de usted me ha gustado como hacía tiempo no me enamorada nadie con su pluma. Talento, mucho talento.

      • No me refiero a que deteste las palabras sino a que no deberías acentuarlas.

        La lucha por el poder es la lucha por el lenguaje. Y si lo haces es una rebeldía seudo progresista que ofende el buen gusto por el idioma (no importa si fue la RAE quien ahora admite que solo y los pronombres demostrativos no llevan tilde porque es bueno, independientemente de quien lo diga)
        Ese “quien” no lo acentúo deliberadamente.

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