La teoría del caos

...al principio en mí
no había nada…”

Mientras mi ángel duerme
soporta el cielo con su presencia
una alevilla menuda que calma mi
herida imaginaria con un ungüento
imaginario entretanto la noche rima
con sus alas blancas y los impedidos
triunfan con impunidad en la ciudad
del caos y Lázaro se niega a caminar,
porque ni yo soy dios, ni la suerte
nunca estuvo echada, y menos aún
después de que la mariposa estática
se negase a aletear.

© Gallego Rey

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