La vejez

¡Qué curioso!
He buscado en el fondo del alma la fugacidad de mi vida;
el espejo de mis rumores;
el agua que corre dibujando siluetas; la madera noble de sombras y silencio; las huellas de las cenizas pordioseras…
Y solo en el confín de mis oídos,
algo, unos labios que tal vez pasaban por allí, me miraron de soslayo para abrir en mi pecho, de par en par, una vejez hirviente con su aliento agolpado como se agolpa la profundidad de la mar, y germinar dentro de mí raíces de serenidad como volcanes teñidos de sol.
Tu voz.
Era tu voz, como una escoba barriendo las sombras de mis malos recuerdos antes de encender el dulce atardecer del sueño pescador del destino.
Y yo canto victoria por encontrar con serenidad la noche que llega, como la vejez de aquel soneto que decía:

“…Que tiene la vejez horas tan bellas como tiene  la tarde sus celajes, como tiene la noche sus estrellas…” *

* Del poema La Vejez;

Vicente Riva Palacio.

México  (1832-1896)

Gallego Rey. Derechos Reservados.

 

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