Como un pollo sin cabeza

La desnudez de mis manos
engarzadas a múltiples brazos,
inútiles de llevar,
desconfiadas de la memoria
que produce dolor,
me asienta como un peso muerto
en el eco concreto de un entonces
manchado de íntima ternura.
Todo mi cuerpo es un lastre,
un invento inigualable de espíritus sueltos asilvestrados,
una Pandora sin su caja,
cuatro paredes sin ruidos;
sin ángulos;
sin rostro;
totalmente a solas con la
verdad de sus lágrimas.
Soy:
el único que se atreve a decírmelo
el único que viste de embriaguez
a las sombras que dan sentido
a las texturas de mi desdén
por el tiempo que aún me
quede por vivir.
Soy, probablemente,
incluso el único que me quiera,
a pesar de todo:
como un pollo sin cabeza.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

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