Versos

Olvidé en un cercado de oscuridad amanecer contigo, con las manos revueltas en tu pelo, con tus besos jugando a ser poesía en mis labios.
Después, pobre idiota,
regresé raudo a por las palabras que mi imprudencia había dejado en el vacío amarillento de una vigilia de barro y sal, con el reloj del quizás contando mi suerte en su esfera, cual timón de un malogrado navegante sin barco, encayado en una plegaria a un dios cualquiera por encontrarte.
Jarreaba, jarreaba miedo a perderte en la quiebra de mi voluntad, y en esa intemperie vi tumbado tu cuerpo armónico; toda tu vida.
Suspirabas por recordarme,
y suspiré yo con el corazón en huelga, hondo, como esculpiendo lágrimas de alivio en mis mejillas,
no sin razón: tenías aun grabados en la frente unos versos como faros, de esa vida que escribí para ti, para reconocerte por si el abismo de mi desmemoria me dejaba próximo a la nada.
Sí, esos versos, como soles, redondos, con los pájaros de la luz revoloteando entre los enredos de tu piel de fuego, como despertando de una promesa cumplida al amanecer, con tu pelo revuelto en mis manos y una poesía jugando a besarme.

Hay veces que lo que se olvida en la oscuridad merece tanto la pena que es lo que nos enciende los focos de la memoria.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

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