Al tercer día

Traicionado
me adormezco
a la sombra del ciprés.

Esta noche la muerte le sonríe a la muerte que habito – marginado –
al colisionar contra los
rumores de trapo,
pero aún me quedan restos de dudas en los ojos, como un calvario que camina hacia la cruz
dentro ya de un sepulcro trasparente donde soñando hasta el delirio de ser Dios he de ser,
siempre, negro trance.

Mi peso muerto es el sepulcro;
la última piedra y el palacio
pavoroso sin luz,
y me estremezco fascinado
por la ausencia del dolor puto:
estará perdido buscándome
en el sinsentido de la resurrección
oponiéndose como una
montaña al viento.

También yo,
si no me veo no me creo.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

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2 Comentarios

    • Hola. A ver, sólo es un escrito. Estoy experimentando, trabajando en temáticas históricas intentando buscar otros puntos de vista. Este es, obviamente, un poema basado en Jesús de Nazaret, el hombre, y cómo podría haberse sentido ante los hechos narrados en la Biblia sobre la traición de Judas y su inminente calvario y crucifixión, sabiendo que sólo era un hombre al que a posterior elevaron a la categoría de Dios. Paranoias mías, en todo caso. 😊😊😊

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