Como ese libro

Como ese libro que asoma
de páginas en blanco a mi memoria
a resucitar recuerdos y nadas
y el silencio cuando late el corazón de la noche sobre mi corazón
y escucho al alma del alma.
Como ese libro de desvencijabas
sombras que se clavan como puñales en mis retinas, como un rostro seco de la derrota, como tu voz era una roca
que agrietaba madrugadas sobre los tejados desnudos de la soledad.

Como ese libro,
ese mismo libro donde prendido de un epílogo me encuentro,
y te hallo.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Anuncios

El soplo de la vida, el tabaco de la muerte

Fumas tu cadáver
untando de espuma la muerte
como un acantilado que sangra
del revés los nudos de la vida.
Mar adentro irán las olas a buscarte para llevar tu esqueleto al lugar fiero que amansa al cuerno de la desdicha.
Habrá gozo;algarabía, fiestas y timbales a tu regreso al nicho
donde habitamos los que fuimos,
habrá un niño en su vientre esperando el relevo para abrir las puertas del mundo,
habrá serenidad tras el llanto
alegre de quien da a luz al destino,
habrá un cadáver fumàndose el tiempo, erguido sobre su vanidad,
y el resultado a todo será la silueta de la costa de la muerte a babor de la barca, y a estribor el sol naciente;
el soplo de la vida,
el tabaco de la muerte.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Hay algo abandonado de mí en mí

Quién exclama
en la noche tus ojos
y las flores que no existen
con una nueva prosa
clavàndome fríamente en el corazón estacas talladas de letras,
el soplo de la poesía, la ansiedad
en mis manos, el amanecer.

Los pájaros – de mi mente- al escuchar tal sirena saltan al vacío batiendo sus indecisas alas desiertas de oscuridad, nada
es tan exacto como ese compás
amontonado, a través de él vuelo y mis fantasmas al caer vociferan como versos distantes,
los escucho,
en el cielo su eco ocupa mi vida
y no me arrepiento, cómo arrepentirme de atravesar las ruinas de los muertos, y sus palabras que no se comprenden sin los acantilados interiores
o la demencia atada a la garganta
sin presunción de inocencia.

Sí,
hay algo abandonado de mí en mí,
apenas subyace, latente,
y me exclama en la noche tus ojos
y las flores que no existen
y rompe a pedazos mis pesadillas
aunque ya no duerma por la emoción de encontrarme frente a frente conmigo mismo.

Puedo quedarme así,
en este desvarío, mirando el encanto de la vida, asomado
a esta hora que me ofrece ilusión poniendo entre mis labios
algún beso, tan solitario y tan vasto
como el latido de una flor desamparada.

Puedo atreverme a comprender
a quien exclama
en la noche tus ojos
y las flores que no existen,
porque hay algo abandonado
de mí en mí que ya no reconoce
la derrota ni el adorno de la oscuridad: es la quietud de la paz
hurgando en mí, manoseando
la llama que prende mi alma
alzando la luz que mata el silencio que se dice sin motivo alguno,
y siento las horas nuevas
apoyarse en el deseo de seguir así
como si todo fuese el dulce
despertar de un sueño.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Les jours de notre mort

A prueba de fuego
sólo y contigo
podría hallar la felicidad
en el altar cuyo sacrificio
a través del corazón me lleva
a tantos estragos.

Estar a la altura
de tu mano que me acoge
alcanza la ironía;
me aprieta el miedo;
sostiene el arrebato
y es muy cierto que el dolor
me arranca una plegaria.

Podía haberme salvado;
sabiéndote o sin saberte,
cuando mis propias heridas
se hicieron nuestras por los días
manchados de sangre,
y con más evidencia hubiese
gritado enfurecido contra todo,
incluso contra ti,
si de toda mi existencia sólo rescatases al espectro de la apariencia anidando en la belleza como una sombra al huir
que me elevase sin cuerda
a tu vientre de regreso
a los días de nuestra muerte.

Pero está bien así;
acorde a que siempre he vivido
suspendido de la vida más allá de la vida y de la muerte,
en esa otra soledad donde florece
un paisaje de claroscuros sin treguas y la mejor mirada ausente del ayer.

Y también es cierto, no lo olvido, que me olvidaste; a propósito,
hasta que tiré del hilo de la memoria. Confiésalo.
Porque no todo puede
ser yo y eterno.
Habrá una sucesión
en el trono después:
después de los días de nuestra muerte, y una larga batalla
enfrentando dos ejércitos
ante un espejo:
lo viejo y lo nuevo,
como un poemario roto
en un lugar tan breve
como el capricho de un Dios
que da la vida a quien en legítima defensa no la quiere,
para evitar morir y regresar a
les jours de notre mort.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Las Antesterias

Las desvencijadas sombras
de tus ojos
que como puñales
se clavan en mis retinas
han surgido de aquí y allá manchadas por la sangre del vino.

A veces la palidez del esplendor
llena una copa para un brindis
y ofrece con ello la noche oscura,
y frío;
un frío cadáver humanizado
cargado de cruces negras
a propósito de la gloria
de tu bello rostro.

Y entonces despierta la piedra
que duerme, y despierto yo
sin la frontera del sueño
atravesando el infinito que viene
cargado de vértigo.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Santa Compaña

Para caminar esta noche escojo
el manantial de lo humano
la dimensión de los muertos
la conciencia de la certidumbre
y el aliento de las cosas lívidas.
Hay, entre pasos,
un paisaje donde pienso en ti:
eres las horas de luz que enredan;
la carne del otro, y siento la nostalgia del otro en la orilla del miedo al miedo.
Naturalmente, aún quedan en mí instantes rondando donde no camino solo: hay un paréntesis que me acompaña calzàndose mis zapatos y se hace cargo del sacrificio.
Es la Santa Compaña que me reclama,
y tú no me dejas dormir,
porque no quieres estar a solas
con mi ausencia.

Gallego Rey. Derechos Reservados.