Historia de un libro

Siempre hay una primera vez para todo. Un tópico que se ajusta a esta historia. Hace tiempo que me habían ofrecido editar mis poemas, pero por unas razones u otras, lo había pospuesto sine die, más que por falta de motivación, por no terminar de ver el asunto realmente claro. Es cierto que mucha gente en mi lugar no hubiese dudado en aceptar alguna de las propuestas editoriales que a mí me fueron ofrecidas, empero, yo tengo mis peculiaridades y rarezas. Quizás demasiadas. Afortunadamente. Que me den un 10% sobre el precio de venta de cada ejemplar, sin tener que poner yo ni un céntimo suena goloso, sobre todo cuando sabes que el editor es una persona con larga trayectoria y un buen puñado de excelentes títulos editados. Aún así, y tal y como se mueve hoy en día el mundo literario, en lo referente a ventas, o eres un fenómeno con mucho entramado publicitario detrás, o ese 10% se queda en como mucho, unos cuantos cientos de ejemplares vendidos. Yo a eso lo llamo relleno de ego; presumir de que te publiquen, engordar la cuenta bancaria de otros. Y que conste que el trabajo de editor me parece muy importante, tanto que, a día de hoy, estoy metido de hoz y coz en ello. Pero como os contaba, y perdón si este post se hace extenso, a mí esa parafernalia de presunciones y egos nunca me ha llamado, así que mis versos siguieron descansando en el olvido; unos esbozados en este mismo blog, y otros en libretas que uso para moldearlos hasta convertirlos en algo que se pueda llamar poema. Y así fue pasando el tiempo hasta que creí llegada la hora de engendrarlos como todo buen lector manda. Y esta es la historia que os quiero contar. La de La Fragua del Viento.

©Gallego Rey

La Fragua del Viento. Poemario de Gallego Rey
©Gallego Rey

Lo cierto es que el poemario viene de muy lejos, ya que hace unos años había permitido que una asociación lo editase a modo de fascímil para una venta solidaria. Pero aquello fue algo hecho muy a la ligera, sin ningún rigor. Pero bueno, sirvió para lo que se pretendía y se vendieron en una cantidad que se cuenta en cuatro cifras. Yo no vi ni un céntimo, por cierto. Y hoy, después de un proceso lento, después de sopesar todas las posibilidades que tenía a mi alcance, incluyendo la explicada de editarlo mediante editor; la de auto publicar apoyándome en alguna de las excelentes “editoriales” que se ofrecen en el mercado o…y aquí viene la parte que más me gusta, editarlo yo partiendo de la base de hazlo tú mismo, elegí la más complicada. O sea, yo me lo guiso y yo me lo como. O casi. Sí, hacía tiempo, una par de años largos, que me rondaba una idea por la cabeza; la de crear una asociación sin ánimo de lucro que sirviese para editar a escritores primerizos sin que estos pusiesen de su parte más que su talento, a cambio de que sobre el precio de venta se recuperase la inversión y los beneficios fuesen para el autor. Esta idea me fue rondando hasta crear Literandia. Y la cosa pintaba muy bien, de hecho, llegamos a firmar con escritores incluso residentes en los EEUU. Pero por razones de salud, tuve que dejarlo todo durante un periodo de tiempo largo, donde lo que menos me preocupaba eran los libros, los míos o los de otros. A todo esto, y cuando ya estaba prácticamente restablecido, un año horrible en mi vida, con la pérdida de dos seres queridos a los que estuve cuidando hasta el último de sus alientos, imposibilitaron volver a arrancar el proyecto.Pero hoy puedo decir que es una realidad de la cual os mantendré cumplidamente informados en breve. La cosa es que como soy así, y tenía y tengo muy claro lo que  quiero, después de desechar trabajar con editoriales por unas u otras razones que merecen ser explicadas en otro post, me decidí por diseñar la cubierta de mi libro, solapas incluidas, maquetar el interior, que no sabréis lo que es hasta que se os ocurra poneros a ello, hacer todo el trámite para la obtención del ISBN y depósito legal y… lo más complicado; a ver cómo lo encuaderno. Mecachisenlamarsalada, ¿Y esto cómo lo hago yo ahora? Descartada la posibilidad de Amazon, por razones que explicaré en el post de las editoriales, y de trabajar con estas “editoriales” que lo único que tienen de editoriales es el nombre, porque al final son un servicio avanzado de imprenta con el añadido de unos servicios de maquetación y diseño de portada, que pagas tú pero cuyos derechos se quedan ellos, caí de la burra y me dije: ” a ver Carliños (cuando hablo conmigo mismo siempre me sale lo gallego que llevo dentro)”, ¿Cómo carajo lo hicieron para publicar sus obras tipos como D. Ramón María del Valle-Inclán, o el mismísimo Charles Dickens con su Cuento de Navidad? ¡Eureka! Ale, ya solo me hacía falta encontrar el lugar, la persona adecuada. Y a esa persona ya la conocía, y  su trabajo. Para mí es como una cirujano de los libros; un artesano que no solo les da forma desde el principio, sino que los restaura y devuelve a su gracia natural. He aquí una muestra de su trabajo y el enlace a su página web: www.lencinaquilezencuadernadores.com

 

 

 

 

 

Así que cumplimentando todos los requisitos para editar mi propio libro, a saber: 

1- Ganas

2- Ser lo suficientemente honesto para saber si lo que escribes merece gastar papel y tinta, ponerlo en un libro y cobrar por ello

3- Tener recursos económicos suficientes (tampoco es la ruina de nadie)

4- Tenerlo claro

5- Contar con la ayuda profesional adecuada para hacer lo que tú por ti mismo no puedes o no sabes. 

Me puse manos a la obra. Y así, a poquito, como dicen en mi querida argentina, fui componiendo un puzle a modo de ensayo y error, y el resultado no está nada mal, creo. Aunque tiene sus cosillas de primerizo, lo cual le confiere a esta primera tirada un carácter de libro único, aunque  ya estamos trabajando en la siguiente tirada donde lo puliremos ese pelín que le hace falta, pues de esta ya me quedan pocos ejemplares. Pero, lo importante es que como no quería probar con la obra de los demás, hice de mi capa un sayo, y puedo decir con orgullo que ya estamos listos, tanto Carlos Lencina, el maestro artesano de las encuadernaciones,  el pequeño grupo de Literandia y yo, para afrontar los próximos retos editoriales mediante la asociación, que pasan a corto plazo por editar en breve tres títulos más: una antología poética de poetas hispanoamericanos, y un poemario de una poeta de Barcelona de la cual os informaré llegado el momento. Así que esta es la historia de La Fragua del Viento. Si alguno quiere un ejemplar de esta primera tirada, la especial por ser la primera y por esas cosillas que la hacen única en todos los sentidos, debe saber que apenas quedan 25 ejemplares a la venta. En dos semanas habrá otra tirada con las pequeñas correcciones a esta. Los/as interesados/as podéis poneros en contacto privado conmigo en esta dirección de correo: gallegorey@cordillerasur.org. Además, esta misma semana os iré informando sobre el inminente inicio de las actividades de la asociación. A todos gracias por leerme.

La Fragua del Viento. ISBN : 978-84-697-9462-3

Depósito Legal: MU: 111-2018

 

 

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La sucesión de Fibonacci

 

 

Busco un pleito que desangre
de mi vientre la sombra estéril;
sombra sin luz,
árido silencio,
polvo,
tormento,
obstáculo a la creación…
En el interior de la oscuridad
mi boca respira por derecho propio,
pero muda, aguardando parir la luz
que transfigure el lamento en fe
y la confusión en idioma.
No pido tanto a cambio:
poder hablar de mí a ciegas,
redimido,
como un hombre nuevo
de quien no se conoce nada,
salvo su rostro de piedra,
y en él, esculpida, la sucesión de la vida:
0
1
1
2
3
5
8
13
21
34
55
89
144
.
.
.
.

©Gallego Rey

Imágenes tomadas de Internet. 

Libre albedrío

 

No es así como tú lo piensas,
esta urdimbre que nos sujeta al lienzo
no es solo un capricho del azar.
Estos mismos hilos, dispuestos
columpiándose frente al albur de
algún dios caprichoso, podrían tejer
un envés donde al subir nos rompería
contra el mundo la marea, dejando detrás
de nosotros un naufragio de olas carentes
de sal y espuma, y un anverso con dos cruces
descosidas del cuadro, agitando al viento
la blanca bandera de la rendición, mientras,
haciendo tiempo en la despensa del olvido,
nuestros cadáveres esperarían otra
oportunidad para ser retratados con los pies
enraizando en la tierra, como simples mortales,
sin la arbitrariedad de querer tener vida propia
más allá de la creación. Aunque quizás tengas
un poco de razón, y merezca la pena jugársela
a lo que salga.

©Gallego Rey

Apareamiento

Vientre de mujer,
primavera cargada de osadía,
¿Es cierto que todo es un juego
que se deshoja, descompone
y nunca es para siempre?
Yo creo en tu fruta prohibida,
obscena, impúdica,
y necesito aunque tú no me quieras,
naufragar barcos de papel
en tu lujuria, jugando
a descifrar el vuelo del colibrí
en tu fecunda osadía de atraerme
como el loco a la cordura.
Quiero ser tu inevitable pecado mortal,
alegre gozo, un azar a la orilla de todo,
y el más sublime de tus orgasmos,
hasta que me quede sin vendas
en los ojos, y te vea,
colmada y plena,
y herida de vida en tu vientre,
aunque no me quieras y juegues,
y este juego lo pierda yo,
y me diluya al amanecer sin más derrotas e interrogantes.

©Gallego Rey

Tango de Babel (Cancioncilla)

He aprendido a callar a través de tus besos
y como no puede ser, no serán las palabras…

Silencio,
mengua el eco de tu cintura
bailando en mis brazos
este tango de Babel,
recochineo puro.
Y entonces me agarras,
qué calentura;
de luto mis pasos de baile,
sin piedad tu boca en la mía,
cómo habría de hablarte, muchacha,
¡Qué derroche!
Y más aún que el silencio es tu voz que me calla,
tango de Babel
¡Qué locura! ¡Qué boca más pura!

©Gallego Rey