Amanece tristeza

gallegorey

El gato de ojos dispares le discutía al frío su supremacía arremolinado sobre un viejo edredón de cama deslucido por el tiempo. Por las ventanas, la luz de un nuevo día pugnaba por dominar las sombras, mientras la voz átona de un locutor de radio recitaba con hastío el cupo de desgracias ordinarias. Un gallo viejo cantaba diana al ejército gallináceo en algún corral cercano, a la par que las campanas de la iglesia anunciaban que Dios no se había olvidado de sus errores hechos hombre. Desperezándose de la indiferencia de vivir, el perro guardián de la nada hizo un esfuerzo por levantar sus ojos hacia un cielo plomizo que amenazaba batalla de nubes negras. La chimenea de la casa, tosía el humo negro de un fuego raquítico, apenas suficiente para calentar la resignación de las cuatro paredes de piedra que hacían de hogar a la derrota de dos almas…

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