Mirarte

Con la expiración del fulgor
en mis frágiles ojos caídos,
quebrándome,
por vocación de olvidado
retallo que surge de noche
a la luz de una copa de vino
escanciado en tu boca por mis
manos revueltas, ignoradas,
que se vuelven polillas sin luz
donde esconder sus alas.
Tan desnudo me dejas al mirarte
que no me dejas nada,
salvo desesperación y sueños;
polvo de estrellas y un velo
que soporta las distancias
entre tu piel y no verte.
Quizás sea mejor así,
que no existas más que en el
mandil donde te guardo
para bañarme cada noche
en tus ojos, desvariando,
alargándome como un cuerpo
sin sombra, tumbado en la
densidad de una quietud
que siento en la agonía
de mi silenciada voz, que te
reclama sin haber sido nunca mía
mas que en los espejos
y en mis madrugadas a solas,
donde el folio y tus dedos
me enredan, y me vencen los pesares, y se desatan a la orilla
del miedo todas mis lágrimas
al escribirte, al diseñarte como
si fueses las raíces mismas
del fuego que me consume
por esa manía de mirarte,
con la expiración del fulgor
en mis frágiles ojos caídos,
quebrándome,
por vocación de olvidado
retallo que surge de noche
a la luz de una copa de vino
escanciado en tu boca por mis
manos revueltas, ignoradas,
que se vuelven polillas sin luz
donde esconder sus alas,
y siempre vuelta a empezar.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

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