Óbito

Frente a mi espejo, todavía muriendo,
veo por los ojos incrustados dentro
de mi calavera el tiempo que para mí
aún corre y no se para, y me exige y me demanda.
Esos ojos, aún apagándose, lo observan todo
desde la quietud de una mirada que ya
no tiene dueño, dentro de una vida ambulante.
Y es fascinante lo bella que puede ser la cima
de mi naufragio, que en volandas, afuera de mí,
me ha conducido la borrasca de mi niñez,
cuyo camino era el eterno mañana.
Cómo me ha mordido el futuro
aquel comienzo prometedor, tan adulador
como la brisa que pasa de largo y solo
deja arrugas y los rescoldos de los pasos
caminados. Se fue primero la materia,
como cualquier luz vencida por la oscuridad, luego se fue el alma, y asumo esa verdad
última, y sus escombros.
Ahora, cualquier sitio será bueno para
descansar del apagado pulso de mi orfandad
que a paso llego, no sin antes despedirme
de las cenizas de donde vengo,
y del andamiaje desnudo de la vida,
a la que se le hace tarde viendo caer
sobre su horizonte el espejo vacío
donde ya no queda nada que reflejar.
Porque ahora miro, pero ya no ven mis ojos,
y el tiempo, ya ni corre ni para,
ni me exige ni me demanda.

©Gallego Rey 

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El último perro

Ha fallecido uno de los más grandes de la poesía. Hoy ha fallecido Nicanor Parra, al cual escribí a modo de homenaje un poema hace un año. Descansa en paz, maestro.

Gallego Rey

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LA
POESÍA
MORIRÁ
SI NO
SE LA
OFENDE

Hay
que poseerla
y humillarla en público

después se verá
lo que se hace.

* Nicanor Parra

EL ÚLTIMO PERRO

Yo antes era triste
como las hojas difuntas
de los cementerios
y ahora soy el último perro
y eyaculo sombras
sobre los árboles mugrientos
y como hambre
en el azul de un horizonte
que no existe.

Soy el último
de una amarga tierra
desposeída y elevada
por los efebos pícaros
del latín nuevo.

¡Y qué tristeza!
Qué triste es la tristeza
de este llanto seco
del último perro
pues triste me estoy yendo
como se van
las horas muertas
sin regresar jamás.

Con esta entrada quiero rendir un humilde homenaje al poeta chileno de 102 años de edad, Nicanor Parra, por su valiente aportación a la poesía, su visión rupturista con los modismos de su época, que hoy en día son los modismos imperantes…

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El hombre feliz.

Gallego Rey

A falta de un par de minutos para las doce campanadas el sofá y él conformaban una unidad tan incognoscible que no se sabía dónde empezaba uno, y dónde el otro. Hacía frío, a pesar de que en la chimenea un tronco solitario llameaba sin aportar consuelo a la gelidez de la noche. Su señora, nerviosa como en noche de bodas, traqueteaba en un plato una docena de uvas exageradamente grandes para la ocasión, observando desasosegadamente la pantalla tamaño plus de su nueva televisión recién estrenada, en espera de los cuartos, las campanadas, el atracón de las jugosas bayas y el posterior sentimiento de alegría de no se sabe muy bien por qué. Nuestro hombre, empero, ni se inmutaba. Hecho todo sofá y manta, descreído de alegrías inservibles, con lágrimas en los ojos por las risas que le provocaba el humorista que amenizaba la espera del gran evento, a él la…

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No es tu mirada lo que me impone (Terceto imperfecto)

No es tu mirada lo que me impone
pues sin tu mirada no viviría,
es tu amor lo que me descompone.

Porque te amo, quién lo diría
y te busco sin poder encontrarte
que de hallarte tras de ti correría.

Y si no te hallo habré de inventarte,
mi musa, para poder reconciliarme
con la perdida pasión por el arte.

Acógeme, que a tus brazos llego
como el hijo pródigo que retorna
a tu cubil a recomponer su ego
que por tu amor encuentre reforma.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

DESDE EL SILENCIO (delírium)

Desde el silencio
mis palabras guardasteis como
trazos volcánicos que saben
a boca muerta, a sangre, a rocas,
a tiempos subterráneos, al pedernal
hundiendo su filo en inmundos profetas
de humo en sus fauces que parlotean
agitando al mundo degradándolo a habladurías
de ratas leprosas y crispados corazones.
Santidad,
me atravesaron el alma tantos mendigos
en el jardín del Edén, con sus ramajes
y sus raíces anclados a la patria mía,
ensombreciendo las calles apagadas
por un porvenir aciago y muerte lenta que desde el silencio mi voz estalla en musicalidad como las trompetas de Jericó.
Ahora acudo a mi linaje, desbocado, furioso
agrietando la tierra con mis manos
para extirpar el veneno y la ponzoña
que una vez desde el silencio
la sombría traición de tus cadenas
me inoculó con su látigo de cólera.
Ahora, Santidad, devuélvame mis silencios
que no son palabras esas para guardarlas
en el olvido sucumbiendo a la desgracia
de no tener boca que expulse del paraíso
a la negra sombra del caos y la demencia.
Y que tiemblen las almas impuras.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Tan pronto supe

Gallego Rey

Tan pronto supe mi nombre
me identifiqué en el espejo
agazapado entre la tenue luz
y la oscuridad vacilante:
esperando
siniestro
arrogante.
Y supe que era yo
porque se me rompió el alma,
rota,
mil veces rota.
Y el espejo se recompuso
vomitando mi amnesia
todas mis cicatrices…
Y se quedó nuevo.

Ya no me quedan sitios donde esconderme.
Imagínate, el mundo se queda en calma.

©Gallego Rey.

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