La tumba. Cuento breve

Cavo. Me limito a cavar. Me duelen las manos, el cuerpo y la cabeza. La tierra está dura y no es fácil arrebatarle lo suyo. Sé que cuando lo crean conveniente, cuando quepa dentro de la tumba que estoy cavando, me pegarán un tiro y enterrarán en ella. Me gustaría poder cavar más lentamente, fumar un cigarrillo y contemplar el cielo cubierto de nubes, pero no me dejan desviarme del objetivo de cavar. Quizás debería negarme a seguir cavando, y al menos así obligarlos a manchar los trajes y las manos haciéndoles terminar el trabajo, pero siempre he sido un hombre inclinado a la cobardía. Ellos son tres y están bien armados. Yo estoy solo y ni siquiera sabría usar la pala de otro modo que para cavar. Quizás otro hombre, con más vigor y apego a la vida lo intentase y consiguiese al menos llevarse por delante a uno de ellos. No los conozco. Ellos a mí, tampoco. Supongo que la guerra consiste en estas cosas; que unos caven sus propias tumbas y otros se encarguen de que ninguna quede vacía. Yo no he matado a nadie, sin embargo. Yo solo he enseñado a leer y a escribir. La tumba, o sea, mi tumba, ya tiene forma de tumba. Quepo dentro. Me gustaría fumar un cigarrillo y mirar al cielo cubierto de nubes. Me gustaría decir unas últimas palabras. El lugar donde voy a morir no es feo del todo. Creo que ya no tiene sentido seguir cavando…

©2020 Gallego Rey

2 Comentarios

  1. El caso es que, con guerras y sin ellas (rara excepción), tengo la impresión de que la vida consiste en el trabajo de cavarse la tumba. Me ha gustado ese final reconociendo la belleza del lugar al lado de lo trágico de la muerte y esa última mirada. Genial.

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    1. Debo reconocer que estoy especialmente orgulloso del resultado de este relato. Me gusta la literatura breve y al grano, pero que trasmita ese algo que nos deja pensando cuando la leemos. Y no me gusta dotar a los personajes de rostro ni a las escenas de demasiada localización, prefiero que cada lector haga suyo el texto creando en su interior el dónde y quiénes. Al final, por mucho que el creador haya pensado en esto o aquello, es cada lector quien le da vida al texto. Y es sorprendente la variedad de interpretaciones que pueden surgir de un mismo texto.

      Gracias por opinar.

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