Renacido

Acaricio la luz del sol con el barro quebrado en mis dedos;
la escoria desterrada;
el corazón limpio
y Dios recorriendo mis venas.
Incrédulo, lloro feliz por mí,
ese sol es un águila maternal;
el vientre armónico que me
precipita hacia esa luz opuesta a la vieja oscuridad, desvaneciendo el miedo a su bello rostro.
Tomo nueva forma, cuerpo,
consciente de que no todo es un juego de rutinas y quejas,
que la suerte no es el remedio
a la voz de la mentira,
y que hay que aceptar la metralla de la vida, producir amor para desterrarla, decirle adiós quebrando de la piel el barro
y llenar el alma de gozo.

Ahora, llamarme el renacido
si queréis, pero miradme,
ya no soy la sombra
sino la luz consciente de la astucia del que juega a ganar la vida,
como los pájaros de la alegría que vuelan en los labios de quienes aprenden a sonreir a pesar de las circunstancias.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

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