Subyúgame

Sufro sin aceptar piedad tu rostro
clavado en mi desnudez, y en tus senos
mi impúdica embriaguez tatuada
por tu adoración enloquecido.
Hurgar sino en mi carne, en mi antorcha
afectada que brama, que enloquece, que aúlla…
Tu sexo es lo que me llama, para escanciar
en mi boca el néctar de su floración
y en sus Campos Elíseos inyectar
un torrente de fuego y todas las
envestidas de un amor sin medida.
¡Oh, y qué sencillo es perderse en tal gloria!
Empieza uno en el mirador de tu escote
a extraviarse y ya no se deja encontrar hasta
que tus labios surgen para marcar a fuego
en mis temblorosas carnes el distintivo de tu propiedad.
Júrame que siendo así, me dispondrás
todas las noches y todos los días para sufrirte,
con el martirio de mi boca hurgando
más allá de tu océano singular,
donde dejaremos que habiten todos nuestros
pecados carnales, sin escatimar lujuria alguna.

©Gallego Rey

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