Pero soy

Los renglones bárbaros de la
desmemoria me auscultan
agazapados tras la tormenta
que habitamos, sin inspirarnos,
los poetas.

La soledad (me) subsiste sin raíces
estancada en el abandono,
como una mujer benévola
ante la sombra de un hombre
culpable de su fragilidad.

Escribo herido de muerte,
huyendo de las formas;
de las posturas frente al espejo;
del público lector alucinado;
del miedo a vomitar heridas
que duelan a otros;
del aullido de mi indefinición;
de ese viaje sin esfuerzo allí donde siempre amanece un falso sol ondulado y aburrido.

No ofrendo dioses a los vivos
ni tanto amor que detenga el tiempo en los labios de nadie.

Desde esta apariencia de cordero
me vacío de umbrías,
y el resultado es la esperanza
que descifre el gozo de mis manos por exclamar que me gusta conocer el horror que hay en las tinieblas de toda alma humana.

Soy como una tempestad que nunca se desata, los renglones bárbaros de la desmemoria.

Pero soy.

Dedicado a Dunia Arrocha Hernández.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

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