El pacto (entre tú y yo)

Se acotan los espacios entre las palabras frías que anegan de dolor nuestros labios.
Se rompe la utopía y no me quedan lágrimas en la recámara,
ni un triste verso para apuñalarme.
Ya llego tarde a todo otra vez,
como si todo estuviese por venir.
También yo sé olvidarte,
pero te amaría igual como un planeta que orbita alrededor de tu magia, y en el mismo mecanismo al hilo de los recuerdos también tú sabrías decirme adiós atándome a la comisura de tus labios.
A qué discutir entonces si nos tienta tender el cielo y amarnos.
A veces, en ocasiones,
tanta fragilidad derrama miedos uniendo almas descomunales,
en otras, las verdades banales reclaman demora para no enhebrarse a las cuerdas vocales y tener que ausentarse por vergüenza.
Aguardemos entonces a la próxima cita canalla para jalear nuestras ganas de quedarnos a solas dándonos la espalda,
rotos,
con los ojos anegados en lágrimas, envueltos en la inocencia de culpar al otro,
y hoy que sea antigua la herida infringida, como si estuviese prohibido deletrearnos blasfemias que sangran más blasfemias.

A quien rompa este pacto
que el olvido se lo lleve.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

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