Noria errante.

Confundí mi mundo con su espera, desarrollando surcos de amargura en las otrora ávidas miradas de nuestros
ojos al buscarse,
así que vuelvo a ti, mi soledad,
cansado y destrozado como el viento incapaz de deshojar pétalos de rosas por amor,
porque la derrota vive donde hay lágrimas desoladas,
dementes,
lejanas a la alegría por esa distancia que marca el reproche de un adiós sin atrevimiento.
Me había vuelto a enamorar de un espejismo, lo reconozco:
otro crepúsculo más sobre mis hombros que resquebrajaba mi cuerpo, pero ya no queda aliento tibio que me sujete a ese engaño,
lo he dejado partir de mi boca reseca, y otra vez vuelta a empezar, como una noria que gira errante:
abajo,
arriba,
abajo,
arriba,
sin tiempo ni para consolarme.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

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