Intercambio de parejas

aflordepiel2016

Hacía años que había dejado de fumar, pero este último polvo había que culminarlo con un cigarro a medias, en la cama, aún con la respiración entrecortada y el cuerpo temblando después de disfrutar de un orgasmo múltiple, tan inesperado como increíble . Cuando su marido le había planteado el intercambio de parejas con Lidia y Ángel para añadir picardía y frescura a sus vidas sexuales no lo veía claro, aunque Ángel estaba bien y se merecía un polvo. Pero salvadas las reticencias iniciales había aceptado por la insistencia de su marido, que parecía que se jugaba la vida en el envite.
Las primeras caladas la hicieron toser, pero el humo del cigarro le supo a gloria. Estaba pletórica. Del otro lado de la pared, en la habitación contigua, se oían más que gemidos. Conocía a la perfección una de las voces, la de su marido, que lo tenía que estar…

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Precognición

Donde el sigilo
se torna vagabundo
me despojé de la estética
buscando glosa a un epitafio,
pero no sólo yo rebuscaba
entre la mierda para hallar el paraíso,
también los incorruptibles
se palpaban entre sí
y las putas y los niños
y los santos; todos mezclados
y confundidos en la ribera
del óbito, aunque ya lo sabíamos
antes de empezar; que sólo sería
un momento, entre el antes
y el después.

Gallego Rey ©

Variaciones sobre el lienzo titulado “Detalle”, de Francisco Hernández

Detalle, de Francisco Hernández

Detalle, de Francisco Hernández

Como metralla alojada en los ojos
las esquirlas de la noche
son la raíz germinal de los sueños,
y no obstante,
en vano luchamos contra toda
evidencia que confirme su luz,
pues no hay ceguera más sensible
que la del miedo reflejado en su utopía
con la morfología de lo
[in]completamente sagrado enraizando
en el magma de la divinidad;
en el aliento de lo vulnerable;
en la antítesis del vacío…

Quizás en el detalle esté la respuesta
a tanta confusión,
y a que no sepamos mirar
en el ojo donde calma la tormenta
para vernos en nuestro interior
sin tanto miedo a la luz
de nuestra existencia.

Gallego Rey ©

Francisco Hernández, pintor melillense crecido en Vélez-Málaga autor de este precioso lienzo. ©

Variaciones de Diálogo en el Sur, de Francisco Hernández

Diálogo en el Sur Autor: Francisco Hernández ©

 

 

Una lengua se proyecta en el siroco
donde duerme el crepúsculo
en la molla, que murmulla,
y se querella contra el aturdimiento
del viril semental que apenas
balbucea en su turbación herido,
desquiciando la súplica de la hembra
que no halla respuesta,
ni partitura de ansias y sofocos
pues tan solo jadea su deseo frente
a la noche que duerme,
descabezada, vestida de verde turquesa,
al sur, donde la lengua se proyecta
en el siroco y duerme el crepúsculo,
aturullado, esperando despertar en otoño

Gallego Rey ©

Cuadro titulado Diálogo en el Sur, del pintor melillense aunque criado en Vélez-Málaga, Francisco Hernández.

No hay. (Monólogo casual)

foto paisaje gallegoNo hay genios de verdad en lámparas vacías, ni molinos sin viento que muevan gigantes en la imaginación del cuerdo. No hay desolación en el adiós si no hay amor, ni tristeza sin la mirada perdida de quien ya no ve más que su tristeza. No hay música sin un silencio previo que conmueva, ni payaso sin ganas de llorar entre bambalinas. No hay certezas en los poemas, ni poetas sin poesía. No hay ataúdes sin muertos, ni muertos que no estuvieran vivos.

La vida es un eterno no hay, donde hay de todo, menos aquello que no hay. Y aún así es complicado lo sencillo, y fácil lo difícil.

Una vez alguien me dijo que vivir es tan sólo una cuestión de azar, o tal vez me lo dije yo, mientras hacía mis cálculos sobre cuánto le debo a esta ruleta de la suerte por acertar a pararse en mi número, de casualidad…

De casualidad no hay nada. No hay nada que el azar no haya previsto antes de jugar a titiritero en este inmenso teatro de la vida.

Gallego Rey. ©

Amanece tristeza

gallegorey

El gato de ojos dispares le discutía al frío su supremacía arremolinado sobre un viejo edredón de cama deslucido por el tiempo. Por las ventanas, la luz de un nuevo día pugnaba por dominar las sombras, mientras la voz átona de un locutor de radio recitaba con hastío el cupo de desgracias ordinarias. Un gallo viejo cantaba diana al ejército gallináceo en algún corral cercano, a la par que las campanas de la iglesia anunciaban que Dios no se había olvidado de sus errores hechos hombre. Desperezándose de la indiferencia de vivir, el perro guardián de la nada hizo un esfuerzo por levantar sus ojos hacia un cielo plomizo que amenazaba batalla de nubes negras. La chimenea de la casa, tosía el humo negro de un fuego raquítico, apenas suficiente para calentar la resignación de las cuatro paredes de piedra que hacían de hogar a la derrota de dos almas…

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