Las Antesterias

Las desvencijadas sombras
de tus ojos
que como puñales
se clavan en mis retinas
han surgido de aquí y allá manchadas por la sangre del vino.

A veces la palidez del esplendor
llena una copa para un brindis
y ofrece con ello la noche oscura,
y frío;
un frío cadáver humanizado
cargado de cruces negras
a propósito de la gloria
de tu bello rostro.

Y entonces despierta la piedra
que duerme, y despierto yo
sin la frontera del sueño
atravesando el infinito que viene
cargado de vértigo.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

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