Caballos de Troya (VIII) Toda civilización es fruto de la guerra

(…) Nos hemos vuelto gilipollas de tanto tener. Estamos tan saciados de nosotros mismos que incluso los más jóvenes se muestran hartos de todo sin haber cumplido la mayoría de edad. Y esto solo podía terminar en degeneración. Y lo que degenera sucumbe ante su propia acción degenerativa.

Queríamos tener todos los derechos sin contrapartida. Queríamos ser más que los dioses. Queríamos la irreverencia y el nihilismo. Queríamos ser todos iguales. Queríamos el Edén y la manzana… Y lo hemos conseguido: hemos vuelto a ser la nada, que es la suma de todo lo anterior. Pero aún nos queda por vivir la fase final y más cruel, que es la de cosechar lo que hemos sembrado.

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